sábado, octubre 22, 2005

INTERMEZZO. EMISIONES NO-CT DE LA SEMANA

Como dicen en argentino, Echevarría, tú y yo hablamos, y lo demás es CT. Lo que aquí sigue, consecuentemente, es un intento de seguir hablando de lo demás, mientras tú y yo hablamos de lo que hablamos. Por cierto, me debes una nueva cena por no hablar a tiempo de lo que sea que hablamos. Tic-Tac. Bueno, el texto que interrumpe momentáneamente el echevarring tiene como propósito señalar varias emisiones de no-CT producidas en BCN, la –al parecer y hasta que nadie me demuestre lo contrario-, capital peninsular de lo no-CT. En el caso de que –ni idea- Lisboa no emita no-CT. En fin. Al tajo, que la faena se acumula. Les pido disculpas por cierto optimismo que se me cuela entre las palabras, pero es que ha sido una semana un tanto optimista para los chicos no-CT, que generalmente no nos comemos un kiki. Epistemológico.

-LAS LÓGICAS PARALELAS. Esta semana la lógica paralela de Maragall ha provocado una crisis gubernamental en Catalunya, una erosión bestia al proyecto de Estatut, y un tute king-size a la imagen seriada de ZP –o de lo ZP, lo no-CT en el actual Gobi central-. Los medios, por otra parte, han intensificado esos hechos. Y yo, que no soy votante sociata –no puedo; un día lo intenté, pero no lo conseguí-, pues también me lo intensifiqué hasta en la ducha. Posteriormente, o incluso, paralelamente, he ganado otra gama temática para describir el asunto. Maragall, como su nombre indica, mea fuera de tiesto. Pero también es posible que mee en un tiesto paralelo. Maragall, un pollo no sometido a la disciplina de su partido, que incluso hizo a su partido ir a las elecciones en coalición con Ciutadans pel Canvi –una asociación de izquierdistas independientes; es decir, que sentaban como el culo al PSC-, un Presi, por otra parte, de un gobierno de coalición, igual marca paquete, igual hace pókers extraños y sin precedentes –como su situación en su partido o en su gobierno, también sin precedentes hispanos-, para reubicar tensiones de poder. Para solucionar centros de equilibrios en su república presidencialista, inexistente, pero no tanto. Del Gobi Maragall ha salido el Estatut, un texto no-CT, un texto en una lógica extraña a la CT. Es normal que la lógica de Maragall también sea paralela. Por cierto, en breve me voy al fútbol con uno de los Consellers nominados por Maragall para salir de la Gene. La próxima semana les hago otro INTERMEZZO con lo que salga sobre esa posible lógica paralela.

-MÁS QUE UN CLUB. El Barça es lo que uno quiere que sea. Pero, en todo caso, no es un club de fútbol. Ese es el secreto. ¿Qué es? Es una mirada. Dos pollos del Barça se miran y comparten esa mirada. Que vete a saber lo que significa. Aquí el menda, verbigracia, ha compartido esa mirada con su papá, su hermano y alguna pájara. Y con todo lo contrario. Por ejemplo, Pujol o Piqué. El año pasado, en el estadio del Levante, cuando el Barça ganó la Liga, mi mirada, por ejemplo, se cruzó con la de Laporta. No tenemos especial contacto. Pero sin perder la compostura presidencial ni periodística, nos guiñamos, disrtamente, un ojo. Bueno. En tanto que mirada, la cosa tiene la imprecisión y la amplitud de todo lo que se queda en mirada y jamás pasa a palabras. Y mucho menos a texto. No obstante, en cierta región de la insatisfacción culé, es posible que viva un punto –un puntazo-, de lógica no-CT. El ejemplo de la semana ha sido la dimisión –es decir, la expulsión por la presión social, en ocasiones traducida a prensa y TV- de Alejandro Echevarría, miembro del patronato del Franco Endowment. Lo llamativo del asunto –como me señaló ayer mi hermano, un pollo que sólo observa lo llamativo de los asuntos; quizás por eso ahora está sin novia, ese asunto que siempre debe de ser llamativo-, es que se haya expulsado de una institución legal a alguien vinculado a otra institución legal, por pertenecer a esa institución legal. Subvencionada legalmente, por cierto, por el anterior gobierno, también legal y con una lectura de la Constitución que, un poco más, y es la única legalmente posible. Lo que invita a pensar que hay poéticas de la legalidad –poéticas no-CT-, que excluyen otras poéticas de la legalidad. La legalidad española, tal y como ha quedado después de la Transi, acoge en su seno trazos ideológicos, conductas, cosmovisiones, partidos y fundaciones legalmente constituidas, que no pasarían la ITV en Alemania o Austria. La expulsión, por aclamación, de un fascista de la estructura de un club de fútbol, no es importante. Es más, si se expulsara de las estructuras del fútbol peninsular a todoquisque con ramalazo facha, muchas presidencias de Primera y Segunda tendrían que asumirlas los Cascos Azules. Lo importante del caso de la cosa es que hay una sociedad en la Península con una idea de legalidad diferente a la legalidad estadística. Esa sociedad ha fabricado, además, un Estatut no-CT.

-MÁS QUE UN PARLAMENT. El Parlament de Catalunya durante las etapas geológicas Pujol fue una suerte de sede central del Círculo de Lectores. Todo el mundo sabía que existía, pero nadie tenía la necesidad de saber dónde, ni mucho menos de desplazarse. Con el Tripartit la cosa ha cambiado ciento y pico grados. Celsius. Esta semana, verbigracia, ha habido un pack de plenarios que han dejado a la afición con la boca abierta. El caso de la cosa era la lógica paralela de Maragall. El resultado fueron intervenciones cargadas de ideología, en las que muchas veces –en las intervenciones del Tripartit-, se vertebró idelogía, se habló de las izquierdas transformadoras y de sus paradojas. Con lo que se realizó una de mis fantasías: un parlamento hablando de paradojas. Es decir, de la vida.

-EL LÍMITE DE LAS COSAS. Ahora que me releo todo esto, deduzco que el lector debe deducir que en Catalunya, esta mañana a primera hora, se emite ideología. Mucha. Humm. Yo también lo deduzco. La ideología, el llegar a planteamientos a través de un periplo transparente, mediatizado por ideología, sobre todo si es izquierdista, no es CT. ¿Es normal, empero, tanta ideología? Supongo que no. En otras partes del blog he argumentado que la cultura catalana emite, básicamente, en CT. Miras la literatura catalana del día –tan intercambiable con la castellana que, zas, una pedorra catalana puede ganar un Planeta tranquilamente-, y no ves nada que te pueda orientar ante la ideologización rampante que se vive diariamente en BCN. Meditaciones: a) igual no se vive diariamente, igual sólo la vivimos los que nos va ese rollo. B) Igual es algo normal. Algo-normal: en España hay una derecha absolutamente ideologizada –es posible deducir que, además, en progresión; su discurso aún no ha tocado techo FAEScista-, por lo que es algo-normal que la izquierda también recuerde algo de sí misma. Otra opción –c- sería pensar que en la política catalana ocurre únicamente –es decir, precariamente- lo mismo que en Torre Vieja o en el Planeta: unos profesionales de una región de la CT –en este caso, la política-, ya no pueden más. Y rajan. But I like it. Por cierto, en un momento de un plenatio, el PP hizó aparecer el Planeta como metáfora CT y poara ilustrar la realidad. El COnseller en Cap argumentó que el Planeta no explica la realidad. Toma no-CT.

-LA OPCIÓN D. Igual hay otra opción. La D. Catalunya, sus élites y su parlamento emiten no-CT porque es posible. Es decir, porque apenas pueden hacer otra cosa. Por que no es un poder sensible de emitir CT propia. Y aquí recuerdo una comparativa que me facilitó Puigcercós entre el Congreso y el Parlament –el anterior; ignoro si las cosas continúan igual, a pesar de que el Parlament esté ahora, cada día, hasta el culo de periodistas-: “En el Parlament sólo tenías sensación de que pasaba algo cuando venía Pujol; aquello se llenaba de gente. En el Congreso, esa sensación es diaria”. Humm. Otra comparativa parecida que me transmitió Joan Herrera –ICV-: “En el Parlament no pasa nada. La gente escucha y deja hablar. En el Congreso todo es más intenso. El primer día que hablé, un diputado del PP me gritó: ¡Colgaoooo!”. Ya veremos.

viernes, octubre 21, 2005

LAS GRIETAS SON PARA EL QUE LAS TRABAJA

-EL ATACADOR DEL LECTOR. A) La fena con Efefarria y Fep fue muy fien, hips. B) Y no se engañen. Aquí no se explica nada del Planeta que nadie sepa. Porque c) esto no es un confidencial. De hecho es todo lo contrario. Es decir, un d) público. Que, por otra parte, e) intenta dibujar una cultura con serios problemas para ver un pepino e identificarlo como un pepino. Ustedes dicen que todo el mundo sabe lo que es el Planeta. Yo lo dudo. La CT impide verbalizar el Planeta, como impide verbalizarse a sí misma como una cultura de Estado, única en el mundo, que lo encorseta todo desde hace tres décadas. Y aquí inciso.

-HOLA. SOY UN INCISO. La cultura son unas gafas que no se ven. Si un guerrero cherokee, en algún momento de su biografía, afirmaba ser una mujer, todo el mundo, cuando lo miraba, veía una mujer. Gracias a las fabulosas gafas cherokees, se le pasaba a tratar como a una mujer. Nuestras gafas –gafas CT-, posibilitan que todo lo que se diga desde la CT, también sea cierto. La CT no tiene herramientas para negar los discursos verticales que se emiten desde la CT. Que el Planeta es lo que no es, que la cultura española asombra al mundo, que en el PP no hay ultraderecha fascista, que los GAL fueron una ONG, que había dos líneas de investigación, que situarse fuera de la CT –con una novela, una opinión, un artículo, un texto estatutario catalán- es patrimonio de mongos y maleantes, son algunos de los triunfos de la CT. La CT no sirve para leer la realidad. Sirve para creer en ella. Fin del inciso. Bueno, al tajo.

-RESPUESTA. LA GRIETA. Afirmas ver una grieta. Yo no la veo. Es más, el tema Planeta ha desaparecido rápidamente de la prensa. Duró el tiempo que estuvo rajando Marsé. No hay Marsé, no hay Caballero Bonald, no hay tema. La pregunta es, por tanto, qué tienen en común Marsé y Bonald. Respuesta: tienen una carrera hecha. Y prestigiosa. No pierden nada al verbalizar lo que todo el mundo ve –algo meritorio; en el cuento de Andersen sólo lo hace un niño; me imagino, por otra parte, que el tonto de clase-. La CT es muy estrecha. Un intelectual ingenuo –todos en la juventud rampante-, tarda muy poco en tocar los límites –ideológicos, temáticos, formales-, de la CT. Una parte notorio de nuestros intelectuales confunde esos límites con una meta. Una parte reducidísima los intelectualiza como límites. Y una parte aún más reducida se plantea permanecer en ellos o superarlos. Superarlos es un mal rollo. Profesional, económico, de imagen. Sólo superan el límite, por tanto, los niños de Andersen -que pasan a ser home-less de Andersen-. O las personas con un hecho profesional, económico y de imagen autónomo. En ese target es donde veo alguna fricción. Que no grieta. La fricción son declaraciones. Las grietas son, pongamos, artículos, actitudes beligerantes por escrito, en los medios y constantes. Te doy otro ejemplo del fenómeno. Cercas, posiblemente –tendríamos que tratar eso algún día- la Capilla Sixtina de la CT, después de su éxito, ha arremetido contra algunos conceptos CT en alguna entrevista. Hace unos años, no lo hubiera hecho. Es más, ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza la idea de que España es una patología cultural. Sobre la fricción, que no grieta: sólo llegan al límite de la CT –por lo que sólo lo ven, lo viven, deciden quedarse o deciden irse- los profesionales de la cultura. Sus emisores. Los receptores pueden, tranquilamente, pasar del tema. Es decir, optar por otra cultura. Por la literatura anglosajona, por productos de cultura de masas extranjeros. EL consumidor de vienes culturales nativo sólo ve los límites estrechos de la CT puntualmente. Por ejemplo, el 11-M, día –vamos, fueron 3 días-, en los que la cultura española no emitió, fracasó por completo. En toda la cultura española no hubo un solo niño de Andersen. Volverá a haber un 11-M –cultural, me refiero-, pues la CT ha permanecido intacta después de aquellos días en los que demostró al mundo –y lo que es peor, a su propia sociedad-, que sólo servía para publicitar. No para analizar. El análisis crítico, quedó claro, no es cultura española. Es más bien lo opuesto a la cultura española.

