El profesor Echevarría llega hoy con cara de muy malas pulgas y signos evidentes de haber dormido poco. Esto del blog le está consumiendo la poca salud que le resta. Pero silencio, que parece que va a hablar.
– Pase usted a la pizarra, Martínez. Y ahora cuéntele a toda la clase de dónde se saca usted que una mudanza es excusa para incumplir las ordenanzas que usted mismo ha dispuesto. ¿No dice nada? Pues entonces retírese, y sepa que ya me debe dos cenas.
Por cierto, Martínez, creo recordar que, entre las ordenanzas que tú mismo dispusiste, se contaba la de dar nombres. Me parece importante recordártelo, y me mueve a una reflexión que viene al pelo para el tema que nos ocupa, eso de la CT. Pues ocurre que si se trata no sólo de describirla, sino además, y ya puestos, de ver cómo combatirla, es cosa de plantearse si cabe hacerlo con sus propias armas, y ver cómo se utilizan.
Por un lado está el staff al que tú te has venido refiriendo como sustituto del canon y que, al igual que éste, pero más, constituye una lista de nombres. A la sombra del staff, y de la aspiración generalizada a pertenecer a él, ha prosperado en las dos últimas décadas ese extraño —y miserable— subgénero periodístico que consiste en engastar las propias columnas con nombres en negrita, lo cual permite identificar enseguida de quién se está hablando sin necesidad de saber de qué se está hablando (algo que a menudo no sabe ni el periodista mismo). Desde Umbral, el fundador del subgénero en cuestión, a Elvira Lindo, la cita casi indiscriminada de nombres, cuantos más mejor, casi siempre en clave de cumplido y coqueteo, ha infestado el columnismo español, sección Compadreo y Simpatía.
Ahora bien –puntualiza el profesor Echevarría frunciendo el ceño—, al tiempo que se imponía este uso, la CT ha impuesto también el uso contrario —y complementario—, que consiste en explayarse muy amarga o airadamente sobre cualquier materia, cultural o política, sin dar nombres nunca, todo lo más recurriendo a pequeñas pistas en clave para los enterados, de tal modo que nadie se suele dar por aludido. Juan Goytisolo y Javier Marías, cada uno a su manera, son maestros insuperables en este arte de denunciar cualquier cosa consiguiendo que hasta los propios interpelados aplaudan su imprecación y su queja diciéndose a sí mismos y a quienes los rodean: Qué razón tiene este hombre, ya era hora que alguien dijera algo así.
Y luego está, cómo no, ese uso tan propio de la cultura de staff consistente en no mencionar nunca el nombre de los enemigos: silenciarlo, borrarlo de la memoria, un poco a la manera de ‘1984’, o de nuestro abuelito Stalin. Sólo existe lo que yo determina que exista. Y se acabó.
Va siendo hora, pues, de esforzarse por nombrar, no sólo a los amigotes. Nombrar, sobre todo, a los no amigotes, y arriesgarse, toda vez que se habla de algo, a ilustrarlo con nombres propios. Martínez, por ejemplo. Haga el favor de subir a la pizarra. Y ahora diga a toda la clase por qué, cuando nos cuenta su anécdota relativa al silenciamiento de su libro Franquismo Pop, por qué, digo, silencia usted, a su vez, el detalles de esos “medios en los que no salieron reseñas”, acerca de los cuales le consta que “tenían jefe de sección de 50 tacos, cabreados por el concepto tapón generacional”. Dice usted que “uno de los pollos que se negó a que apareciera una reseña en su medio, se hizo famoso por rechazarla –es decir, taponarla- al grito de ‘no soy un tapón’”. ¿Por qué no nos dice el nombre de ese pollo (o de esa gallina) y de paso el del medio al que pertenecía? Cuando habla usted de esos pollos clónicos que reproducen, veinte años después, los modelos de comportamiento de sus jefes, ¿cómo es que no nos ilustra con algún ejemplo?
Antes de escribir esto último, querido Martínez, venía yo dispuesto a poner aquí los nombres que tú te callas y que yo creo identificar. Me parecía lo más honesto para todos. Pero luego voy y pienso que debo andarme con cuidado, que en efecto esos pollos jóvenes dan miedo y hacen “mucha pupita”, y que tú mismo no eres libre, cómo ibas a serlo, de quitarle ninguna pluma, pues ahora mismo no tienes casa, me debes dos cenas, tienes varias cajas llenas de trastos inservibles que no sabes dónde meter, y para resolver todo esto cuentas con que alguno de esos pollos en cuestión te encargue un artículo. Si yo, haciéndome el gallito, digo los nombres que tó callas, igual la cago, o me cago. Y entretanto, la CT sigue rodando, y rodando, y rodando... Y sólo valen los nombres que salen en negrita. Echevarría, por ejemplo: ahí va, en negrita, después de Martínez, de forma que quien eche un rápido vistazo a la entrada de hoy de este blog ya sabe de quién se está hablando, y quiénes son amigos.
Cuando el ‘caso Echevarría’, publiqué un articulejo con el que salía al paso de las frecuentes interpretaciones que se hacían de mi gesto como una estrategia para mover ficha, fingiendo que me caía de la parra después de haber pasado quince años subido a ella. En ese articulejo defendía yo el concepto de delación, y lo reivindicaba como una de las pocas estrategias eficaces para pervertir el sistema en que andamos todos envueltos. Volveré sobre el asunto, si llega el momento. Ahora quiero, por un prurito de ecuanimidad, señalar uno de los inconvenientes graves que apareja la mención concreta de nombres propios cada vez que uno se pone en situación de elevar una crítica o hacer una denuncia. Ocurre entonces que la escasa costumbre de proceder así motiva que la mención del nombre en cuestión adquiera una resonancia desproporcionada, impregnando toda la argumentación de la sospecha de que por ahí se anda resolviendo un asunto personal, lo cual tiene por efecto desvirtuar dicha argumentación. Un ejemplo a mano de lo que digo: traigo a colación el nombre de Millás en un contexto que al parecer lo cuestiona y enseguida surge quien, pasando por alto la intención por la que ha sido traído a colación, sale en defensa de Millás, a quien al parecer he puesto en cuestión como escritor. Verá, querido y desconocido amigo: como novelista, y de un tiempo a esta parte también como columnista y como reportero, Millás me parece un mierda. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que para mí, y para cualquiera que haya pillado el concepto, Millás es la encarnación misma del intelectual CT, y por ahí iban los tiros. Volveré sobre ello.
Me quedan un montón de preguntas por responder. Y muchas ganas de explayarme yo en lo mío. Pero se me acaba la página y sólo tengo tiempo de reprocharte, Martínez, que no contestes a mi pregunta, capullo, como sueles. De acuerdo con lo del tapón y sus efectos, pero ¿cómo se explica que en treinta años no haya emergido una fuerza o una resistencia capaz de hacer saltar ese tapón, o al menos quemarle al corcho la punta y dibujar con él unos bigotes en esas caras de Monna Lisa?
Martínez, vente a dormir a mi casa. Te dejo una cama, con derecho a water y ducha fría de ocho a diez de la mañana.
Encima, maricones.
martes, octubre 11, 2005
lunes, octubre 10, 2005
ES EL CANON, POLLO
Disculpas a todo el mundo. Este fin-de me he mudado de casa –no golpeen la puerta de Plaza de la Virreina; nadie les abrirá ya-. El tiempo y las energías empleadas han sido notorias. La única experiencia aplicable al blog, empero, es la siguiente: no he hecho una mudanza CT. Es decir, que me llevé precintadas en unas cajas algunos objetos del pasado que, tarde o temprano, deberé volver a ver. Bueno. Al tajo.
-EL TAPÓN. El tapón es un hecho científico. Hecho científico: un grupo de pollos que tenían 30 tacos en los 70’s –y que siguen teniendo 30 tacos en las fotos que endosan al lado de sus artículos-, son los que cortan el bacalao. Lamentablemente, aquí se acaban las descripciones científicas. Existe una renovación, pero esa renovación –creo que el concepto es tuyo; salió en una charla que mantuvimos en el café Gijón hace la tira, varias mujeres atrás- es únicamente biológica. Es decir, que un joven sustituye a un senior, si bien en el cambio no se produce otro fenómeno que continuidad. A la continuidad, a lo que tienen en común los seniors y los jóvenes que ocupan los despachos de la cultura –la CT tiene forma de despacho-, es lo que denomino CT. Y lo que intento describir. Observaciones: a) lo s pollos jóvenes me dan miedo. Saben a lo que van. A lo que van se llama CT. Y van a gestionarla. Es decir, a impedir el mal rollo por todos los medios. He dicho por todos. Y ese es su oficio. En las empresas dec omunicación o de cultura, ese joven ya es un personaje caricaturizable. Y que está haciendo mucha pupita. B) No existen generaciones en la CT. Fuera de ella, no existen grupos. Es más, no existe nada. Sólo freakies. Tu y yo somos, en este mismísimo momento, unos freakies. Hablamos de la cultura desde una perspectiva tan individual, solitaria y marginal que, el efecto, es que hablamos de Star Treck. Sorprendentemente,c), y a pesar de esa ausencia de tensión generacional, detecto últimamente una violencia atroz por parte de los seniors. Se trata de una violencia innecesaria –nadie les va a quitar su espacio; es más, no hay nadie que les quite su espacio; su espacio será cedido por renovación biológica; lo que, ahora, que me acuerdo, evoca un tanto el concepto “hecho biológico”, que de pequeñito tanto citaban los fachas cuando se ponían melancólicos-. Y que tiene que ver, digo yo, con la cosa psicológica. Saber que te morirás –digan lo que digan, uno sólo sabe que se va a morir a partir de cierta edad; a mi edad, por ejemplo, aún hay días en los que aún eres inmortal-, y que tu obra es prescindible. Es más, que tu obra es la gestión de tu obra que mantienes en vida, de manera que cuando te mueres, cuando dejas de gestionar tu presencia mediática y todo el pack CT de conductas del escritor / intelectual, desapareces. Para orientar un poco sobre la violencia de los seniors te explicaré una anécdota. Que conoces. Me temo que la primera vez que apareció el concepto tapón generacional por aquí abajo, fue en el volumen Franquismo Pop. Sé que hubo medios en los que no salieron reseñas, y sé que esos medios tenían jefe de sección de 50 tacos, cabreados por el concepto tapón generacional. Uno de los pollos que se negó a que apareciera una reseña en su medio, se hizo famoso por rechazarla –es decir, taponarla- al grito de “no soy un tapón”. Bueno, volviendo a la pregunta: ¿qué hay tras el tapón, en fin? Nada. CT. Que yo sepa.
-ESTA ES LA PREGUNTA. Mi pregunta de hoy es, en cierta manera, la pregunta que te formuló un lector ayer, defendiendo a Millás desde –me pareció apreciar- apreciaciones no-CT. Lo que nos vuelve a llevar al palabro canon, que tan poco te interesa y que a mi me interesa tanto ¿Qué sobrevivirá de la CT? Yo creo que esa es la pregunta del millón. Es decir, ¿Qué parte del tapón tenía razón? La España Oficial nunca ha dado nada al canon, ¿lo hará ahora? Pero las preguntas no son esas –aunque no estaría mal que te las pensaras, mamón. La pregunta estaba implícita en la pregunta del lector. ¿Por qué seguras, pongamos, que Millás es una región del horreur? ¿En qué se diferencia esa valoración de, pongamos, el rencor? La parte fácil de la respuesta la digo ahora, para que no la utilices: en la CT cualquier beligerancia está movida por la gama baja de los instintos: envidia, reconro, poker personal, etc.
EN mi próxima participación me reto, además de a contestarte, a explicarte un extraño fenómeno CT sucedido la semana pasada en Torre Vieja, Alicante. Estás invitado a un cenorrio en mi nueva casa. Tráete la cena y, de paso, la casa.
Un abrazo.
-EL TAPÓN. El tapón es un hecho científico. Hecho científico: un grupo de pollos que tenían 30 tacos en los 70’s –y que siguen teniendo 30 tacos en las fotos que endosan al lado de sus artículos-, son los que cortan el bacalao. Lamentablemente, aquí se acaban las descripciones científicas. Existe una renovación, pero esa renovación –creo que el concepto es tuyo; salió en una charla que mantuvimos en el café Gijón hace la tira, varias mujeres atrás- es únicamente biológica. Es decir, que un joven sustituye a un senior, si bien en el cambio no se produce otro fenómeno que continuidad. A la continuidad, a lo que tienen en común los seniors y los jóvenes que ocupan los despachos de la cultura –la CT tiene forma de despacho-, es lo que denomino CT. Y lo que intento describir. Observaciones: a) lo s pollos jóvenes me dan miedo. Saben a lo que van. A lo que van se llama CT. Y van a gestionarla. Es decir, a impedir el mal rollo por todos los medios. He dicho por todos. Y ese es su oficio. En las empresas dec omunicación o de cultura, ese joven ya es un personaje caricaturizable. Y que está haciendo mucha pupita. B) No existen generaciones en la CT. Fuera de ella, no existen grupos. Es más, no existe nada. Sólo freakies. Tu y yo somos, en este mismísimo momento, unos freakies. Hablamos de la cultura desde una perspectiva tan individual, solitaria y marginal que, el efecto, es que hablamos de Star Treck. Sorprendentemente,c), y a pesar de esa ausencia de tensión generacional, detecto últimamente una violencia atroz por parte de los seniors. Se trata de una violencia innecesaria –nadie les va a quitar su espacio; es más, no hay nadie que les quite su espacio; su espacio será cedido por renovación biológica; lo que, ahora, que me acuerdo, evoca un tanto el concepto “hecho biológico”, que de pequeñito tanto citaban los fachas cuando se ponían melancólicos-. Y que tiene que ver, digo yo, con la cosa psicológica. Saber que te morirás –digan lo que digan, uno sólo sabe que se va a morir a partir de cierta edad; a mi edad, por ejemplo, aún hay días en los que aún eres inmortal-, y que tu obra es prescindible. Es más, que tu obra es la gestión de tu obra que mantienes en vida, de manera que cuando te mueres, cuando dejas de gestionar tu presencia mediática y todo el pack CT de conductas del escritor / intelectual, desapareces. Para orientar un poco sobre la violencia de los seniors te explicaré una anécdota. Que conoces. Me temo que la primera vez que apareció el concepto tapón generacional por aquí abajo, fue en el volumen Franquismo Pop. Sé que hubo medios en los que no salieron reseñas, y sé que esos medios tenían jefe de sección de 50 tacos, cabreados por el concepto tapón generacional. Uno de los pollos que se negó a que apareciera una reseña en su medio, se hizo famoso por rechazarla –es decir, taponarla- al grito de “no soy un tapón”. Bueno, volviendo a la pregunta: ¿qué hay tras el tapón, en fin? Nada. CT. Que yo sepa.