-PREGUNTA. LA CULTURA DE MASAS. Bueno. Hoy iba a coger el currículo de la ganadora del último Planeta, para intentar hacer un canon del intelectual CT y extrapolarlo a otros escritores CT que, por lo que sea –iba a intentar verbalizar también el concepto lo-que-sea-, en un primer instante no relacionas con la Janer. Pero lo haré mañana. Si quieres, y esta es mi cuestión, sáltate la casilla y respóndeme al punto al que pienso llegar. Punto al que pienso etc: la CT es, pese a todo, el acceso a la cultura de masas, esa tendencia internacional desde el 68, en España. En ese sentido, ¿en qué se diferencia la cultura de masas de la CT? ¿Quién es autor CT y quién es autor de masas? Te adelanto mi respuesta, que no mi argumentación. La Janer es CT como un camión.

miércoles, octubre 19, 2005

¿ES ESTO UNA GRIETA?

De acuerdo, Martínez, allá voy, tú lo has querido. ¿Consursitos a mí? ¿A mí concursitos, y a tales horas? Años llevo hincándole el diente a la cuestión. Y sí, me parece un buen hilo a estirar cuando, como aquí se habla de la CT. Un hilo largo, sin embargo, con el que podríamos pasarnos varias semanas haciendo ovillos, así que a ver si nos controlamos.

Para sacar al asunto de los premios literarios toda su miga, en especial si vamos a tratarlos como fenómeno CT, conviene que primero hagamos, como suele decirse, “un poco de historia”. Los premios literarios a libros inéditos, destinados a comercializarse después de obtenido el premio en cuestión, son, como ya todo el mundo empieza a saber, un fenómeno genuinamente español, importado desde la madre patria a algunos países de Hispanoamérica, pero desconocido en el resto del planeta. El primero de todos fue el Nadal, surgido en los años de hierro del franquismo, allá por los cuarenta, y constituido entonces en plataforma de resistencia y alternativa a la cultura oficial, por mucho que no renunciara a un cierto ánimo de lucro. En las décadas siguientes, la institución proliferó por doquier, presentándose siempre como una iniciativa particular destinada a paliar los efectos de la pertinaz sequía cultural provocada por la estrechez de miras de las autoridades franquistas y sus intransigencias. Y de esta forma llegamos a la Transición, en la que, con la legitimidad adquirida durante la dictadura, la institución de los premios literarios prolonga su existencia sin que a nadie se le ocurra cuestionar su razón de ser en democracia. Lejos de eso, los premios no sólo siguen proliferando, sino que asumen con tanta desfachatez como impunidad sus objetivos venales, que exhiben con desinhibición creciente, sin perder en ningún momento la complicidad de un estamento cultural que se lo pasa pipa entretanto, de cenorrio en cenorrio, quien más quien menos concurriendo unas veces en calidad de aspirante a galardón y otras en calidad de jurado.
Como metáfora de la CT, la institución de los premios funciona maravillosamente: una legitimidad sustentada por la resistencia —real o supuesta, por lo general más tácita que explícita— a la dictadura, permite que, ya en democracia, prospere un tejido de amiguismo y de chanchulleo que, al sagrado intocable de la cultura, corrompe y tergiversa la atmósfera moral del país. En el caso de los premios, como en el de la CT, el tinglado funciona gracias, por un lado, a la ya señalada complicidad del estamento cultural (que, brindándose como jurado, es decir, como tapadera, contribuye a camuflar con su prestigio lo que en puridad no es otra cosa que una operación de márketing), y por otro lado, la prensa (que consiente, al parecer gratuitamente, en dar entidad de acontecimiento cultural a lo que, por virtud de eso mismo, se convierte en una muy rentable operación publicitaria).
Expuestas así las cosas, los últimos acontecimientos vienen a “dibujar un escenario” (lo siento, pero hace días que me moría de ganas de emplear esta expresión) lleno de interés. Porque hay indicios para pensar que la cosa, al menos por lo que a los premios toca (pero quizás también, y por ende, por lo que toca a la CT), está agrietándose.
Dos escritores cuya calidad ética y estética está fuera de dudas, arrastrados, como todos, por el espíritu de juerga y de camaradería, también, por qué no, por la tentación de cultivar buenos contactos y ganarse fácilmente unas perras, descubren de pronto —¿por qué?— que están haciendo el payaso. Descubren algo más importante: descubren que no basta con darse de baja en la payasada, descubren que ha llegado el momento de hacerlo en voz alta, rompiendo las reglas del juego. En una intervención anterior aludí, en relación a mi propio “caso”, a la necesidad de recuperar la delación como ejercicio moral. Decías tú, Martínez, que la CT lo es todo, que ella sola acapara todos los nombres. Será entonces que la única forma de hacer crítica en la CT es mediante la delación. Dado que el mal se ha extendido tanto, la única forma de combatirlo no llegará desde fuera sino desde dentro, a través de quienes de pronto, y por las razones que sea, deciden romper el paso. La conducta de Caballero Bonald en el Torre Vieja y de Marsé en el Planeta indican que eso podría empezar a ocurrir de un modo generalizado.
Atentos todos a la reacción de la prensa. En el primer caso miró al otro lado y disimuló lo ocurrido. En el segundo caso, se ha apuntado al carro y ha ofrecido una amplia cobertura al escándalo. Cabe hacer interpretaciones taimadas de esto último, pero cabe también reconocer en ello, como pretendo, un indicio de que las cosas han llegado a un extremo tal que se empiezan a dar las circunstancias para que, con sólo un empujoncito, dar al traste con muchas cosas.
A ¡España! le falta un soplito de nada para irse al carajo. A la CT, quizá menos que nada: cuatro tipos —apartte de tú y yo— con ganas de jaleo que se pongan a decir que el rey está desnudo.
En cualquier caso, conste que yo estoy en pelotas. Pero no me quejo, ¿cómo iba a hacerlo?
Gran titular de la jornada:
“¡MARTÍNEZ NOS INVITA ESTA NOCHE A CENAR AL PEP Y A MI!”
A la salida, yo invito a una ronda.
A todos. Para celebrarlo.

martes, octubre 18, 2005

PLANETA IMAGINARIO

Echevarría, en tu última entrega –antimaragallista, es decir, orientada a dar explicaciones a tus votantes-, te saltaste una casilla, por lo que me debes una respuesta a mi anterior texto y, ya puestos, al que ahora te endoso. Me debes, en fin y también, otra cosa que, como sabemos que te va a doler, prefiero que te lo diga tu primera novia: “Echevarría, le debes una cena a Martínez. Y a mí todas las pensiones acumuladas desde cuando Boney-M”. Bueno, ahí va mi entrega de hoy, que va y alude a lo del Planeta. No se vayan, amiguitos.

-EL PLANETA COMO VERTEBRADOR DE LA COSA. El Planeta es un premio determinante por aquí abajo. Cosas determinadas por el Planeta: a) inventó un lector donde no lo había –en España, vamos-, b) inventó un acceso internacional al best seller donde no lo había –Gironella, el señor / patrón de recursos literarios instalado por aquí abajo, como señalas, nace en el Planeta-, c) inventó, o selló, la primera renovación literaria en los 70’s -Planeta y sus premios a MVM o Marsé posibilitaron la incorporación de un público ganso a MVM y Marsé; en ese sentido, aquí va la frase de MVM evaluando su Planeta: “si no hubiera ganado el Planeta, me hubiera tenido que ir a Brasil”, esa tierra de oportunidades-. Otra contribución del Planeta ha sido la CT, una forma de fabricar y emitir literatura, de la que el Premio ha sido experimentador puntero.

-PLANETA Y CT. Factores, y en ocasiones, contribuciones del Planeta a la CT. Humm. Vamos allá. El Planeta sabe tratar al periodista hispano, ese pollo que cuando yo era peque iba vestido de vendedor de güisqui en el far-west. Ahora va vestido de fallera fina. El periodista es, en fin -cito de memoria una buena definición aparecida en una biografía de Espada sobre Samaranch-, “alguién fácil de corromper, pues está acostumbrado al nivel de vida de sus entrevistados, y puede creer que es el suyo”. Y aquí es preciso señalar que la corrupción periodística no es, pongamos, Urdaci –aquello era ya una de las bellas artes-, es algo tan sencillo y cotidiano como mirar para otro lado, saltarse una línea, no ser problemático. O, incluso, ser bien educado y agradecido. El periodista, en ese sentido, es tratado como un pachá por Planeta. Al medio día, comilona y regalo –generalmente un regalo electrónico chachi-. En lo que es una metáfora, sorprende ver a gente tan bien vestida luchando por su regalo en la cola de los regalos. Los periodistas invitados –a comilona, cenorrio, regalazo y hotelazo-, vienen de toda España. EL acierto es no sólo confiar en los grandes diarios, sino en todos los pequeños, de provincias, que sacarán artículo al otro día. Un artículo, por otra parte agradecido. Lara padre –me caía bien aquel legionario; era como, salvando las muchas distancias, Gil o Lucky Luciano, no engañaba a nadie-, en lo que era un derroche de genialidad, aprovechaba el día del premio para, por el mismo precio –alto-, menospreciar a la prensa –iniciaba la rueda de prensa al grito de “y ahora hablen ustedes, que siempre están más callados que una puta en semana santa”-. En todo caso, la cosa funciona. Cuando, hace unos años, empezaron las críticas en petit comité a la cosa, el Planeta premió a periodistas. Con lo que –por corporativismo, por orden de la empresa del periodista planetizado, por corte, por buenos sentimientos o por malos sentimientos-, las críticas incipientes desaparecieron de la prensa. Otro aspecto CT es el público. AL Planeta asisten chorrocientos invitados –difíciles de ubicar en la sociedad; para mi que los sacan de una granja que tiene Planeta-, y en lo que es un fenómeno único en el Primer Mundo, representantes del Estado, subdivisión Generalitat –frase histórica de Lara padre que ilustra el poderío de una empresa que aún garantiza que BCN aún sea la capital mundial del castellano: “que no se me ponga tonto Pujol con el catalán, que le llamo y le digo que me llevo Planeta a Madrid”-, subdivisión Estado –siempre cae algún ministro, como poco; algo normal en la CT, lectura de la cultura de Estado; o al menos no–anti-Estado-, y subdivisión casa real –nota: el seguimiento informativo más punki del premio de este año lo vi, en lo que es una metáfora, en el Aquí hay tomate; tras entregar el premio, nadie aplaudió hasta que una de las dos infantas disponibles en el mercado empezó a aplaudir-. La aportación más importante del Planeta a la CT es, si exceptuamos la invención de un lector que no lee, la invención de la literatura y del autor virtual. Coger un pollo mediático, hacerlo más mediático tras el Premio, endosarle una novela prescindible -¿cual fue el último planeta de cierta calidad? ¿En los 70’s?- y vender chorrocientos ejemplares. Desde el Planeta a Gala y a Dragó, ocasión en la que –creo recordar, corrígeme-, por primera vez no hubieron críticas de circunstancias, sino abiertamente negativas –la tuya abrió la veda, supongo-, el Planeta ha descubierto que puede vivir sin crítica. Como toda la literatura CT/staff. También ha descubierto que puede vivir sin jurado. Volviendo a lo de la ausencia de crítica, corrígeme, pero mi sensación es que la crítica –positiva- sólo es necesaria cuando se intenta vender una novela a otra lengua.