-ESTA ES LA PREGUNTA. Mi pregunta de hoy es, en cierta manera, la pregunta que te formuló un lector ayer, defendiendo a Millás desde –me pareció apreciar- apreciaciones no-CT. Lo que nos vuelve a llevar al palabro canon, que tan poco te interesa y que a mi me interesa tanto ¿Qué sobrevivirá de la CT? Yo creo que esa es la pregunta del millón. Es decir, ¿Qué parte del tapón tenía razón? La España Oficial nunca ha dado nada al canon, ¿lo hará ahora? Pero las preguntas no son esas –aunque no estaría mal que te las pensaras, mamón. La pregunta estaba implícita en la pregunta del lector. ¿Por qué seguras, pongamos, que Millás es una región del horreur? ¿En qué se diferencia esa valoración de, pongamos, el rencor? La parte fácil de la respuesta la digo ahora, para que no la utilices: en la CT cualquier beligerancia está movida por la gama baja de los instintos: envidia, reconro, poker personal, etc.
EN mi próxima participación me reto, además de a contestarte, a explicarte un extraño fenómeno CT sucedido la semana pasada en Torre Vieja, Alicante. Estás invitado a un cenorrio en mi nueva casa. Tráete la cena y, de paso, la casa.
Un abrazo.
viernes, octubre 07, 2005
COLLEJAS Y TAPÓN
Aquí Echevarría en la tesitura de impartirse él mismo dos sonadas collejas:
Primera colleja (¡ay!): tiene razón Pep cuando puntualiza que la palabra España aparece nada menos que tres veces en el Preámbulo del proyecto de nuevo Estatut. Juro que lo inspeccioné con atención antes de asegurar otra cosa, pero está claro que los prejuicios pasan por encima de las evidencias, no sólo en mi caso. Será que, en lugar de la palabra España andaba yo buscando ¡España!, con reminiscencias de viejos ritos educativos. También convengo con Pep en que, así a lo tonto, ZP ha conseguido cosas. Pero es que a mí ese estilo “a lo tonto” me rompe los nervios, qué puedo hacerle. Y además: cultivo hacia ZP el resentimiento y la suspicacia invencibles que me suscita su partido, al que responsabilizo de casi todo, empezando por la mancha que descubro en la camisa que acabo de ponerme, recién planchada. Como sea, Pep se merece, eso sí, ser invitado a la cena del Boter. Pero conste que paga Martínez, que fue quien incumplió el plazo, aquí no valen bromas.
Segunda colleja (¡joder!): de acuerdo con Martínez en esto: no hayq ue mear fuera de tiesto, y yo no he sido traído aquí para hablar del Estatut (tanto menos si lo leo como lo leo), sino a buscarle las cosquillas al asunto este de la CT en su vertiente más netamente cultural. Ya saben: canon, Gironella, la industria del libro, la bodeguita de la Moncloa y cosas de esas. Un aburrimiento, pero se supone que es lo mío. Así que al tajo. Y con la nuca colorada, para más inri.
Querido Martínez: hoy no voy a responder a tu pregunta (“¿La CT es una CCNN?”). No la entiendo, y cuanto pueda decir al respecto lo dije ya el martes, citándote a ti. Prefiero así recoger tu concepto de staff, al que aún podemos sacarle más miga, y dar al lector despistado un ejemplo vivo del mismo. Lo encuentro en El País de ayer, en una banda publicitaria que anuncia un concierto en homenaje a Lázaro Cárdenas, bajo la rúbrica: “Exilio español” (y aquí me muerdo los dedos para no traer a colación lo que el amigo Pep decía acerca de lo que a su parecer constituía el gran hito del Estatut: la aparición, dentro del mismo, de la palabra exilio). Enumero la lista de participantes en el concierto por la parte española: Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Eduardo Haro Tecglen, Iñaki Gabilondo, Charo López, José Luis Gómez, José Sacristán y Nuria Espert. Ni dedicándole una tarde al asunto habría conseguido yo ofrecer una representación más plausible y caricaturesca de quienes configuran en la actualidad el satff cultural español, facción multimedia. Acabo de escribir “en la actualidad” pero esta lista podría haber sido confeccionada hace diez años. O veinte. Lo cual apunta a una peculiar característica del staff español: su inamovibilidad. Vale la pena darle vueltas a esta idea, jovenzuelos: el staff de la cultura española viene siendo prácticamente el mismo desde los años heroicos de la Transición, allá por los ochenta. Lo que me trae al recuerdo una vieja idea de Martínez, sobre la que los dos hemos discutido a menudo: la de que hay toda una generación, la que gestionó la Transición, que desde entonces no ha levantado el culo del asiento y que ha ejercido un efecto tapón sobre las sucesivas promociones de aspirantes a gestores CT y no-CT. Martínez y yo discutíamos sobre esto hace ya seis o siete años. Entonces le decía yo que si el tapón no sale disparado es porque la botella no tiene gas. Me pregunto ahora, y se lo pregunto a él, a ti, Martínez, ¿qué piensas al respecto?
En el mismo número de El País de ayer (jueves 6 de octubre) leo la noticia de que “Los Príncipes de Asturias entregan el Premio Cerecedo de Periodismo a Juan José Millás”. La noticia no recoge el importe del Premio, que presumo cuantioso. En la foto, aparece Millás, disfrazado del padre de Millás, al lado de Let y Cía. Millás es el modelo perfecto de escritor CT, de periodista CT, de intelectual CT. Volveré sobre el tema. Por ahora sólo quiero citar, al hilo de mi pregunta, algunas de las palabras pronunciadas durante el acto. Suso de Toro (presidente del jurado que ha concedido el premio): “Millás transforma la vida en palabras. Es sólo periodismo, pero nos gusta”. El Principote: “Estamos ante un escritor consagrado que atiende, sin sentirse de menos, a los asuntos imperativos de la actualidad, pero sin dejarse aturdir por el ruido ambiental”. Millás: “Toda conquista trascendental procede de la unión de contrarios” (esta es buena). Millás de nuevo: “No se me ocurre otra forma de agradecer este premio que comprometerme a continuar escribiendo”.
Horreur.