-UN PREMIO QUE FUNCIONA SIN CRÍTICA. NI JURADO. Metáfora sobre el jurado del Planeta. Una amigote periodista se coló por error en la sala de deliberaciones en los tiempos de Lara padre. Los encontró viendo un partido del Espanyol. EL equipo de Lara padre y de 4 gatos más. El jurado este año estaba compuesto por Alberto Blecua –filólogo, un crack del siglo de oro, hijo de su padre, a su vez, hijo de su tiempo, la cultura republicana, por la que fue represaliado; Blecua fue mi profe; siempre que me lo encuentro, como a todos sus alumnos, me da dos besos; siempre que he necesitado algo, le he llamado y él me ha brindado su magisterio-, Pere Gimferrer –otro crack y uno de los pocos autores que sobrevivirán a la CT; sus poemas me volvieron majara en la adolescencia, sus Dietaris son fundamentales, su L’agent probocador es una obra absolutamente original en la cultura española-, Carmen Posadas, Antonio Prieto, Carlos Pujol, Rosa Regàs –autores planetizados o con relación comercial con Planeta- y Manuel Lombardero –el portavoz, supongo que el último eslabón de la cadena de mando-. Y Marsé –un crack al que, como lector, le debo una copa-. ¿Por qué algunos cracks se prestan a todo este juego? Pues por libre albedrío, por pasta, por promoción social, porque si no lo hicieran ellos lo harían otros. Ni idea. En todo caso, hasta ahora, no era un oficio sometido a sospecha. En el gran público, quiero decir. Te puedo decir que, cuando tras la concesión del premio, hablabas con alguno de los jurados que he calificado como cracks, todos miraban al vacío e intentaban salir rápido de la conversación. Salvo Gimferrer que, por lo que sea, parece tener una poética clara de lo que es su obra y de lo que es la cultura española. Este año, Marsé ha rajado. No mucho. En una cena o, incluso, en la cena del Planeta, se raja más. Pero ha rajado. Lo cual es meritorio. De entre todos los factores CT presentes en Planeta –la prensa, el Estado, el público, los lectores-, el único que ha traicionado la convención del Planeta –concurso del que se sabe el ganador mucho antes; mi record es el de Carmen Posadas, conocido con un año de anterioridad-, ha sido un profesional muy implicado en la estructura del premio. Una paradoja que me recuerda a Torre Vieja. Y, extrapolando, a la política catalana, ese biotopo en el que los políticos –lo más implicados en la estructura- son los menos CT del cotarro. Algo está pasando en la CT, en fin. Como sucede con los políticos no-CT, la prensa no ha hecho mucho pitote con el caso de la cosa. Lo ha descrito brevemente. Y ha seguido dando al planeta en tratamiento CT / convencional de cada año. EN otra cultura, la cosa hubiera acabado en sangre. En Francia, por ejemplo, hubo una crisis gubernamental porque las trufas negras se habían adulterado con champiñones. Imagínate si en el GOncourt, ese premio con otra coreografía, otros valores, otra poética de la cultura, se hubiera detectado champiñón donde debería haber trufa.

Mañana, si viene a cuento, te hablaré del carácter CT de los premiados. A ver si los extrapolamos por un tubo. No te duermas. Tic-tac.

lunes, octubre 17, 2005

REPLICAS

El profesor Echevarría ha aprovechado este fin de semana para hacer una sesión de tutoría y poner algunos puntos sobre las íes, no vaya a ser que la clase se desmande y al final no haya manera de hacerse oír.

A Bent Rotter: al hablar de la CT, y para explicarla, conviene, en efecto, tener muy en consideración la precariedad del tejido cultural español. Buena parte de la cultura de la simpatía, del buen rollo, del todos amigos que atribuye Martínez a la CT es consecuencia inevitable de la fragilidad de un tinglado cuyos integrantes tiene conciencia de que no resiste un soplo, mucho menos un puñetazo a la mesa. Que aquí no se mueva nadie, parecen decir todos, no vaya a ser que la cosa se nos quede en nada. Y que no se note que no llevamos calzoncillos.
Con esto cabría enlazar la vieja idea de que en España, lo mismo que en tantos países de Latinoamérica, la posmodernidad advino sin pasar por la casilla de la modernidad. Podría tratar de explicarse la CT desde este punto de vista.
En el campo más estrictamente literario, la precariedad se deja notar en el hecho sólo a primera vista chocante de que la industria editorial sólo reconozca dos modelos de lector: el lector al que no le gusta leer, y el lector al que, sobre todo, lo que le gusta es que le guste leer. Quizá haya ocasión de volver sobre esto.

A Anonymous B: No habría de extrañarle que “por aquí, todos los encuentros y todos los encontronazos sucedan en El País”. Se está hablando de la CT, y El País es el boletín de la cosa: no hay manera de hablar de lo uno sin lo otro.

A Bloguero: Una de las formas de combatir la CT es levantar el inventario de sus daños, y eso es algo que conviene hacer con hechos concretos y cifras reales. Con nombre propios o, dado el caso, expropiados. Vale que los acusicas están mal considerados; pero recuérdese que el oficio de intelectual lo fundó un señor que se llamaba Zola cuando publicó un artículo que se titulaba “J’Accuse”.

A Anonymous A: Creo que en definitiva nos entendemos los dos. Por lo demás, el malentendido y la atribución indebida constituyen la salsa de toda polémica, así que mal va quien se dé por ofendido en todo esto. Ya he dejado claro el juicio que como escritor me merece Millás, un tipo, por lo demás, de lo más ocurrente y simpático. Añado ahora que ya está bien de poner la literatura a un lado y todo lo demás en el otro. ¿Cómo se hace para que a uno le guste un escritor modélico de la CT si se abomina de ésta?

A Anonymous C: Su lista de 30 + 30 nombres es una demostración de la necesidad y también de los riesgos de dar nombres. No-ser CT no implica necesariamente ser no-CT, a ver si queda claro. Estoy de acuerdo con Anonymous D cuando le objeta que muchos de los nombres que usted da “no existen como emisores culturales diferenciados de la CT”. Sospecho, incluso, que bastantes de ellos son aspirantes a CT, todavía en la sala de espera (me tienta señalar algunos, pero me faltan pruebas). Dudo mucho que ni ellos ni usted puedan decir tan alegremente que no tienen “ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER” con la CT, menos aún así, con mayúsculas. De esa doble lista, en la que hay bastantes nombres que no conozco (por cierto: mi madre es no-CT, y no la veo mencionada), por sólo unos pocos apostaría más de diez euros a que representan o pueden llegar a representar algo frente a la CT. Doy los nombres: Julián Rodríguez, Flavià Company, Ángela Molina, Germán Sierra, Isaac Rosa y Manuel Borja-Villel. Que los demás disculpen mi ignorancia, o mi escepticismo, o mi desconfianza. No pertenecer a la CT no está mal, pero aquí se trata de algo más.

A Ohmmm: mmmmmmmmmmmmm...

A Juan Carlos: me encantaría compartir su optimismo.

A Martínez: esto ha sido un paréntesis, y no sienta precedente. Quería meterlo en la sección de comentarios, pero me he liado. Luego sigo con lo tuyo.

viernes, octubre 14, 2005

CB

-CAPTATIO BENEVOLENTIA. A) Saludos desde el Empordà, donde estoy aislado por lo de las riadas. Meditación over riadas: en New Orleans los negros no se desplazaron de sus casas. En el Empordà ha sucedido lo mismo con los eslavos y los moros. Los desplazados son las personas más reacias a desplazarse. Lo que invita a suponer que su último desplazamiento –a New Olrleans o a New Empordà- fue debido a una violencia mayor que una riada descomunal.

-NOMBRES. “La primera forma de la crítica (es) nombrar, enumerar, inventariar”. Utiliza pues, el punto de vista de la crítica Yo utilizaré el mío. Que es el que he venido utilizando en estas páginas. Y que no es el de un crítico –un crítico, no debe jamás hacer lo que yo hago: escribir otros géneros-. No creo que tengamos encontronazos. Utilizaré nombres, como hasta ahora. Es decir, con mucho cuidadín de que estas páginas no sean un confidencial, sino la experimentación de una lógica a tomar por XXXX de la CT. Por otra parte, pollo, ya es hora que demostremos el movimiento andando, y que esto que ambos escribimos crezca más a lo alto que a lo ancho.

-GRUPOS. Si te parece, empezaré satisfaciendo tu/mi “necesidad de constituir (…) bloques de opinión diferenciados”. Algo difícil en una CT que yo describo, a ojímetro, carente de grupos. Salvo los formados por amistad o por empresas. Es decir, grupos que instrumentalizan la cultura. Si te parece, empezaré aludiendo a los grandes subgrupos que observo –y así lo he descrito en el blog- en la CT. Se trata de una separación entre la CT canónica y lo que he dado en llamar Cultura Brunete. La CB no la he diferenciado mucho de la CT. SI la CT es vino o gripe, la CB es retzina o gripe del pollo. CB es una cultura orientada a la cohesión social, que hace del patriotismo español y del antinacionalismo periférico la castaña. Tal que la CT canónica ha transformado la democracia en ideología, y ha hecho de la Consti la Torah, de una forma más rigurosa todavía que la CT tipo. La CB es la CT, esa creación de la izquierda, leída por la ultraderecha española. La CT y la CB tienen staff diferentes, si bien el de la CB es más bajito y con bigote. SU tribu de lectores es, al vez, más de subgénero que la CT tipo. Los pollos CT y CB no polemizan entre ellos –algo muy CT; Dragó, tal vez el primer formulador de la CB, invitaba pollos CB/CT a su programa, verbigracia-, sino a través de sus grupos empresariales y en contra de los medios de comunicación del enemigo. En tanto que CT, ambos accesos a la CT son verticales y obedientes ante el Estado y los partidos –mucho más cuando el Estado y su partido favorito coinciden en el espacio/tiempo-. La diferencia es que la CB es mucho más beligerante. Es posible que, ante la ausencia de herramientas culturales por parte de la CT, algún día la CB sea la pera. Es decir, disponga de un staff no cuestionado por la sociedad. Y decisivo en la creación de opinión –ahora sólo lo es entre los acólitos de la ultraderecha-, a través de mensajes más ágiles y rápidos. El hecho de que la CT y la CB compartan una misma teoría de la cultura, y que eso suponga un beneficio para la CB, se puede ver en el pasado premio Torre Vieja, esa metáfora.

-TORRE VIEJA COMO METÁFORA. Torre Vieja. Consistorio cutre del PP, muy CT. Tanto que, adoptando esa idea de la cultura como algo chachi en cualquiera de sus accesos, organiza tres grandes eventos culturales CT. A saber: el Festival de la Habanera polifónica, el Concurso de Escultura en Sal y el premio Torre Vieja de Novela. Que, a su vez, es una metáfora de los concursos. El ayuntamiento paga 60 millones de las antiguas –y modernas; yo, snif, cuanto en pesetas- al ganador de la cosa. La editorial de la cosa –Random House, Plaza & Janés, o como se llame-, no se gasta un duro. El premio funciona como todos. Hay un jurado que cobra un pico para imprimir prestigio a la decisión de la editorial. En la apuesta de la editorial hay, cada año, una lectura del sign of the time, de lo que puede vender como polos. Este año el ganador ha sido Cesar Vidal, comunicador CB. Vidal es el conductor de La linterna, programa estrella de la COPE. EL otro día estuve 2 bravas horas 2 escuchando el programa ese en un coche que atravesaba la España invertebrada –vertebrada sólo, al parecer por la COPE, única emisora que se podía sintonizar-. Vidal, ecce pollo, presentaba, por lo visto un especial cultural del programa. Sinopsis: una señorita con voz de monja-alférez leía un titular, y Vidal iba y lo traducía a la ultraderecha, con comentarios que explicaban al mundo que el PSOE, a través de su política cultual, estaba disgregando España para ofrecérsela a Carod-Rovira, en forma de Archivo de Salamanca o de Museo de Arquitectura. Para ello se utilizaba la mentira absoluta, la demagogia y un ultranacionalismo más bien fascistoide, fundamentado en el mito histórico, la desinformación y el valor propagandístico de la cultura. Pero funcionaba. Es crispante. A la media hora de programa ya empecé a notar los primeros síntomas de epilepsia. Rayos, ahora que lo rememoro me viene otro teleleñpjklhpñjbklljhv.

-MIENTRAS, EN TORRE VIEJA. Bueno. Lo de Torre Vieja iba a ser un festival CT al uso. Cuando, de pronto, Caballero Bonald, el Presi, o como se llame, del jurado –otros figurantes: Julio Ollero, Zoe Valdés, Nuria Tey, el concejal de Cultura de Torrevieja, Eduardo Dolón, y David Trías-, utilizó una herramientas cultural no CT. Tenía que presentar al finalista –en lo que, supongo, fue una deferencia para él; es decir, que se le concedió no mamársela a Vidal-, decir que era chachi y pasar la palabra a Zoe Valdés, que tenía que mamársela al ganador. Posteriormente, ambos dos tenían que coger el cheque y salir pitando. Cosa que, en fin, de todas formas hicieron. La rareza consistió en que Caballero Bonald no pudo aguantarse y también aludió a la novela ganadora. Elogió, de pasada, sus aportaciones formales –vamos, que no contenía faltas ortográficas-, para luego cuestionar su validez en tanto “ideológicamente detestable” y “sospechosa de algo” –la novela, en fin, trataba de la Revolución Francesa, el fin del mundo para el fascismo español, desde coordenadas reaccionarias españolas-. "Me recuerda a libros que publicaban los herederos de Franco sobre la masonería, y queda al trasmano de mis gustos ideológicos", dijo el pollo, en lo que podría ser el trailer de su intervención. Vidal se quedó de pasta de boniato. En eso pilló palabra Valdés, escritora CT por el tercio americano -¿América copia la CT para poder ganar Planetas y Anagramas o ha llegado a un acceso CT por cuenta propia, Echevarría?-, que optó por el buen rollito, la valoración positiva de la novela y todo eso. Después tomó la palabra Vidal, que se puso CT –"Yo nunca he considerado una obra literaria por su carga ideológica, por eso no podría leer La Gitanilla de Cervantes, que es un libro evidentemente racista, si pensamos en la carga ideológica, yo no tengo esos prejuicios estéticos “- y, a ratos, CB -"Estoy pensando pedir a la editorial Plaza & Janes que ponga una faja en el libro que diga ideológicamente detestable: Caballero Bonald, para vender mucho mejor". Posteriormente, Bonald tomó la palabra y la cosa se fue a Cuba. En lo que es una metáfora de la CT –los temas beligerantes suceden en el extranjero; cuando lo del Caso Tú, sucedió lo mismo: la única polémica con intelectuales españoles se realizó en La Jiribilla-. Llegados a Cuba, Vidal estuvo en su salsa. Y Zoe Valdés, en salsa CT. En un momento dado, los periodistas presentes en la sala –es decir, a costes y portes pagados, con cenorrio, regalito, copones y by the face, y con posibilidad de rollete a la que te lo curres-, empezaron a practicar una conducta no-CT. Abuchear al ganador cuando hablaba. Al otro día, empero, los medios CT no informaron sobre el tema –algo normal; como ocurre con todos los premios, esos emblemas de la CT, el artículo en el que se comunica el nombre del ganador se escribe un día antes, para que pueda salir al día siguiente-, posteriormente, sólo los medios CB –he aquí una metáfora-, informaron sobre la polémica, con beligerancia y dándole carácter de enfrentamiento cultural.

-RESUMIENDO, QUE ES GERUNDIO. Vamos, un acto CT deja de serlo por pura vergüenza de un pollo –el que cobró más para no leerse la novela-, y de otros –los periodistas CT que vieron algo nunca visto, si bien, por lo que sea, por ellos mismos, por que informar de ello contradecía la CT, o por sus jefes, no informaron sobre el caso-. EL acto, y la información sobre el acto, que deberían haber repercutido en la descripción del funcionamiento de la CT –por ejemplo, de sus premios, en los que el jurado no pinta nada-, no fue cubierto por la CT. Y sí por la CB, que lo utilizó para crear cohesión frente a una idea de la cultura que, por lo visto, remite a Cuba. Vamos, que la CT, al no poderse describir, no puede describir a la CB. Salvo como usuaria de otras empresas CT. Dime, Ecehvarría, algo de esos dos grupos. Dime algo de su futuro. Dime algo que no sepa. Y fabrícame otro grupo, si es que hay tantos. Muach.

-EPILOGUE. Las dos cenas que te debo. Te lo explicaré en CT: ya te las he pagado. Recuerda. En CB: tu pretensión de que te pague dos cenas es insolidaria, oxigena a ETA y a Cuba y atenta contra la igualdad que consagra la Consti. Y en no-CT: te va a pagar las cenas Rita, la cantaora, pollo.

jueves, octubre 13, 2005

Y DALE

La dieta ampurdanesa te sienta bien, Martínez, se te nota cachas. Tu última intervención es apasionada y contundente. Vale. Pero mi madre me dice que nanay, que la cena del sábado te toca a ti. Y añade que ella también se apunta. Ya somos cuatro, pues, contando con el Pep, que está tardando demasiado tiempo en reaparecer.

Escurres muy bien el bulto de dar nombres. Pero el profesor Echevarría no se deja enredar por las astucias de Martínez y lo saca de nuevo a la pizarra para que los escriba. Dices que no tiene sentido citar nombres de la CT, porque son todos. Bueno, yo no pretendía, desde luego, reescribir el listín telefónico, pero insisto en la conveniencia de hablar de las cosas añadiéndoles nombres concretos. A las cosas y a quienes las hacen. Es un modo de confeccionar listas como otro cualquiera. Y un modo además muy útil, muy servicial y orientador. No pertenecer a la CT te proporciona este privilegio. No lo desperdicies. En cualquier caso, dices tú que “sería más interesante citar nombres no-CT”. Dices más: dices que, “llegados a un punto, en este diálogo deberíamos comunicarlos”, y me conminas a “ intelectualizar nombres y obras no-CT”. Acepto, y te prometo que no dejaré de hacerlo toda vez que tenga ocasión. Pero no me explico, entretanto, por qué no empiezas tu a aplicarte el cuento. Conoces a “dos escritores que no son CT”, ¿quiénes?. A “dos editores que no son CT”, ¿cuáles? A “un articulista”, sólo uno, que no es CT, ¿Morán, acaso? ¿O tú mismo? A “unos pocos periodistas que no cuestionan la CT –o no se hacen la picha un lío con ella-, pero que realizan, con un código deontológico cachas, un buen trabajo”. ¿Nos puedes dar algún ejemplo?
Nombres, Martínez, nombres, hay que joderse. El canon es una lista de nombres. El staff es una lista de nombres. Tu agenda es una lista de nombre (por cierto, déjame verla). Demos nombres, al derecho o al revés, en positivo o en negativo, pero nombres. Échale un vistazo a la Biblia, empezando por el Pentateuco, y ¿qué te encuentras? Nombres y más nombres. Hasta el culo de nombres. “Estos son los nombres de los que os ayudarán: por Rubén, Elisur, hijo de Sedeur; por Simeón, Selumiel, hijo de Surisadday; por Judá, Najsón, hijo de Suar; por Zabulón, Eliab, hijo de Jelón; por los hijos de José: por Efraím, Elisamá, hijo de Aminihud; por Manasés, Gamaliel, hijo de Pedahsur; por Benjamín, Abidán, hijo de Guideoní; por Dan, Ajéizer, hijo de Ammisadday; por Aser, Paguiel, hijo de Okrán; por Gad, Elayasaf, hijo de Reuel; por Neftalí, Ajirá, hijo de Enán: eran estos los afamados en la comunidad, principales de las tribus de sus antepasados, jefes de millar de Israel” (Números 1:5-16). Y sigue y sigue.
Por lo demás, no comparto tu pesimismo radical, que deja demasiado margen a la resignación y al conformismo. “La inexistencia de tu nombre en la CT es sinónimo de inexistencia en una cultura que produce productos muy parecidos y diferenciados únicamente por el nombre del emisor.” De acuerdo: pongámosle nombre a esa diferencia. “La existencia de tu nombre en la CT no es consecuencia del valor de una obra, sino de una conducta.” Describamos esa conducta, con nombres propios. No me importa pecar de optimista. No me importa que haya sólo dos grupos, la CT y yo (“Los españoles se dividen en dos grandes grupos”, afirmaba Valle-Inclán: “yo y todos los demás”). Fuera de que tú mismo, si bien empiezas por decir que esta mañana, a primera hora, “fuera de la CT sólo existen estas líneas”, terminas diciendo que eres capaz de “inventariar no más de 12 intelectuales no-CT”. Suficientes. Como los apóstoles.
Me interesa mucho lo que dices acerca de que “la ausencia de grupos y opiniones diferenciados frente a la CT” explica la ausencia de presión sobre el tapón que sobre este país forma la generación que gestionó la Transición. Estoy de acuerdo. Pero de ello derivo la necesidad de constituir esos grupos, esos bloques de opinión diferenciados, para lo cual es importante dar nombres, en todos los sentidos, nombres que actúen como esos banderines que llevan en la mochila los guerreros japoneses en las películas de Kurosawa, para distinguir los de uno y otro bando.
Nombres. Me vale, por ejemplo, el único que te animas a dar, el de Gregorio Morán. Me parece un buen ejemplo de intelectual no-CT que ha conseguido sobrevivir al ninguneo al que, según tú, aboca esta condición. Si Morán tiene una tribuna fija en un diario como La Vanguardia, si publica libros, si firma un contrato millonario para escribir una historia de la Transición, será porque, pese a todo, es posible actuar desde la no-CT. Y conste que a mí Morán me cae gordo, por razones personales. Tiene un pésimo gusto literario, pero esa no es la cuestión. Cuando yo publiqué mi reseña sobre la última novela de Bernardo Atxaga, origen de mi trifulca con El País, él se puso de la parte de Atxaga, y me identificó —me señaló, más bien— como un intelectual CT. Quizá tenía razón. En lo que no la tenía era en pensar que la novela de Atxaga era lo contrario. Ya luego, a la vista de lo ocurrido, no sé que Morán se haya pronunciado en ningún sentido. En cualquier caso, el hecho de dar nombres, entonces como ahora, contribuye a aclarar las posiciones y establecer las complicidades.
Nombres, entonces, Martínez, nombres, mal que te pese. No me seas zoquete.
Acudiendo a tu pregunta: puede que no tenga sentido, como tú mismo insinúas, criticar algo sin fisuras como la CT. Entretanto, yo propongo nombrarlo. Es la primera forma de la crítica: nombrar, enumerar, inventariar. A partir de ahí vamos estableciendo un orden y dejamos un campo a las comparaciones. De estas últimas derivarán las primeras fisuras. Y hecha una grieta en la muralla, todo es cuestión de insistir. El asunto del premio Torre Vieja, por ejemplo. ¿Cuántos años llevamos algunos desgarrándonos las vestiduras ante el cambalache indecente de los premios literarios? La inititución, sin embargo, permanece impertérrita. Hasta que de pronto, un nombre salta a la palestra, se lo señala con el dedo, se forma un escándalo. Detrás de todo gran hombre puede que haya siempre una mujer, pero antes que eso hay un nombre. Sobre el caso Torre Vieja tú nos ilustrarás (no me dirás que no te lo pongo a huevo: el sábado pediré postre). Entretanto, en Argentina un escritor que se llama Gustavo Nielsen ha conseguido, a fuerza de dar nombres propios, poner contra las cuerdas al premio Planeta de aquel país, y hacerse acreedor, para más inri, de una indemninación millonaria. Por algún lado se empieza. Desde algún lado. Bienvenidos los fantasmas.
El sábado pediré de postre dulce de leche.

miércoles, octubre 12, 2005

NOMBRES, INDEED

Empordà, donde a) te deseo un buen Yom Kipur –en lo que es una metáfora, el 12-O este año coincide con el Día del Perdón-, b) ingiero cocina empordanesa como para una boda, c) veo llover con la cara que se le pone a una vaca –empordanesa- cuando ve llover, y d) veo a mi bebé / tu ahijado desplazándose por el mundo corriendo, a toda leche. Los bebés son el triunfo de la voluntad. Van a todas partes corriendo. Parecen un personaje de Baroja en los glory days. By the way, en la mudanza me encontré con la primera edición de Susana, una novela discretísima de Baroja que, no obstante, me come el coco. El personaje principal es un Zalacaín que pasa de serlo. Carece de voluntad. Y de triunfo. Lo contrario a un bebé. Bueno, al tajo. Te respondo punto por punto a tus puntos, en la intención de pillar puntazo en algún tramo. Alehop:

-LAS CENAS. Echevarría, me pides dos cenorrios injustificados. Pero pide los que quieras. Debes saber, amigo mío, que hay una persona en este mundo que, con su pecho henchido de amor, te pagará todas las cenas que le solicites y muchas más. Esa persona no es otra que tu madre.