Primera colleja (¡ay!): tiene razón Pep cuando puntualiza que la palabra España aparece nada menos que tres veces en el Preámbulo del proyecto de nuevo Estatut. Juro que lo inspeccioné con atención antes de asegurar otra cosa, pero está claro que los prejuicios pasan por encima de las evidencias, no sólo en mi caso. Será que, en lugar de la palabra España andaba yo buscando ¡España!, con reminiscencias de viejos ritos educativos. También convengo con Pep en que, así a lo tonto, ZP ha conseguido cosas. Pero es que a mí ese estilo “a lo tonto” me rompe los nervios, qué puedo hacerle. Y además: cultivo hacia ZP el resentimiento y la suspicacia invencibles que me suscita su partido, al que responsabilizo de casi todo, empezando por la mancha que descubro en la camisa que acabo de ponerme, recién planchada. Como sea, Pep se merece, eso sí, ser invitado a la cena del Boter. Pero conste que paga Martínez, que fue quien incumplió el plazo, aquí no valen bromas.
Segunda colleja (¡joder!): de acuerdo con Martínez en esto: no hayq ue mear fuera de tiesto, y yo no he sido traído aquí para hablar del Estatut (tanto menos si lo leo como lo leo), sino a buscarle las cosquillas al asunto este de la CT en su vertiente más netamente cultural. Ya saben: canon, Gironella, la industria del libro, la bodeguita de la Moncloa y cosas de esas. Un aburrimiento, pero se supone que es lo mío. Así que al tajo. Y con la nuca colorada, para más inri.
Querido Martínez: hoy no voy a responder a tu pregunta (“¿La CT es una CCNN?”). No la entiendo, y cuanto pueda decir al respecto lo dije ya el martes, citándote a ti. Prefiero así recoger tu concepto de staff, al que aún podemos sacarle más miga, y dar al lector despistado un ejemplo vivo del mismo. Lo encuentro en El País de ayer, en una banda publicitaria que anuncia un concierto en homenaje a Lázaro Cárdenas, bajo la rúbrica: “Exilio español” (y aquí me muerdo los dedos para no traer a colación lo que el amigo Pep decía acerca de lo que a su parecer constituía el gran hito del Estatut: la aparición, dentro del mismo, de la palabra exilio). Enumero la lista de participantes en el concierto por la parte española: Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Eduardo Haro Tecglen, Iñaki Gabilondo, Charo López, José Luis Gómez, José Sacristán y Nuria Espert. Ni dedicándole una tarde al asunto habría conseguido yo ofrecer una representación más plausible y caricaturesca de quienes configuran en la actualidad el satff cultural español, facción multimedia. Acabo de escribir “en la actualidad” pero esta lista podría haber sido confeccionada hace diez años. O veinte. Lo cual apunta a una peculiar característica del staff español: su inamovibilidad. Vale la pena darle vueltas a esta idea, jovenzuelos: el staff de la cultura española viene siendo prácticamente el mismo desde los años heroicos de la Transición, allá por los ochenta. Lo que me trae al recuerdo una vieja idea de Martínez, sobre la que los dos hemos discutido a menudo: la de que hay toda una generación, la que gestionó la Transición, que desde entonces no ha levantado el culo del asiento y que ha ejercido un efecto tapón sobre las sucesivas promociones de aspirantes a gestores CT y no-CT. Martínez y yo discutíamos sobre esto hace ya seis o siete años. Entonces le decía yo que si el tapón no sale disparado es porque la botella no tiene gas. Me pregunto ahora, y se lo pregunto a él, a ti, Martínez, ¿qué piensas al respecto?
En el mismo número de El País de ayer (jueves 6 de octubre) leo la noticia de que “Los Príncipes de Asturias entregan el Premio Cerecedo de Periodismo a Juan José Millás”. La noticia no recoge el importe del Premio, que presumo cuantioso. En la foto, aparece Millás, disfrazado del padre de Millás, al lado de Let y Cía. Millás es el modelo perfecto de escritor CT, de periodista CT, de intelectual CT. Volveré sobre el tema. Por ahora sólo quiero citar, al hilo de mi pregunta, algunas de las palabras pronunciadas durante el acto. Suso de Toro (presidente del jurado que ha concedido el premio): “Millás transforma la vida en palabras. Es sólo periodismo, pero nos gusta”. El Principote: “Estamos ante un escritor consagrado que atiende, sin sentirse de menos, a los asuntos imperativos de la actualidad, pero sin dejarse aturdir por el ruido ambiental”. Millás: “Toda conquista trascendental procede de la unión de contrarios” (esta es buena). Millás de nuevo: “No se me ocurre otra forma de agradecer este premio que comprometerme a continuar escribiendo”.
Horreur.
jueves, octubre 06, 2005
EL NACIONALISMO ERA ÉL
Estimado pollo:
1-Tu texto parte de varios apriorismos erróneos. El más arriesgado es, sin duda, presuponer que mi tarjeta Visa está en condiciones de ser exhibida en Can Boter o, en general, en otro local comercial de la UE. Por otra parte apuestas por recursos de gato pardo. Gato pardo que pretende, lo dicho, que le invite a friskies en Can Boter, cuando todos los niños y niñas saben que es Echevarria, y no otro, quién interpretará paganini el viernes. La principal gatopardada, empero, es el clásico de intentar “liarme la picha” –entrecomillado suyo- sin responderme nada a cambio. Mi texto, consecuentemente, será un intento de liarme la picha a la cabeza. Y de volverte a preguntar lo preguntado esperando una respuesta. Este intercambio de opiniones, en fin, es lo que su nombre indica, y no una entrega de Kung-Fú o de Jorge Bucay, en el que los personajes aprenden de sus propias preguntas, lloran mucho y no comen en Can Boter como para una boda.
2-OK con tu pack canon. Y más aún con la construcción: “habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT”. Grande. Compro. Espero, snif, que lo compre alguien más.
3-Difiero de la idea de que la Transi consiste en la “transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT”. La socialdemocracia es una región de la izquierda que, por cierto, en 1981 la liaba en Suecia y estaba nacionalizando la banca en Francia. La izquierda local sufre en la Transi otra transformación paralela a la ue citas, en la que perdió otro componente. EL que le impide ser no-CT. No creo, por otra parte, que los nacionalismos y la izquierda hayan establecido en la transi una “alianza”, como tú la denominas. Simplemente, por cultura democrática, son más proclives a dialogar entre sí. Lo cual dibuja otro drama: la ausencia estadística de cultura democrática en la derecha española.