-SOBRE EL NOMBRE PROPIO EN LA CT. La CT, en efecto, sustituye ideas por nombres. Lo que puede ser indicativo de que la CT no gestiona ideas, sino nombres. Cuando la CT no cita tu nombre es como cuando antes de la CT te venía el motorista del Pardo. La inexistencia de tu nombre en la CT es sinónimo de inexistencia en una cultura que produce productos muy parecidos y diferenciados únicamente por el nombre del emisor. Lo cual puede orientar a que la existencia de tu nombre en la CT no es consecuencia del valor de una obra, sino de una conducta. Y tu ausencia, pues también. Tu nombre en la CT es, pues, un premio. La ausencia de él, un castigo. Tu cruzada por los nombres es, no obstante, optimista. Presupone que hay grupos. O que hay algo fuera de la CT. De hecho, la inclusión, de forma negativa, de nombres, existe en la CT. Por ejemplo, en los confidenciales que fluyen en la Red, te informan –con cierto acierto y fidelidad- de conductas impropias de un pollo o una gallina en una redacción. Para consumo de la CT. Es decir, sin que la CT ni el pollo/gallina pillado practicando el Cting, se vea salpicado por nada. Contra tu optimismo, te comunico que, fuera de la CT, esta mañana a primera hora, sólo existen estas líneas. Vamos, nada. La CT –una cultura nacida para crear cohesión- no mantiene diálogo ni polémica con enemigos. Los enemigos, por otra parte, son los de siempre en una cultura nacida para cohesionar, no para gestionar problemas. Es decir, enemigos externos y traidores, malvados que van en contra de los valores de cohesión de la CT –la unidad de España, la constitución, la no-beligerancia, el buen rollo, las empresas que participan de la CT. ¿Nombres? Te diré los nombres de la CT: todos. Y todo. No sólo una empresa. Tu, por ejemplo, puedes haber tenido problemas con una empresa, pero tu conducta –ser una amenaza exterior, ser un traidor, en este caso a una empresa- te ha alejado de cualquier otra empresa, que jamás querrá un pollo con tu perfil de pollo con un compromiso más alto que su empresa y que puede criticar abiertamente y en público una empresa. Tus problemas no son con una empresa o con el patrón cultural de una empresa. Es con España. Como el Lute. ¿Nombres? Te los diré al revés. Conozco dos escritores que no son CT. E intuyo otro. Conozco dos editores que no son CT. Conozco un –uno, sí- articulista que no es CT. Conozco unos pocos periodistas que no cuestionan la CT –o no se hacen la picha un lío con ella-, pero que realizan, con un código deontológico cachas, un buen trabajo. Y conozco en fin, decenas de periodistas y escritores CT. Recapitulando, puedo inventariar no más de 12 intelectuales no-CT. Vamos, que conozco más políticos no-CT que ciudadanos no-CT, lo cual es para ponerse a reír. ¿Nombres? El 11-M un Presi de Gobi puso a prueba la verticalidad de la CT con una llamada telefónica. Y la CT funcionó. A lo largo de toda la pirámide. Sin disensiones. Sin nombres en contra. Sin vergüenza. Sin medidas después del fracaso comunicativo. ¿Nombres? El Estatut –es lo que quieras, pero no es CT, insisto; lo no CT es amplísimo; es, como su nombre indica, lo que no es CT-, está siendo tratado desde la CT sin sorpresas –la pirámide lo trata como amenaza externa, como traición-. ¿Nombres? Sería más interesante citar nombres no-CT. Llegados a un punto, en este diálogo deberíamos comunicarlos –esta es de hecho, mi pregunta para ti; empieza a intelectualizar nombres y obras no-CT; nos partiremos el rabo-. La ausencia de grupos y opiniones diferenciados frente a la CT explica la ausencia de lo que tu denominas presión sobre el tapón. No hay presión sobre el tapón porque ser diferente al tapón te convierte en problemático, y eso en parado. Un joven con aspiraciones profesionales en el mundo de la cultura, no se incorpora a la cultura. Se incorpora a la CT. Donde está a prueba hasta que demuestre su ausencia de beligerancia. Y su ausencia de problemática. O, incluso, su adhesión. A la CT, o a la empresa –cualquiera, todas- que emite CT. Hace la tira, en una conversación con Gregorio Moran -¿único articulista no-CT por aquí abajo?-, hablando de mis incipientes problemas intelectuales con algo que aún no denominaba CT, le dije: “creí que con no mamarla era suficiente”. A lo que Morán, una amenaza externa, un traidor, me respondió: “¿ahora te enteras, zoquete?”.

-EL SENTIDO. ¿Nombres de la CT? Todos. ¿Nombres de la no-CT –algo tan inconcreto, tan amplio, tan líquido que vete a saber lo que es-? Pocos. Son francotiradores. Tontos del bote –para renunciar a la segunda residencia, en fin, se ha de ser tonto del bote-. Con este paisaje, la pregunta sería la siguiente: ¿qué sentido tiene criticar algo sin fisuras como la CT? Y la respuesta, la que aquí sigue: el sentido de ello es que la CT no funciona. No funcionó el 11-M. No funciona con el Estatut –es incapaz de discutirlo; sólo es capaz de convocar cohesión frente a él-. No funciona, a diario, 24 heures sur 24. Ejemplo metafórico: sólo tenemos información de los inmigrantes que quieren saltar la verja; cuando han saltado, cuando ya son España y problema español, no sabemos nada. Esa información no es CT, no es amable, no cohesiona ¿Nombres? Todos. Creo que lo que tenemos que hacer los francotiradores es denunciar y explicar la patología de la CT. O la CT como patología. Eso ya sería un polvo. De hecho, yo quería explicarte hoy la CT como patología a través de lo del premio Torre Vieja, pero se ha acabado el espacio. Mañana, déjame a huevo tu pregunta para que pueda ir al grano, porfa, colegí.

P.S.:
Sé un crítico bueno y contesta a los lectores, que para eso nos envían sus jamones puntualmente cada Yom Kipur.

P.S (II):
Gracias por los jabugos, chicos.

martes, octubre 11, 2005

NOMBRES, NOMBRES

El profesor Echevarría llega hoy con cara de muy malas pulgas y signos evidentes de haber dormido poco. Esto del blog le está consumiendo la poca salud que le resta. Pero silencio, que parece que va a hablar.
– Pase usted a la pizarra, Martínez. Y ahora cuéntele a toda la clase de dónde se saca usted que una mudanza es excusa para incumplir las ordenanzas que usted mismo ha dispuesto. ¿No dice nada? Pues entonces retírese, y sepa que ya me debe dos cenas.

Por cierto, Martínez, creo recordar que, entre las ordenanzas que tú mismo dispusiste, se contaba la de dar nombres. Me parece importante recordártelo, y me mueve a una reflexión que viene al pelo para el tema que nos ocupa, eso de la CT. Pues ocurre que si se trata no sólo de describirla, sino además, y ya puestos, de ver cómo combatirla, es cosa de plantearse si cabe hacerlo con sus propias armas, y ver cómo se utilizan.

Por un lado está el staff al que tú te has venido refiriendo como sustituto del canon y que, al igual que éste, pero más, constituye una lista de nombres. A la sombra del staff, y de la aspiración generalizada a pertenecer a él, ha prosperado en las dos últimas décadas ese extraño —y miserable— subgénero periodístico que consiste en engastar las propias columnas con nombres en negrita, lo cual permite identificar enseguida de quién se está hablando sin necesidad de saber de qué se está hablando (algo que a menudo no sabe ni el periodista mismo). Desde Umbral, el fundador del subgénero en cuestión, a Elvira Lindo, la cita casi indiscriminada de nombres, cuantos más mejor, casi siempre en clave de cumplido y coqueteo, ha infestado el columnismo español, sección Compadreo y Simpatía.
Ahora bien –puntualiza el profesor Echevarría frunciendo el ceño—, al tiempo que se imponía este uso, la CT ha impuesto también el uso contrario —y complementario—, que consiste en explayarse muy amarga o airadamente sobre cualquier materia, cultural o política, sin dar nombres nunca, todo lo más recurriendo a pequeñas pistas en clave para los enterados, de tal modo que nadie se suele dar por aludido. Juan Goytisolo y Javier Marías, cada uno a su manera, son maestros insuperables en este arte de denunciar cualquier cosa consiguiendo que hasta los propios interpelados aplaudan su imprecación y su queja diciéndose a sí mismos y a quienes los rodean: Qué razón tiene este hombre, ya era hora que alguien dijera algo así.
Y luego está, cómo no, ese uso tan propio de la cultura de staff consistente en no mencionar nunca el nombre de los enemigos: silenciarlo, borrarlo de la memoria, un poco a la manera de ‘1984’, o de nuestro abuelito Stalin. Sólo existe lo que yo determina que exista. Y se acabó.

Va siendo hora, pues, de esforzarse por nombrar, no sólo a los amigotes. Nombrar, sobre todo, a los no amigotes, y arriesgarse, toda vez que se habla de algo, a ilustrarlo con nombres propios. Martínez, por ejemplo. Haga el favor de subir a la pizarra. Y ahora diga a toda la clase por qué, cuando nos cuenta su anécdota relativa al silenciamiento de su libro Franquismo Pop, por qué, digo, silencia usted, a su vez, el detalles de esos “medios en los que no salieron reseñas”, acerca de los cuales le consta que “tenían jefe de sección de 50 tacos, cabreados por el concepto tapón generacional”. Dice usted que “uno de los pollos que se negó a que apareciera una reseña en su medio, se hizo famoso por rechazarla –es decir, taponarla- al grito de ‘no soy un tapón’”. ¿Por qué no nos dice el nombre de ese pollo (o de esa gallina) y de paso el del medio al que pertenecía? Cuando habla usted de esos pollos clónicos que reproducen, veinte años después, los modelos de comportamiento de sus jefes, ¿cómo es que no nos ilustra con algún ejemplo?
Antes de escribir esto último, querido Martínez, venía yo dispuesto a poner aquí los nombres que tú te callas y que yo creo identificar. Me parecía lo más honesto para todos. Pero luego voy y pienso que debo andarme con cuidado, que en efecto esos pollos jóvenes dan miedo y hacen “mucha pupita”, y que tú mismo no eres libre, cómo ibas a serlo, de quitarle ninguna pluma, pues ahora mismo no tienes casa, me debes dos cenas, tienes varias cajas llenas de trastos inservibles que no sabes dónde meter, y para resolver todo esto cuentas con que alguno de esos pollos en cuestión te encargue un artículo. Si yo, haciéndome el gallito, digo los nombres que tó callas, igual la cago, o me cago. Y entretanto, la CT sigue rodando, y rodando, y rodando... Y sólo valen los nombres que salen en negrita. Echevarría, por ejemplo: ahí va, en negrita, después de Martínez, de forma que quien eche un rápido vistazo a la entrada de hoy de este blog ya sabe de quién se está hablando, y quiénes son amigos.

Cuando el ‘caso Echevarría’, publiqué un articulejo con el que salía al paso de las frecuentes interpretaciones que se hacían de mi gesto como una estrategia para mover ficha, fingiendo que me caía de la parra después de haber pasado quince años subido a ella. En ese articulejo defendía yo el concepto de delación, y lo reivindicaba como una de las pocas estrategias eficaces para pervertir el sistema en que andamos todos envueltos. Volveré sobre el asunto, si llega el momento. Ahora quiero, por un prurito de ecuanimidad, señalar uno de los inconvenientes graves que apareja la mención concreta de nombres propios cada vez que uno se pone en situación de elevar una crítica o hacer una denuncia. Ocurre entonces que la escasa costumbre de proceder así motiva que la mención del nombre en cuestión adquiera una resonancia desproporcionada, impregnando toda la argumentación de la sospecha de que por ahí se anda resolviendo un asunto personal, lo cual tiene por efecto desvirtuar dicha argumentación. Un ejemplo a mano de lo que digo: traigo a colación el nombre de Millás en un contexto que al parecer lo cuestiona y enseguida surge quien, pasando por alto la intención por la que ha sido traído a colación, sale en defensa de Millás, a quien al parecer he puesto en cuestión como escritor. Verá, querido y desconocido amigo: como novelista, y de un tiempo a esta parte también como columnista y como reportero, Millás me parece un mierda. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que para mí, y para cualquiera que haya pillado el concepto, Millás es la encarnación misma del intelectual CT, y por ahí iban los tiros. Volveré sobre ello.

Me quedan un montón de preguntas por responder. Y muchas ganas de explayarme yo en lo mío. Pero se me acaba la página y sólo tengo tiempo de reprocharte, Martínez, que no contestes a mi pregunta, capullo, como sueles. De acuerdo con lo del tapón y sus efectos, pero ¿cómo se explica que en treinta años no haya emergido una fuerza o una resistencia capaz de hacer saltar ese tapón, o al menos quemarle al corcho la punta y dibujar con él unos bigotes en esas caras de Monna Lisa?

Martínez, vente a dormir a mi casa. Te dejo una cama, con derecho a water y ducha fría de ocho a diez de la mañana.

Encima, maricones.

lunes, octubre 10, 2005

ES EL CANON, POLLO

Disculpas a todo el mundo. Este fin-de me he mudado de casa –no golpeen la puerta de Plaza de la Virreina; nadie les abrirá ya-. El tiempo y las energías empleadas han sido notorias. La única experiencia aplicable al blog, empero, es la siguiente: no he hecho una mudanza CT. Es decir, que me llevé precintadas en unas cajas algunos objetos del pasado que, tarde o temprano, deberé volver a ver. Bueno. Al tajo.