3-CC.NN. Vuelves a demostrar que eres un hombre de buen gusto al responder con mis palabras a mis preguntas. Si bien, en el trance, no las respondes. Te las vuelvo a formular de forma minimalista. La culturas nacionalistas, como las denominas, no son diferentes a la CT. Son una parte de ellas. O un paralelo. Es más -tachán-tachán- es preciso señalar que la CT es también CC.NN. Es decir, es una cultura nacionalista. A saber: a) nació para cohesionar a través de la reafirmación, b) se caracteriza por elidir la duda, la no reafirmación, c) está fundamentada en un mito nacional –la Transi-, d) tiene una particular relación con la historia, f) es castiza e inexportable –es decir, satisface sólo a una tribu-, g) carece de crítica, por lo que uno de sus resortes para crear canon es el éxito nacional. Ampliación punto g): cuando un producto o/y autor obtienen éxito en el extranjero, ese éxito es comunicado en los medios como éxito nacional. Ejemplo: Vila-Matas, pasó de vender 4.000 ejemplares a 10.000 tras aparecer en la portada del suplemento del tercer diario francés, y tras comunicarse en nuestros medios esa aparición como triunfo nacional.
4-Los puntos de vista ante los nacionalismos que, snif, tanto tu como otro lector consideran alejados del -llamémosle así, como lo llamas- "republicanismo de izquierdas", no van más lejos de los expuestos por Azaña cuando habló del tema, en 1932. Reconozco, en todo caso, que mi visión de los nacionalismos periféricos no es la esperada en un señor que no viste con traje regional, pero argumento en mi defensa que la CT se ha especializado en denunciar los nacionalismos sin oler el suyo propio. Un no-nacionalismo –esa cosa necesaria como el agua y que, por aquí abajo, no acaba de existir-, consiste también en observar los nacionalismos peninsulares desde lógicas no-CT.Y, por otra parte, no, no acepto que los nacionalismos sean la única beligerancia posible en la CT. Simplemente, lo describo. Y te pongo un ejemplo en mi descripción: la polémica del caso Echevarría -me refiero a la anterior a este otro caso que nos ocupa, consistente en Echevarría escaqueándose de un cenorrio en Can Boter-, era una polémica no nacionalista. Atxaga participó en ella explicando que la cosa se resumía en una agresión nacionalista a su persona y obra. Es decir, transformó /percibió una problemática no nacionalista, en un roce nacionalista. Es decir, CT. Describir no es aceptar, en fin. Te puedo describir, que este año las chicas llevan medias raras, sin que eso signifique que yo las lleve.
5-Me gustan los artículos de Pep porque emiten la idea de que el no-nacionalismo, que está por hacer –lo cual a) manda huevos, b) explica el carácter nacionalista de la CT-, es un punto de vista perplejo cuando se emite desde la no-CT. Cuando se emite desde la CT… Bueno, recordemos que la Capilla Sextina del no-nacionalismo CT integra ciudadanos del mundo como Jon Jauristi, Aznar, Jiménez Los Santos o Manolo el del Bombo. EL punto de vista absolutamente mayoritario empleado en los medios para aludir al Estatut no es, desde luego no-CT. Es nacionalismo -ultra, muchas veces- CT.
6-Echevarría, a ver si se entera. En beneficio de la agilidad en las gestiones opte por la ventanilla Pep cuando quiera hablar del Estatut. Cuando quiera hablar de lo nuestro y de cómo pagarme la cena que me debe, ventanilla Martínez. Haga, en todo caso lo caso lo que quiera, pero sin liarnos la picha. Tengo una edad en la que, en fin, ya está lo suficientemente liada. Bueno. Pregunta de hoy de la ventanilla Martínez: ¿La CT es una CCNN, esa cosa que aún no ha acabado, por otra parte, de describir?
1-Tu texto parte de varios apriorismos erróneos. El más arriesgado es, sin duda, presuponer que mi tarjeta Visa está en condiciones de ser exhibida en Can Boter o, en general, en otro local comercial de la UE. Por otra parte apuestas por recursos de gato pardo. Gato pardo que pretende, lo dicho, que le invite a friskies en Can Boter, cuando todos los niños y niñas saben que es Echevarria, y no otro, quién interpretará paganini el viernes. La principal gatopardada, empero, es el clásico de intentar “liarme la picha” –entrecomillado suyo- sin responderme nada a cambio. Mi texto, consecuentemente, será un intento de liarme la picha a la cabeza. Y de volverte a preguntar lo preguntado esperando una respuesta. Este intercambio de opiniones, en fin, es lo que su nombre indica, y no una entrega de Kung-Fú o de Jorge Bucay, en el que los personajes aprenden de sus propias preguntas, lloran mucho y no comen en Can Boter como para una boda.
2-OK con tu pack canon. Y más aún con la construcción: “habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT”. Grande. Compro. Espero, snif, que lo compre alguien más.
3-Difiero de la idea de que la Transi consiste en la “transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT”. La socialdemocracia es una región de la izquierda que, por cierto, en 1981 la liaba en Suecia y estaba nacionalizando la banca en Francia. La izquierda local sufre en la Transi otra transformación paralela a la ue citas, en la que perdió otro componente. EL que le impide ser no-CT. No creo, por otra parte, que los nacionalismos y la izquierda hayan establecido en la transi una “alianza”, como tú la denominas. Simplemente, por cultura democrática, son más proclives a dialogar entre sí. Lo cual dibuja otro drama: la ausencia estadística de cultura democrática en la derecha española.
3-CC.NN. Vuelves a demostrar que eres un hombre de buen gusto al responder con mis palabras a mis preguntas. Si bien, en el trance, no las respondes. Te las vuelvo a formular de forma minimalista. La culturas nacionalistas, como las denominas, no son diferentes a la CT. Son una parte de ellas. O un paralelo. Es más -tachán-tachán- es preciso señalar que la CT es también CC.NN. Es decir, es una cultura nacionalista. A saber: a) nació para cohesionar a través de la reafirmación, b) se caracteriza por elidir la duda, la no reafirmación, c) está fundamentada en un mito nacional –la Transi-, d) tiene una particular relación con la historia, f) es castiza e inexportable –es decir, satisface sólo a una tribu-, g) carece de crítica, por lo que uno de sus resortes para crear canon es el éxito nacional. Ampliación punto g): cuando un producto o/y autor obtienen éxito en el extranjero, ese éxito es comunicado en los medios como éxito nacional. Ejemplo: Vila-Matas, pasó de vender 4.000 ejemplares a 10.000 tras aparecer en la portada del suplemento del tercer diario francés, y tras comunicarse en nuestros medios esa aparición como triunfo nacional.
4-Los puntos de vista ante los nacionalismos que, snif, tanto tu como otro lector consideran alejados del -llamémosle así, como lo llamas- "republicanismo de izquierdas", no van más lejos de los expuestos por Azaña cuando habló del tema, en 1932. Reconozco, en todo caso, que mi visión de los nacionalismos periféricos no es la esperada en un señor que no viste con traje regional, pero argumento en mi defensa que la CT se ha especializado en denunciar los nacionalismos sin oler el suyo propio. Un no-nacionalismo –esa cosa necesaria como el agua y que, por aquí abajo, no acaba de existir-, consiste también en observar los nacionalismos peninsulares desde lógicas no-CT.Y, por otra parte, no, no acepto que los nacionalismos sean la única beligerancia posible en la CT. Simplemente, lo describo. Y te pongo un ejemplo en mi descripción: la polémica del caso Echevarría -me refiero a la anterior a este otro caso que nos ocupa, consistente en Echevarría escaqueándose de un cenorrio en Can Boter-, era una polémica no nacionalista. Atxaga participó en ella explicando que la cosa se resumía en una agresión nacionalista a su persona y obra. Es decir, transformó /percibió una problemática no nacionalista, en un roce nacionalista. Es decir, CT. Describir no es aceptar, en fin. Te puedo describir, que este año las chicas llevan medias raras, sin que eso signifique que yo las lleve.
5-Me gustan los artículos de Pep porque emiten la idea de que el no-nacionalismo, que está por hacer –lo cual a) manda huevos, b) explica el carácter nacionalista de la CT-, es un punto de vista perplejo cuando se emite desde la no-CT. Cuando se emite desde la CT… Bueno, recordemos que la Capilla Sextina del no-nacionalismo CT integra ciudadanos del mundo como Jon Jauristi, Aznar, Jiménez Los Santos o Manolo el del Bombo. EL punto de vista absolutamente mayoritario empleado en los medios para aludir al Estatut no es, desde luego no-CT. Es nacionalismo -ultra, muchas veces- CT.
6-Echevarría, a ver si se entera. En beneficio de la agilidad en las gestiones opte por la ventanilla Pep cuando quiera hablar del Estatut. Cuando quiera hablar de lo nuestro y de cómo pagarme la cena que me debe, ventanilla Martínez. Haga, en todo caso lo caso lo que quiera, pero sin liarnos la picha. Tengo una edad en la que, en fin, ya está lo suficientemente liada. Bueno. Pregunta de hoy de la ventanilla Martínez: ¿La CT es una CCNN, esa cosa que aún no ha acabado, por otra parte, de describir?
miércoles, octubre 05, 2005
DIGO DIEGO
Yo no sé, Martínez, si llegaremos a polemizar sobre la CT. Pero desde luego sí lo haremos sobre quién debe a quién una cena, capullete. Eres tú quien se ha rearasado con la respuesta a mi intervención del viernes. Y cdonste que aquí nadie ha dicho nada de librar los fines de semana, o al menos yo no me he enterado. Así que te espero el viernes en Ca’n Boter, tráete la tarjeta de crédito.
Otrosí: hablemos con más claridad. En adelante, nos exijo —a ti y a mi— formulaciones más nítidas y contundentes, para bien de todos. Y bienvenido sea el amigo Pep Campabadal, a él también quiero decirle algunas cosas, si me lo permite.
1. Diferenciar dos conceptos no supone distinguir dos realidades. De hecho, el staff es el residuo de realidad que corresponde al canon en la actualidad. Me dices que al distinguir canon y staff, “volvemos a reconocer dos Españas; una oficial y otra real”. Y a continuación constatas, desconsolado, que la real no comparece por ninguna parte. Ergo habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT, mira por dónde. 2. A ver si queda claro: una cultura sin crítica no tiene canon. La CT no tiene más canon que lo que se ve, es decir, aquello que ha prosperado a su sombra. Sin distingos de ninguna especie: Marías al lado de Prada al lado de Vila-Matas al lado de Zafón al lado de Millás al lado de Grandes al lado de Reverte al lado de Cercas al lado de Montero al lado de Posadas al lado de... etcétera, etcétera, etcétera. Por hablar de literatura. Y dentro de chorrocientos años no habrá Dios que se ocupe de averiguar qué cosa fuera el canon de este tiempo. ¿Por qué piensas que de una cultura sin crítica nacerá, vaya uno a saber cuándo, una “crítica colectiva futura”? Ni hablar del pirulí. El Club Gironella, sea lo que sea eso, lo formaremos en el futuro —lo formamos ya— todos. Bienvenido.
3. “Escasos segundos antes de decidirse por lo contrario”, como diría Martínez, la izquierda española, es decir, el PSOE, el PSC, el PSP, el PCE, el PSUC y tutti quanti, era de izquierdas. La Transición es el nombre que damos a la súbita Transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT. Entre las razones que explican este milagro hay una que debe tenerse especialmente en cuenta: la alianza de la izquierda con el nacionalismo, inducida por un equívoco formidable que se mantiene vigente en la actualidad. Consiste en lo siquiente: la izquierda resistió contra Franco, el nacionalismo resistió contra Franco, luego el nacionalismo y la izquierda pertenecen al mismo bando. El Estado de las Autonomías es la gran conquista de la izquierda durante la Transición, pactada al precio de renunciar al republicanismo y a la pérdida de hegemonía en el País Vasco y en Cataluña. Digo esto último y me quedo mirándote con cara de haber sacado un seis en el juego de la oca. Repito tirada, y de oca en oca tiro porque me toca para llegar, sin más explicaciones, a darte las explicaciones que me pides. Lo haré con tus mismas palabras: “las culturas autónomas en la CT” son “descentralizaciones de la CT”; las “propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar”; “con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posicionamientos nacionalistas”; “si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filón”; “en el caso catalán, la cosa es especialmente dramática: desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales, su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad, algo, por otro parte, muy español”. Omito algunas frases que entran en colisión con éstas; pero que conste que las contradicciones, si las hay, las pones tú mismo, así que a ti te toca desliarte la picha. Yo con esto satisfago tu demanda de que puntualice mejor el concepto de CCNN.
4. En este punto cuatro se me acumula la faena y el caso es que no quiero perderme la cena gratis en el Boter, así que me abro paso a lo bestia. Leo los discursos y las entrevistas con Maragall, y me llena de aprensión verle emplear a troche y moche una palabra fetiche de la CT: seducción. “Queremos seducir a España.” Por cierto, que la palabra España, que Maragall emplea ahora con tanta cordialidad, no sale en el Estatut por ningún lado, o al menos tarda en salir, porque todavía no me lo he leído entero. Lo que sí me llevo leída es ese preámbulo que os pone tanto y que a mí me parece un modelo de chatarrería verbal, lleno de palabras insignia disueltas en ambigüedades. También dice Maragall, en entrevista con El País, que la palabra nación significa lo que en la Constitución la palabra nacionalidad. Y reconozco en ello otro rasgo típico CT: las palabras significan lo que mejor nos conviene en cada momento, de manera que, llegada la ocasión, donde dije digo digo Diego y aquí no ha pasado nada. En cualquier caso, tenemos un Estatut que no es CT, al decir tuyo, pero cuyo aspecto más problemático, el modelo de financiación, justamente, fue creado, como tú mismo reconoces, “por CT System”. Vaya. Y en todo este gurigay tú reconoces, dices, “una crítica a los modos de proceder de la Transi”. Será porque no recuerdas los debates de las Cortes Constituyentes. O los de los años heroicos de la Transi, como el debate sobre la entrada en la OTAN. Yo sí, y por eso me mosquea la pretensión, sustentada por ti, Martínez, y por Pep Campabadal, de que el nuevo Estatut (donde dije digo digo Diego) no es nacionalista, y el que a los dos os puedan conmover declaraciones tan pomposas y dudosamente autosatisfechas como la de que “la Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”. Me mosquea también que tú, Martínez, un viejo republicano de izquierdas, aceptes tan campante que el nacionalismo sea, desde 1978, la única beligerancia posible en este país, y que por eso haya que acudir al marco que él establece para esbozar, tímidamente y con himnos al fondo, “una teoría de los derechos individuales y colectivos”. Aceptar este marco como única plataforma viable para sentar esta teoría es uno de los logros indelebles de la cultura política de la Transición. ¿Y dudas que lo que nos espera sea otra cosa que un espectáculo CT? ¿Piensas que nos abocamos a otra cosa que a una descentralización de la CT, auspiciada por la misma izquierda que no supo plantear ninguna otra beligerancia que esta misma —la del nacionalismo— que no era la suya?