-EL TAPÓN. El tapón es un hecho científico. Hecho científico: un grupo de pollos que tenían 30 tacos en los 70’s –y que siguen teniendo 30 tacos en las fotos que endosan al lado de sus artículos-, son los que cortan el bacalao. Lamentablemente, aquí se acaban las descripciones científicas. Existe una renovación, pero esa renovación –creo que el concepto es tuyo; salió en una charla que mantuvimos en el café Gijón hace la tira, varias mujeres atrás- es únicamente biológica. Es decir, que un joven sustituye a un senior, si bien en el cambio no se produce otro fenómeno que continuidad. A la continuidad, a lo que tienen en común los seniors y los jóvenes que ocupan los despachos de la cultura –la CT tiene forma de despacho-, es lo que denomino CT. Y lo que intento describir. Observaciones: a) lo s pollos jóvenes me dan miedo. Saben a lo que van. A lo que van se llama CT. Y van a gestionarla. Es decir, a impedir el mal rollo por todos los medios. He dicho por todos. Y ese es su oficio. En las empresas dec omunicación o de cultura, ese joven ya es un personaje caricaturizable. Y que está haciendo mucha pupita. B) No existen generaciones en la CT. Fuera de ella, no existen grupos. Es más, no existe nada. Sólo freakies. Tu y yo somos, en este mismísimo momento, unos freakies. Hablamos de la cultura desde una perspectiva tan individual, solitaria y marginal que, el efecto, es que hablamos de Star Treck. Sorprendentemente,c), y a pesar de esa ausencia de tensión generacional, detecto últimamente una violencia atroz por parte de los seniors. Se trata de una violencia innecesaria –nadie les va a quitar su espacio; es más, no hay nadie que les quite su espacio; su espacio será cedido por renovación biológica; lo que, ahora, que me acuerdo, evoca un tanto el concepto “hecho biológico”, que de pequeñito tanto citaban los fachas cuando se ponían melancólicos-. Y que tiene que ver, digo yo, con la cosa psicológica. Saber que te morirás –digan lo que digan, uno sólo sabe que se va a morir a partir de cierta edad; a mi edad, por ejemplo, aún hay días en los que aún eres inmortal-, y que tu obra es prescindible. Es más, que tu obra es la gestión de tu obra que mantienes en vida, de manera que cuando te mueres, cuando dejas de gestionar tu presencia mediática y todo el pack CT de conductas del escritor / intelectual, desapareces. Para orientar un poco sobre la violencia de los seniors te explicaré una anécdota. Que conoces. Me temo que la primera vez que apareció el concepto tapón generacional por aquí abajo, fue en el volumen Franquismo Pop. Sé que hubo medios en los que no salieron reseñas, y sé que esos medios tenían jefe de sección de 50 tacos, cabreados por el concepto tapón generacional. Uno de los pollos que se negó a que apareciera una reseña en su medio, se hizo famoso por rechazarla –es decir, taponarla- al grito de “no soy un tapón”. Bueno, volviendo a la pregunta: ¿qué hay tras el tapón, en fin? Nada. CT. Que yo sepa.

-ESTA ES LA PREGUNTA. Mi pregunta de hoy es, en cierta manera, la pregunta que te formuló un lector ayer, defendiendo a Millás desde –me pareció apreciar- apreciaciones no-CT. Lo que nos vuelve a llevar al palabro canon, que tan poco te interesa y que a mi me interesa tanto ¿Qué sobrevivirá de la CT? Yo creo que esa es la pregunta del millón. Es decir, ¿Qué parte del tapón tenía razón? La España Oficial nunca ha dado nada al canon, ¿lo hará ahora? Pero las preguntas no son esas –aunque no estaría mal que te las pensaras, mamón. La pregunta estaba implícita en la pregunta del lector. ¿Por qué seguras, pongamos, que Millás es una región del horreur? ¿En qué se diferencia esa valoración de, pongamos, el rencor? La parte fácil de la respuesta la digo ahora, para que no la utilices: en la CT cualquier beligerancia está movida por la gama baja de los instintos: envidia, reconro, poker personal, etc.

EN mi próxima participación me reto, además de a contestarte, a explicarte un extraño fenómeno CT sucedido la semana pasada en Torre Vieja, Alicante. Estás invitado a un cenorrio en mi nueva casa. Tráete la cena y, de paso, la casa.
Un abrazo.

viernes, octubre 07, 2005

COLLEJAS Y TAPÓN

Aquí Echevarría en la tesitura de impartirse él mismo dos sonadas collejas:

Primera colleja (¡ay!): tiene razón Pep cuando puntualiza que la palabra España aparece nada menos que tres veces en el Preámbulo del proyecto de nuevo Estatut. Juro que lo inspeccioné con atención antes de asegurar otra cosa, pero está claro que los prejuicios pasan por encima de las evidencias, no sólo en mi caso. Será que, en lugar de la palabra España andaba yo buscando ¡España!, con reminiscencias de viejos ritos educativos. También convengo con Pep en que, así a lo tonto, ZP ha conseguido cosas. Pero es que a mí ese estilo “a lo tonto” me rompe los nervios, qué puedo hacerle. Y además: cultivo hacia ZP el resentimiento y la suspicacia invencibles que me suscita su partido, al que responsabilizo de casi todo, empezando por la mancha que descubro en la camisa que acabo de ponerme, recién planchada. Como sea, Pep se merece, eso sí, ser invitado a la cena del Boter. Pero conste que paga Martínez, que fue quien incumplió el plazo, aquí no valen bromas.

Segunda colleja (¡joder!): de acuerdo con Martínez en esto: no hayq ue mear fuera de tiesto, y yo no he sido traído aquí para hablar del Estatut (tanto menos si lo leo como lo leo), sino a buscarle las cosquillas al asunto este de la CT en su vertiente más netamente cultural. Ya saben: canon, Gironella, la industria del libro, la bodeguita de la Moncloa y cosas de esas. Un aburrimiento, pero se supone que es lo mío. Así que al tajo. Y con la nuca colorada, para más inri.

Querido Martínez: hoy no voy a responder a tu pregunta (“¿La CT es una CCNN?”). No la entiendo, y cuanto pueda decir al respecto lo dije ya el martes, citándote a ti. Prefiero así recoger tu concepto de staff, al que aún podemos sacarle más miga, y dar al lector despistado un ejemplo vivo del mismo. Lo encuentro en El País de ayer, en una banda publicitaria que anuncia un concierto en homenaje a Lázaro Cárdenas, bajo la rúbrica: “Exilio español” (y aquí me muerdo los dedos para no traer a colación lo que el amigo Pep decía acerca de lo que a su parecer constituía el gran hito del Estatut: la aparición, dentro del mismo, de la palabra exilio). Enumero la lista de participantes en el concierto por la parte española: Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Eduardo Haro Tecglen, Iñaki Gabilondo, Charo López, José Luis Gómez, José Sacristán y Nuria Espert. Ni dedicándole una tarde al asunto habría conseguido yo ofrecer una representación más plausible y caricaturesca de quienes configuran en la actualidad el satff cultural español, facción multimedia. Acabo de escribir “en la actualidad” pero esta lista podría haber sido confeccionada hace diez años. O veinte. Lo cual apunta a una peculiar característica del staff español: su inamovibilidad. Vale la pena darle vueltas a esta idea, jovenzuelos: el staff de la cultura española viene siendo prácticamente el mismo desde los años heroicos de la Transición, allá por los ochenta. Lo que me trae al recuerdo una vieja idea de Martínez, sobre la que los dos hemos discutido a menudo: la de que hay toda una generación, la que gestionó la Transición, que desde entonces no ha levantado el culo del asiento y que ha ejercido un efecto tapón sobre las sucesivas promociones de aspirantes a gestores CT y no-CT. Martínez y yo discutíamos sobre esto hace ya seis o siete años. Entonces le decía yo que si el tapón no sale disparado es porque la botella no tiene gas. Me pregunto ahora, y se lo pregunto a él, a ti, Martínez, ¿qué piensas al respecto?

En el mismo número de El País de ayer (jueves 6 de octubre) leo la noticia de que “Los Príncipes de Asturias entregan el Premio Cerecedo de Periodismo a Juan José Millás”. La noticia no recoge el importe del Premio, que presumo cuantioso. En la foto, aparece Millás, disfrazado del padre de Millás, al lado de Let y Cía. Millás es el modelo perfecto de escritor CT, de periodista CT, de intelectual CT. Volveré sobre el tema. Por ahora sólo quiero citar, al hilo de mi pregunta, algunas de las palabras pronunciadas durante el acto. Suso de Toro (presidente del jurado que ha concedido el premio): “Millás transforma la vida en palabras. Es sólo periodismo, pero nos gusta”. El Principote: “Estamos ante un escritor consagrado que atiende, sin sentirse de menos, a los asuntos imperativos de la actualidad, pero sin dejarse aturdir por el ruido ambiental”. Millás: “Toda conquista trascendental procede de la unión de contrarios” (esta es buena). Millás de nuevo: “No se me ocurre otra forma de agradecer este premio que comprometerme a continuar escribiendo”.

Horreur.

jueves, octubre 06, 2005

EL NACIONALISMO ERA ÉL

Estimado pollo:
1-Tu texto parte de varios apriorismos erróneos. El más arriesgado es, sin duda, presuponer que mi tarjeta Visa está en condiciones de ser exhibida en Can Boter o, en general, en otro local comercial de la UE. Por otra parte apuestas por recursos de gato pardo. Gato pardo que pretende, lo dicho, que le invite a friskies en Can Boter, cuando todos los niños y niñas saben que es Echevarria, y no otro, quién interpretará paganini el viernes. La principal gatopardada, empero, es el clásico de intentar “liarme la picha” –entrecomillado suyo- sin responderme nada a cambio. Mi texto, consecuentemente, será un intento de liarme la picha a la cabeza. Y de volverte a preguntar lo preguntado esperando una respuesta. Este intercambio de opiniones, en fin, es lo que su nombre indica, y no una entrega de Kung-Fú o de Jorge Bucay, en el que los personajes aprenden de sus propias preguntas, lloran mucho y no comen en Can Boter como para una boda.
2-OK con tu pack canon. Y más aún con la construcción: “habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT”. Grande. Compro. Espero, snif, que lo compre alguien más.
3-Difiero de la idea de que la Transi consiste en la “transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT”. La socialdemocracia es una región de la izquierda que, por cierto, en 1981 la liaba en Suecia y estaba nacionalizando la banca en Francia. La izquierda local sufre en la Transi otra transformación paralela a la ue citas, en la que perdió otro componente. EL que le impide ser no-CT. No creo, por otra parte, que los nacionalismos y la izquierda hayan establecido en la transi una “alianza”, como tú la denominas. Simplemente, por cultura democrática, son más proclives a dialogar entre sí. Lo cual dibuja otro drama: la ausencia estadística de cultura democrática en la derecha española.
3-CC.NN. Vuelves a demostrar que eres un hombre de buen gusto al responder con mis palabras a mis preguntas. Si bien, en el trance, no las respondes. Te las vuelvo a formular de forma minimalista. La culturas nacionalistas, como las denominas, no son diferentes a la CT. Son una parte de ellas. O un paralelo. Es más -tachán-tachán- es preciso señalar que la CT es también CC.NN. Es decir, es una cultura nacionalista. A saber: a) nació para cohesionar a través de la reafirmación, b) se caracteriza por elidir la duda, la no reafirmación, c) está fundamentada en un mito nacional –la Transi-, d) tiene una particular relación con la historia, f) es castiza e inexportable –es decir, satisface sólo a una tribu-, g) carece de crítica, por lo que uno de sus resortes para crear canon es el éxito nacional. Ampliación punto g): cuando un producto o/y autor obtienen éxito en el extranjero, ese éxito es comunicado en los medios como éxito nacional. Ejemplo: Vila-Matas, pasó de vender 4.000 ejemplares a 10.000 tras aparecer en la portada del suplemento del tercer diario francés, y tras comunicarse en nuestros medios esa aparición como triunfo nacional.
4-Los puntos de vista ante los nacionalismos que, snif, tanto tu como otro lector consideran alejados del -llamémosle así, como lo llamas- "republicanismo de izquierdas", no van más lejos de los expuestos por Azaña cuando habló del tema, en 1932. Reconozco, en todo caso, que mi visión de los nacionalismos periféricos no es la esperada en un señor que no viste con traje regional, pero argumento en mi defensa que la CT se ha especializado en denunciar los nacionalismos sin oler el suyo propio. Un no-nacionalismo –esa cosa necesaria como el agua y que, por aquí abajo, no acaba de existir-, consiste también en observar los nacionalismos peninsulares desde lógicas no-CT.Y, por otra parte, no, no acepto que los nacionalismos sean la única beligerancia posible en la CT. Simplemente, lo describo. Y te pongo un ejemplo en mi descripción: la polémica del caso Echevarría -me refiero a la anterior a este otro caso que nos ocupa, consistente en Echevarría escaqueándose de un cenorrio en Can Boter-, era una polémica no nacionalista. Atxaga participó en ella explicando que la cosa se resumía en una agresión nacionalista a su persona y obra. Es decir, transformó /percibió una problemática no nacionalista, en un roce nacionalista. Es decir, CT. Describir no es aceptar, en fin. Te puedo describir, que este año las chicas llevan medias raras, sin que eso signifique que yo las lleve.
5-Me gustan los artículos de Pep porque emiten la idea de que el no-nacionalismo, que está por hacer –lo cual a) manda huevos, b) explica el carácter nacionalista de la CT-, es un punto de vista perplejo cuando se emite desde la no-CT. Cuando se emite desde la CT… Bueno, recordemos que la Capilla Sextina del no-nacionalismo CT integra ciudadanos del mundo como Jon Jauristi, Aznar, Jiménez Los Santos o Manolo el del Bombo. EL punto de vista absolutamente mayoritario empleado en los medios para aludir al Estatut no es, desde luego no-CT. Es nacionalismo -ultra, muchas veces- CT.
6-Echevarría, a ver si se entera. En beneficio de la agilidad en las gestiones opte por la ventanilla Pep cuando quiera hablar del Estatut. Cuando quiera hablar de lo nuestro y de cómo pagarme la cena que me debe, ventanilla Martínez. Haga, en todo caso lo caso lo que quiera, pero sin liarnos la picha. Tengo una edad en la que, en fin, ya está lo suficientemente liada. Bueno. Pregunta de hoy de la ventanilla Martínez: ¿La CT es una CCNN, esa cosa que aún no ha acabado, por otra parte, de describir?

miércoles, octubre 05, 2005

DIGO DIEGO

Yo no sé, Martínez, si llegaremos a polemizar sobre la CT. Pero desde luego sí lo haremos sobre quién debe a quién una cena, capullete. Eres tú quien se ha rearasado con la respuesta a mi intervención del viernes. Y cdonste que aquí nadie ha dicho nada de librar los fines de semana, o al menos yo no me he enterado. Así que te espero el viernes en Ca’n Boter, tráete la tarjeta de crédito.
Otrosí: hablemos con más claridad. En adelante, nos exijo —a ti y a mi— formulaciones más nítidas y contundentes, para bien de todos. Y bienvenido sea el amigo Pep Campabadal, a él también quiero decirle algunas cosas, si me lo permite.
1. Diferenciar dos conceptos no supone distinguir dos realidades. De hecho, el staff es el residuo de realidad que corresponde al canon en la actualidad. Me dices que al distinguir canon y staff, “volvemos a reconocer dos Españas; una oficial y otra real”. Y a continuación constatas, desconsolado, que la real no comparece por ninguna parte. Ergo habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT, mira por dónde. 2. A ver si queda claro: una cultura sin crítica no tiene canon. La CT no tiene más canon que lo que se ve, es decir, aquello que ha prosperado a su sombra. Sin distingos de ninguna especie: Marías al lado de Prada al lado de Vila-Matas al lado de Zafón al lado de Millás al lado de Grandes al lado de Reverte al lado de Cercas al lado de Montero al lado de Posadas al lado de... etcétera, etcétera, etcétera. Por hablar de literatura. Y dentro de chorrocientos años no habrá Dios que se ocupe de averiguar qué cosa fuera el canon de este tiempo. ¿Por qué piensas que de una cultura sin crítica nacerá, vaya uno a saber cuándo, una “crítica colectiva futura”? Ni hablar del pirulí. El Club Gironella, sea lo que sea eso, lo formaremos en el futuro —lo formamos ya— todos. Bienvenido.
3. “Escasos segundos antes de decidirse por lo contrario”, como diría Martínez, la izquierda española, es decir, el PSOE, el PSC, el PSP, el PCE, el PSUC y tutti quanti, era de izquierdas. La Transición es el nombre que damos a la súbita Transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT. Entre las razones que explican este milagro hay una que debe tenerse especialmente en cuenta: la alianza de la izquierda con el nacionalismo, inducida por un equívoco formidable que se mantiene vigente en la actualidad. Consiste en lo siquiente: la izquierda resistió contra Franco, el nacionalismo resistió contra Franco, luego el nacionalismo y la izquierda pertenecen al mismo bando. El Estado de las Autonomías es la gran conquista de la izquierda durante la Transición, pactada al precio de renunciar al republicanismo y a la pérdida de hegemonía en el País Vasco y en Cataluña. Digo esto último y me quedo mirándote con cara de haber sacado un seis en el juego de la oca. Repito tirada, y de oca en oca tiro porque me toca para llegar, sin más explicaciones, a darte las explicaciones que me pides. Lo haré con tus mismas palabras: “las culturas autónomas en la CT” son “descentralizaciones de la CT”; las “propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar”; “con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posicionamientos nacionalistas”; “si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filón”; “en el caso catalán, la cosa es especialmente dramática: desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales, su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad, algo, por otro parte, muy español”. Omito algunas frases que entran en colisión con éstas; pero que conste que las contradicciones, si las hay, las pones tú mismo, así que a ti te toca desliarte la picha. Yo con esto satisfago tu demanda de que puntualice mejor el concepto de CCNN.
4. En este punto cuatro se me acumula la faena y el caso es que no quiero perderme la cena gratis en el Boter, así que me abro paso a lo bestia. Leo los discursos y las entrevistas con Maragall, y me llena de aprensión verle emplear a troche y moche una palabra fetiche de la CT: seducción. “Queremos seducir a España.” Por cierto, que la palabra España, que Maragall emplea ahora con tanta cordialidad, no sale en el Estatut por ningún lado, o al menos tarda en salir, porque todavía no me lo he leído entero. Lo que sí me llevo leída es ese preámbulo que os pone tanto y que a mí me parece un modelo de chatarrería verbal, lleno de palabras insignia disueltas en ambigüedades. También dice Maragall, en entrevista con El País, que la palabra nación significa lo que en la Constitución la palabra nacionalidad. Y reconozco en ello otro rasgo típico CT: las palabras significan lo que mejor nos conviene en cada momento, de manera que, llegada la ocasión, donde dije digo digo Diego y aquí no ha pasado nada. En cualquier caso, tenemos un Estatut que no es CT, al decir tuyo, pero cuyo aspecto más problemático, el modelo de financiación, justamente, fue creado, como tú mismo reconoces, “por CT System”. Vaya. Y en todo este gurigay tú reconoces, dices, “una crítica a los modos de proceder de la Transi”. Será porque no recuerdas los debates de las Cortes Constituyentes. O los de los años heroicos de la Transi, como el debate sobre la entrada en la OTAN. Yo sí, y por eso me mosquea la pretensión, sustentada por ti, Martínez, y por Pep Campabadal, de que el nuevo Estatut (donde dije digo digo Diego) no es nacionalista, y el que a los dos os puedan conmover declaraciones tan pomposas y dudosamente autosatisfechas como la de que “la Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”. Me mosquea también que tú, Martínez, un viejo republicano de izquierdas, aceptes tan campante que el nacionalismo sea, desde 1978, la única beligerancia posible en este país, y que por eso haya que acudir al marco que él establece para esbozar, tímidamente y con himnos al fondo, “una teoría de los derechos individuales y colectivos”. Aceptar este marco como única plataforma viable para sentar esta teoría es uno de los logros indelebles de la cultura política de la Transición. ¿Y dudas que lo que nos espera sea otra cosa que un espectáculo CT? ¿Piensas que nos abocamos a otra cosa que a una descentralización de la CT, auspiciada por la misma izquierda que no supo plantear ninguna otra beligerancia que esta misma —la del nacionalismo— que no era la suya?

Ignacio Echevarría

INTERMEZZO. TABÚES

-INTERMEZZING. Hola. Me llamo Martínez y escribo en cursiva. No así Pep Campabadal que va y escribe en georgian. Y no así Echevarría, que ayer se escaqueó de su artículo –nota: la idea original es realizar 15 artículos cada uno, es decir, prolongar la polémica Echevarría un mes-, con lo que Echevarría ya debe invitarme a más cenas que el Teresa from Calcuta Endowment. Bueno. Pep prosigue con su idea de interpretar el Estatut como no-CT, es decir, en tanto que usuario de una lógica en la se colaría también el palabro no-nacionalismo, entendiendo no-nacionalismo como lo contrario al dibujo del no-nacionalismo emitido por uno de los dos sectores nacionalistas radicales que operan en Euskadi, o que se centraban en Euskadi antes de centrarse en el Estatut. No sé, ustedes, pero yo estoy disfrutando de su lógica. Mucho más en tanto, desde hace más de 150 horas, no veo más que una lógica en los medios –fundamentalmente, los audiovisuales-, que han abierto la veda al tema. Nota de color al respecto: desde hace 24 horas he empezado a apuntar las mentiras absolutas -en su sentido más filológico; es decir, negando la evidencia de un texto escrito- emitidas por los pollos que vociferan a cámara con la vena del cuello inflada. Mentiras más llamativas y no contestadas por ningún otro tipo de lógica o pollo presentes en el mismo plató: a) el Estatut dispone que el Tribunal Constitucional no será una instancia válida en Catalunya, b) el catalán será de uso obligatorio para todos los ciudadanos de Catalunya, c) Catalunya será un mercado cerrado –en un mundo en el que ni siquiera Korea del Norte es un mercado cerrado, por otra parte-, d) el término nación equivale al término Estado –lo que, por otra parte, obligaría a la nación Sioux a ser Estado, y al Vaticano a dejar de serlo-. He consultado la audiencia de los programas televisivos en los que he oído estas genialidades -no son opiniones, son abiertamente falsedades demostrables-, y la menor gira en torno a los 3.000.000 de espectadores. Socorro. Bueno. Espero que disfruten con las posibilidades de la lógica no-CT. Como, en otro orden de cosas, espero, Echevarría, que te pongas las pilas y que, independientemente de ello, te den por el XXXX con una caña rota, que diría el profesor Rico. Les dejo con Pep y con su hit “Tabúes”.

-TABÚES.

Un tabú tiene como condición necesaria la existencia de dos elementos: la presencia de un problema importante, y la dificultad de darle una solución. En España es tabú la monarquía. Es tabú, asimismo, la extrema derecha. Y, sobre todo, es tabú el nacionalismo español. Por contra, los nacionalismos periféricos son uno de los principales temas del debate político. Y, significativamente, tienen menos problemas para describir objetos gores como la eta. Las culturas nacionalistas de las que hablaba Echevarría son victimistas, son reduccionistas y tienden a identificar falazmente todo lo español con episodios felizmente pasados, pero permiten la formulación de más preguntas y, sobre todo, tienen más reflejos cuando el Gobierno abre dos vías de investigación. Lo que no es poco, ya que una cosa es que la máquina no te devuelva el cambio, y otra bien distinta que se te coma las pelas.

A esos nacionalismos se les ha querido oponer la Constitución, identificada con la democracia y, en giro poéticamente freudiano, con el así llamado no-nacionalismo. La apelación a la violencia para mantener la unidad patria o el artículo 30.1 de nuestra constitución –“Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”- son residuos de ese nacionalismo gore que tan bien se nos ha dado a los europeos. En pocas palabras: un patriota constitucional es a un nacionalista lo que un juancarlista es a un monárquico. El Estatut no impone en ningún sitio a la ciudadanía el deber de defender a Catalunya.

“La Generalitat es Estado” es el principio fundamental del Estatut. Está reivindicado expresamente en los artículos 3 y 67, y desarrollado en el 182. “La Generalitat es Estado” es un concepto que reivindicaba la parte más democrática de la derecha española hace 12 años –Fraga, Rajoy-. “La Generalitat es Estado” es un concepto que se presta al pugilismo de los tertulianos, pero significa una sola cosa: Catalunya es España. “La Generalitat es Estado” es una consecuencia del principio de subsidiariedad –ese que dice que la gestión debe acercarse a la ciudadanía-. “La Generalitat es Estado”, lejos de entender la Generalitat como un oscuro ente separatista y judeo-masónico, significa que la Generalitat forma parte del Estado.

Todas las organizaciones españolas con trayectoria democrática y anti-fascista tienen órganos directivos federales o confederales, en oposición a los órganos nacionales que caracterizan a las organizaciones sin pasado. “La Generalitat es Estado” es un principio coherente con los principios federales. Es compatible, asimismo, con el iberismo de las cartas entre Unamuno y el poeta Maragall. Es compatible, también, con la apelación a los “pueblos de España” que aparece en preámbulo constitucional.

Apartado de lenguas. Yo hablo en catalán con mi prima, y en castellano con su hermano. Mi hermano habla en castellano con mi prima, y en catalán con su hermano. Mis primos hablan entre ellos en castellano, y yo hablo en catalán con mi hermano, que es la lengua que hablamos con mi madre. Con mi padre, en castellano. Esto, que parece muy complicado, es muy sencillo. El Estatut proclama la oficialidad de los dos idiomas, y el derecho a ser atendido en todas las administraciones que pagamos –el cliente siempre tiene razón- en la lengua que uno elija. El Estatut mantiene, asimismo, la educación en catalán. La educación en catalán ha servido para dos cosas: a) consolidar una generación bilingüe, y b) consolidar una generación educada en la misma aula, a diferencia del sistema educativo vasco que tiene modelos separados –euskera, mixto y castellano-. Por último, no tiene ningún sentido detectar oscuras obsesiones tribales en el tema de la lengua cuando el Estatut es la primera ley española en la que aparece –artículo 44- la obligación de promover el conocimiento de un tercer idioma –adicionalmente a los dos idiomas españoles que ya dominamos- durante la educación obligatoria.