Ignacio Echevarría
Otrosí: hablemos con más claridad. En adelante, nos exijo —a ti y a mi— formulaciones más nítidas y contundentes, para bien de todos. Y bienvenido sea el amigo Pep Campabadal, a él también quiero decirle algunas cosas, si me lo permite.
1. Diferenciar dos conceptos no supone distinguir dos realidades. De hecho, el staff es el residuo de realidad que corresponde al canon en la actualidad. Me dices que al distinguir canon y staff, “volvemos a reconocer dos Españas; una oficial y otra real”. Y a continuación constatas, desconsolado, que la real no comparece por ninguna parte. Ergo habrá que admitir que la España oficial viene a ser la España real, si es que alguna hay. Con lo que acabamos de establecer la definición más exacta a la que hemos llegado hasta el momento de la CT, mira por dónde. 2. A ver si queda claro: una cultura sin crítica no tiene canon. La CT no tiene más canon que lo que se ve, es decir, aquello que ha prosperado a su sombra. Sin distingos de ninguna especie: Marías al lado de Prada al lado de Vila-Matas al lado de Zafón al lado de Millás al lado de Grandes al lado de Reverte al lado de Cercas al lado de Montero al lado de Posadas al lado de... etcétera, etcétera, etcétera. Por hablar de literatura. Y dentro de chorrocientos años no habrá Dios que se ocupe de averiguar qué cosa fuera el canon de este tiempo. ¿Por qué piensas que de una cultura sin crítica nacerá, vaya uno a saber cuándo, una “crítica colectiva futura”? Ni hablar del pirulí. El Club Gironella, sea lo que sea eso, lo formaremos en el futuro —lo formamos ya— todos. Bienvenido.
3. “Escasos segundos antes de decidirse por lo contrario”, como diría Martínez, la izquierda española, es decir, el PSOE, el PSC, el PSP, el PCE, el PSUC y tutti quanti, era de izquierdas. La Transición es el nombre que damos a la súbita Transubstanciación de la izquierda española en socialdemocracia, es decir, en CT. Entre las razones que explican este milagro hay una que debe tenerse especialmente en cuenta: la alianza de la izquierda con el nacionalismo, inducida por un equívoco formidable que se mantiene vigente en la actualidad. Consiste en lo siquiente: la izquierda resistió contra Franco, el nacionalismo resistió contra Franco, luego el nacionalismo y la izquierda pertenecen al mismo bando. El Estado de las Autonomías es la gran conquista de la izquierda durante la Transición, pactada al precio de renunciar al republicanismo y a la pérdida de hegemonía en el País Vasco y en Cataluña. Digo esto último y me quedo mirándote con cara de haber sacado un seis en el juego de la oca. Repito tirada, y de oca en oca tiro porque me toca para llegar, sin más explicaciones, a darte las explicaciones que me pides. Lo haré con tus mismas palabras: “las culturas autónomas en la CT” son “descentralizaciones de la CT”; las “propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar”; “con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posicionamientos nacionalistas”; “si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filón”; “en el caso catalán, la cosa es especialmente dramática: desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales, su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad, algo, por otro parte, muy español”. Omito algunas frases que entran en colisión con éstas; pero que conste que las contradicciones, si las hay, las pones tú mismo, así que a ti te toca desliarte la picha. Yo con esto satisfago tu demanda de que puntualice mejor el concepto de CCNN.
4. En este punto cuatro se me acumula la faena y el caso es que no quiero perderme la cena gratis en el Boter, así que me abro paso a lo bestia. Leo los discursos y las entrevistas con Maragall, y me llena de aprensión verle emplear a troche y moche una palabra fetiche de la CT: seducción. “Queremos seducir a España.” Por cierto, que la palabra España, que Maragall emplea ahora con tanta cordialidad, no sale en el Estatut por ningún lado, o al menos tarda en salir, porque todavía no me lo he leído entero. Lo que sí me llevo leída es ese preámbulo que os pone tanto y que a mí me parece un modelo de chatarrería verbal, lleno de palabras insignia disueltas en ambigüedades. También dice Maragall, en entrevista con El País, que la palabra nación significa lo que en la Constitución la palabra nacionalidad. Y reconozco en ello otro rasgo típico CT: las palabras significan lo que mejor nos conviene en cada momento, de manera que, llegada la ocasión, donde dije digo digo Diego y aquí no ha pasado nada. En cualquier caso, tenemos un Estatut que no es CT, al decir tuyo, pero cuyo aspecto más problemático, el modelo de financiación, justamente, fue creado, como tú mismo reconoces, “por CT System”. Vaya. Y en todo este gurigay tú reconoces, dices, “una crítica a los modos de proceder de la Transi”. Será porque no recuerdas los debates de las Cortes Constituyentes. O los de los años heroicos de la Transi, como el debate sobre la entrada en la OTAN. Yo sí, y por eso me mosquea la pretensión, sustentada por ti, Martínez, y por Pep Campabadal, de que el nuevo Estatut (donde dije digo digo Diego) no es nacionalista, y el que a los dos os puedan conmover declaraciones tan pomposas y dudosamente autosatisfechas como la de que “la Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”. Me mosquea también que tú, Martínez, un viejo republicano de izquierdas, aceptes tan campante que el nacionalismo sea, desde 1978, la única beligerancia posible en este país, y que por eso haya que acudir al marco que él establece para esbozar, tímidamente y con himnos al fondo, “una teoría de los derechos individuales y colectivos”. Aceptar este marco como única plataforma viable para sentar esta teoría es uno de los logros indelebles de la cultura política de la Transición. ¿Y dudas que lo que nos espera sea otra cosa que un espectáculo CT? ¿Piensas que nos abocamos a otra cosa que a una descentralización de la CT, auspiciada por la misma izquierda que no supo plantear ninguna otra beligerancia que esta misma —la del nacionalismo— que no era la suya?