El Estatut consiste, en último término, en la liquidación de una situación poco encomiable, plasmada en el pacto del Majestic entre convergentes y populares. Ese modelo repartía entre las dos derechas nacionalistas dos territorios bajo la premisa del desinterés absoluto de cada una de las partes en el terruño de la otra –hecho carne en la patada para arriba que recibió Vidal-Quadras-, considerado un coto privado de la otra parte contratante. El Estatut propone poner fin a ese darse la espalda, y apuesta por la implicación de Catalunya en el resto de España de acuerdo con principios federales y contrarios al centralismo nacional de la nación de Madrid. Los alemanes tienen la capitalidad política en un sitio, la industrial en otro, la mediática en otro, la judicial en otro, y así sucesivamente. El Estatut es una manera de preguntarnos por qué el Tribunal Constitucional no puede estar en Sevilla, y esa pregunta es una manera de decir que estamos hablando de todos, y de que ha llegado el momento de jubilar el “nosotros y ellos”. O, lo que es lo mismo: el nacionalismo del Estatut son, al igual que los Reyes Magos, los padres.

Pep Campabadal

martes, octubre 04, 2005

INTERMEZZO. EL HITO.

Para acabarlo de liar más, he aquí otra pieza del calidoscopio. Les presento la polémica –o algo así; será polémica en tanto se presenta un punto de vista no CT ante un tema tratado con nocturnidad y Ctlosía; y en tanto les sirva a ustedes para algo polémico-, anunciada ayer, que se mezclará con la polémica Echevarría –Echevarría, tic-tac, me debes una cena-, y que versará sobre el nuevo Estatut para Catalunya. Se trata de plantear que el Estatut es un objeto no CT y, a la vez, no-nacionalista. O mucho menos nacionalista, en todo caso, de lo que opina el Complejo Industrial Armamentístico –COPE, Razón, ABC, Mundo, el Jefe de la Cúpula Militar y, al parecer, su jefe-. También, por lo mismo y por el mismo precio, se trata de descubrir nuevas descripciones no-CT sobre el asunto, un asunto al cual la CT le costará un huevo describir, en tanto no-CT. Para plantear la polémica les presento a Pep Campabadal, que a su vez se presenta de la siguiente forma: “me llamo Pep, no había nacido cuando murió Franco y tomó el relevo nuestro actual Jefe de Estado, soy ingeniero, y colaboro con un blog en http://www.lapaginadefinitiva.com. En lo que sigue, voy a tratar de poner en solfa el carácter no-CT del Estatut, y su carácter no-nacionalista”. Lo que sigue es la respuesta -emitida por una persona que se sitúa a sí mismo en el hard-core intelectual de lo que podría denominarse maragallismo y con la que comparto una gran complicidad y, a la vez, sorpresa, cuando hablamos de la vida- a una pregunta que le formulé -¿cuáles son los componentes no-CT del Estatuto?. EL resultado es este artículo que va y titula: “El hito”.

-EL HITO

El hito del Estatut es la aparición de la palabra “exilio”. Es la principal diferencia entre el Estatut y el resto de papelotes legales de España. “Exilio” y “exiliados” aparecen en el preámbulo del Estatut, que tiene un artículo –el 54-, en el título de derechos, referido expresamente a la memoria histórica. El preámbulo del Estatut reconoce, además, la legalidad republicana, y la reconoce de forma expresa al reivindicar la legitimidad de la Generalitat en el exilio –“La Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”-.

En este sentido, el Estatut es todo lo contrario que la CT –esto es, la voluntad de ceguera con respecto al pasado-. En la negociación estatutaria, lo más relevante es que, en el despacho de al lado, no había un pollo con uniforme, medallas, una pistola y un boli rojo. Los cuatro partidos que han aprobado el Estatut, por su parte, hablaron expresamente y con inopinada claridad del pollo que, en el 78, estaba en el despacho de al lado, ese al que la CT no ve. Los discursos del miércoles en el Parlament son el reflejo de una interpretación de la transición proscrita por la CT. Esa interpretación tiene dos patas, a saber, a) la constatación de las importantes cesiones que, a causa del juicioso miedo a un golpe de estado –en el 78, todo pichichi recitaba de carrerilla los nombre de los militares con más hambre de gol tal y como hoy recitamos los de los presis de las CCAA-, realizaron los demócratas españoles frente a aquellos que aportaron su granito de pólvora, perdón, de arena, en el exterminio de la República –los militares, los monárquicos, la Iglesia-; b) la aceptación de la Constitución y de sus límites, esto es, el respeto escrupuloso al estado de derecho.

Uno de los aspectos más relevantes del Estatut es la inclusión del artículo 122 y del apartado d) de la tercera disposición adicional. Son artículos que permiten la celebración de consultas populares a las diferentes instituciones catalanas–no solo la Generalitat-, consultas limitadas a su ámbito competencial –o sea, que va a seguir la situación surrealista en la cual el Instituto Opina le puede preguntar a la gente si es independentista, y las instituciones no-. Un referéndum –esto es, algo en lo que puedes decir sí o no- es todo lo contrario al consenso. La santificación del consenso es el aspecto más característico de la CT. Es una santificación basada en la creencia de que las divergencias de opiniones conducen irremediablemente al enfrentamiento civil. En 2005, después de la feliz desaparición del mapa de los militares y con el terrorismo en fase terminal, en España es posible la pluralidad de opiniones sin que ello implique consecuencias indeseables.

En resumen, el Estatut ha tenido un debate político largo y tortuoso. El debate ha estado condicionado por los intereses partidistas. Ha sido, además, un debate que ha suscitado poco interés en la ciudadanía –como el europeo-. El acuerdo final incorpora las ideas aparecidas en los programas electorales de los partidos que han votado el acuerdo. En esto consiste la democracia, con todos sus defectos. Lo otro son los cuarenta años de paz, y los bien distintos condicionantes que limitaron el proceso del 78. El Estatut, tiene la misma lógica interna que la reforma del Valle de los Caídos, la deslocalización del botín de guerra de los fascistas sito en Salamanca o las trifulcas del Gobierno con los obispos y su brazo político. El Estatut guarda más relación con lo español que con lo catalán. Por ello no es nacionalista, y ha contado entre sus impulsores con ZP.

En la siguiente entrega hablaré del carácter no-nacionalista del Estatut tratando de dejar a un lado argumentos facilones como los que apelan al reconocimiento de la “realidad nacional” del Valle de Aran. Mientras, y viendo que la onfaloscopia que caracteriza a la prensa catalana se va extendiendo a otros territorios, me gustaría que, en la línea de lo que ya he leído aquí –verbigracia, sin la vena hinchada-, los lectores se apuntaran a valorar el Estatut, y más concretamente su hito-“exilio”-. De ese hito iba principalmente el especial con que el semanario británico “The Economist” saludó el triunfo de ZP en las generales. De hecho, se titulaba “Spain: the second transition”. Anímense: tengo una amiga bisexual, y está leyendo en este momento.

Pepe Campabadal

lunes, octubre 03, 2005

¿CT DE LAS AUTONOMÍAS?

-EL CANON, INDEED. Te ruego, pollo, no abandonar la cosa canon, sino darle un tute. Tute dado hasta ahora: hemos realizado el pequeño polvo de diferenciar el palabro canon -los all-stars de un espacio-tiempo-, del palabro staff -los all-stars de este espacio-tiempo-. Es un polvo en cuanto con la diferenciación volvemos a reconocer dos Españas: una oficial y otra real, como siempre. El problema, snif, es que no veo la real por ninguna parte. Te ruego que medites sobre el canon de la CT. Es decir, sobre lo real. Es decir, sobre el canon de este periodo dentro de chorrocientos años. Es decir, en una cultura sin crítica, ¿qué será entendido como literatura por la crítica colectiva futura, por los lectores aún no nacidos?. Y, ya puestos, ¿qué y quién será Club Gironella?

¿EXISTEN LAS CULTURAS AUTONÓMICAS? Tengo mis dudas sobre si la izquierda es la autora genérica del Estado de las Autonomías. La izquierda, escasos segundos antes de decidirse por lo contrario, tenía otra forma de Estado en su cabeza. Y otro mapa autonómico. De lo que se deduce que la actual forma del Estado y el actual mapa autonómico no son trade-mark suyo. Es más, yo diría que la fórmula del café para todos fue un recurso para que dos comunidades no pidieran long-drink, una opción presente en los programas políticos de los dos grandes partidos políticos de la izquierda en 1977. Me preguntas, no obstante, sobre los efectos letales de la cosa autonómica en nuestra cultura. Ignoro sin son letales. Es decir, ignoro si existen las culturas autónomas en la CT, o existen descentralizaciones de la CT. Qué lío. En todo caso, te explico hasta donde han llegado las investigaciones de los científicos de la NASA que trabajan en este blog. Alehop. Desconozco las reglas del juego vascas y gallegas. En el caso de la cosa he jugado con mi experiencia catalana. A ese respecto, el blog / el menda ha observado que las propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, que su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar. Con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posiconamientos nacionalistas. Y, aquí, una observación emitida también en el blog. El nacionalismo, tal y como ha quedado la foto, no sólo es nacionalismo. No sólo emite temas clásicos del nacionalismo. Emite -o se ha apropiado- temas, matizaciones, puntos de vista -beligerancias culturales, y políticas, vamos-, de las cuales se ha desentendido la CT. Quizás se han instalado en el nacionalismo en tanto que es la única beligerancia posible desde 1978. Ni idea. Por otra parte, si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filon. Pero, ojo, no creo que sean sólo las autonomías históricas. El papel de poeta nacional existe también en Murcia -¿José María Álvarez?-, el intelectual no problemático y al servicio o a la subvención del Estado, puede realizar ese contacto a través del gobierno autonómo andaluz, vasco o riojano. Por otra parte, las autonomías -incluso las autonomías con lengua propia- no emiten cultura que entre en fricción con la CT, sino que más bien reproducen su funcionamiento, a pequeña e inofensiva escala. La cultura, en Euskadi, Catalunya y en el Reina Sofía, es lo mismo. En el caso catalán, la cosa es especialmente dramática. Desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales. Su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad. Algo, por otro parte, muy español. El hecho de que el finalista del último Planeta sea una traducción del catalán es un indicativo del carácter intercambiable de las propuestas catalanas y españolas. Por lo que veo, puede suceder lo mismo en Galicia -Rivas, es un CT que tira de espaldas-, o en Euskadi -Atxaga no ha llegado a rozar la CT cuando ha tratado temas no-CT-. Otro hecho importante es la incapacidad autonómica para crear staff. El staff, lo que un manchego puede reconocer como autor gallego, vasco o catalán, nace del centro, algo, por otra parte, lógico en una cultura CT, centralizada, que no quiere mosqueos ni malas -es decir, nuevas- noticias. Todo lo que te he expuesto, en un plis-plas, sólo lo puedo matizar con tus puntualizaciones. Así que la pregunta sería: reformúlame el concepto CCNN, pollo. Espero respuesta. Tic-tac.

-EL ESTATUT Y LA CT. Y para acabar, me despido con este simpático pupurrí, titulado: El Estatut no es CT, Lupita. Cuando te digo que no es CT, te lo describo esta mañana a primera hora, y con la tranquilidad que te puedo describir una moto como algo diferente a un canario. EL debate de la semana pasada no fue CT. Fue una crítica a los modos de proceder de la Transi. EL motor del Estatut no es el nacionalismo –la única fricción CT-, sino una teoría de los derechos individuales y colectivos anterior a la Transi. Más bien republicana. El preámbulo del Estatut no es nacionalista, y recoge citas a la tradición republicana del biotopo y a la memoria del franquismo. En el Estatut hay dos objetos CT que me mosquean: los derechos históricos -posiblemente, un objeto en la lógica del nacionalismo como única beligerancia posible en la CT-, y el modelo de financiación, creado por CT System, como tú señalas, en una reunión 70's que paralizó un pleno. Lo único no-Ct es que se realizó en un parlamento, y no en un despacho vete a saber donde. Por otra parte, como en lo que es 70's / CT, nadie sabe a ciencia cierta qué modelo nació en esa reunión. Me miro la cosa Estatut con cierta alegría no-CT, si bien, también, con cierta cara de póker no-CT. Ya veremos.

Mientras tu y yo hablamos te voy a poner cuernos con otra polémica. Sobre el Estatut. Lo cual, a su vez, puede liberar nuestra polémica de tal tema. La discursión la estableceré con un amigote que, al parecer, apuesta más que yo incluso por el carácter no-CT de la cosa. La polémica y el amigote serán presentados en breve.