Ignacio Echevarría
INTERMEZZO. TABÚES
-INTERMEZZING. Hola. Me llamo Martínez y escribo en cursiva. No así Pep Campabadal que va y escribe en georgian. Y no así Echevarría, que ayer se escaqueó de su artículo –nota: la idea original es realizar 15 artículos cada uno, es decir, prolongar la polémica Echevarría un mes-, con lo que Echevarría ya debe invitarme a más cenas que el Teresa from Calcuta Endowment. Bueno. Pep prosigue con su idea de interpretar el Estatut como no-CT, es decir, en tanto que usuario de una lógica en la se colaría también el palabro no-nacionalismo, entendiendo no-nacionalismo como lo contrario al dibujo del no-nacionalismo emitido por uno de los dos sectores nacionalistas radicales que operan en Euskadi, o que se centraban en Euskadi antes de centrarse en el Estatut. No sé, ustedes, pero yo estoy disfrutando de su lógica. Mucho más en tanto, desde hace más de 150 horas, no veo más que una lógica en los medios –fundamentalmente, los audiovisuales-, que han abierto la veda al tema. Nota de color al respecto: desde hace 24 horas he empezado a apuntar las mentiras absolutas -en su sentido más filológico; es decir, negando la evidencia de un texto escrito- emitidas por los pollos que vociferan a cámara con la vena del cuello inflada. Mentiras más llamativas y no contestadas por ningún otro tipo de lógica o pollo presentes en el mismo plató: a) el Estatut dispone que el Tribunal Constitucional no será una instancia válida en Catalunya, b) el catalán será de uso obligatorio para todos los ciudadanos de Catalunya, c) Catalunya será un mercado cerrado –en un mundo en el que ni siquiera Korea del Norte es un mercado cerrado, por otra parte-, d) el término nación equivale al término Estado –lo que, por otra parte, obligaría a la nación Sioux a ser Estado, y al Vaticano a dejar de serlo-. He consultado la audiencia de los programas televisivos en los que he oído estas genialidades -no son opiniones, son abiertamente falsedades demostrables-, y la menor gira en torno a los 3.000.000 de espectadores. Socorro. Bueno. Espero que disfruten con las posibilidades de la lógica no-CT. Como, en otro orden de cosas, espero, Echevarría, que te pongas las pilas y que, independientemente de ello, te den por el XXXX con una caña rota, que diría el profesor Rico. Les dejo con Pep y con su hit “Tabúes”.
-TABÚES.
Un tabú tiene como condición necesaria la existencia de dos elementos: la presencia de un problema importante, y la dificultad de darle una solución. En España es tabú la monarquía. Es tabú, asimismo, la extrema derecha. Y, sobre todo, es tabú el nacionalismo español. Por contra, los nacionalismos periféricos son uno de los principales temas del debate político. Y, significativamente, tienen menos problemas para describir objetos gores como la eta. Las culturas nacionalistas de las que hablaba Echevarría son victimistas, son reduccionistas y tienden a identificar falazmente todo lo español con episodios felizmente pasados, pero permiten la formulación de más preguntas y, sobre todo, tienen más reflejos cuando el Gobierno abre dos vías de investigación. Lo que no es poco, ya que una cosa es que la máquina no te devuelva el cambio, y otra bien distinta que se te coma las pelas.
A esos nacionalismos se les ha querido oponer la Constitución, identificada con la democracia y, en giro poéticamente freudiano, con el así llamado no-nacionalismo. La apelación a la violencia para mantener la unidad patria o el artículo 30.1 de nuestra constitución –“Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”- son residuos de ese nacionalismo gore que tan bien se nos ha dado a los europeos. En pocas palabras: un patriota constitucional es a un nacionalista lo que un juancarlista es a un monárquico. El Estatut no impone en ningún sitio a la ciudadanía el deber de defender a Catalunya.
“La Generalitat es Estado” es el principio fundamental del Estatut. Está reivindicado expresamente en los artículos 3 y 67, y desarrollado en el 182. “La Generalitat es Estado” es un concepto que reivindicaba la parte más democrática de la derecha española hace 12 años –Fraga, Rajoy-. “La Generalitat es Estado” es un concepto que se presta al pugilismo de los tertulianos, pero significa una sola cosa: Catalunya es España. “La Generalitat es Estado” es una consecuencia del principio de subsidiariedad –ese que dice que la gestión debe acercarse a la ciudadanía-. “La Generalitat es Estado”, lejos de entender la Generalitat como un oscuro ente separatista y judeo-masónico, significa que la Generalitat forma parte del Estado.
Todas las organizaciones españolas con trayectoria democrática y anti-fascista tienen órganos directivos federales o confederales, en oposición a los órganos nacionales que caracterizan a las organizaciones sin pasado. “La Generalitat es Estado” es un principio coherente con los principios federales. Es compatible, asimismo, con el iberismo de las cartas entre Unamuno y el poeta Maragall. Es compatible, también, con la apelación a los “pueblos de España” que aparece en preámbulo constitucional.
Apartado de lenguas. Yo hablo en catalán con mi prima, y en castellano con su hermano. Mi hermano habla en castellano con mi prima, y en catalán con su hermano. Mis primos hablan entre ellos en castellano, y yo hablo en catalán con mi hermano, que es la lengua que hablamos con mi madre. Con mi padre, en castellano. Esto, que parece muy complicado, es muy sencillo. El Estatut proclama la oficialidad de los dos idiomas, y el derecho a ser atendido en todas las administraciones que pagamos –el cliente siempre tiene razón- en la lengua que uno elija. El Estatut mantiene, asimismo, la educación en catalán. La educación en catalán ha servido para dos cosas: a) consolidar una generación bilingüe, y b) consolidar una generación educada en la misma aula, a diferencia del sistema educativo vasco que tiene modelos separados –euskera, mixto y castellano-. Por último, no tiene ningún sentido detectar oscuras obsesiones tribales en el tema de la lengua cuando el Estatut es la primera ley española en la que aparece –artículo 44- la obligación de promover el conocimiento de un tercer idioma –adicionalmente a los dos idiomas españoles que ya dominamos- durante la educación obligatoria.
El Estatut consiste, en último término, en la liquidación de una situación poco encomiable, plasmada en el pacto del Majestic entre convergentes y populares. Ese modelo repartía entre las dos derechas nacionalistas dos territorios bajo la premisa del desinterés absoluto de cada una de las partes en el terruño de la otra –hecho carne en la patada para arriba que recibió Vidal-Quadras-, considerado un coto privado de la otra parte contratante. El Estatut propone poner fin a ese darse la espalda, y apuesta por la implicación de Catalunya en el resto de España de acuerdo con principios federales y contrarios al centralismo nacional de la nación de Madrid. Los alemanes tienen la capitalidad política en un sitio, la industrial en otro, la mediática en otro, la judicial en otro, y así sucesivamente. El Estatut es una manera de preguntarnos por qué el Tribunal Constitucional no puede estar en Sevilla, y esa pregunta es una manera de decir que estamos hablando de todos, y de que ha llegado el momento de jubilar el “nosotros y ellos”. O, lo que es lo mismo: el nacionalismo del Estatut son, al igual que los Reyes Magos, los padres.
Pep Campabadal
-TABÚES.
Un tabú tiene como condición necesaria la existencia de dos elementos: la presencia de un problema importante, y la dificultad de darle una solución. En España es tabú la monarquía. Es tabú, asimismo, la extrema derecha. Y, sobre todo, es tabú el nacionalismo español. Por contra, los nacionalismos periféricos son uno de los principales temas del debate político. Y, significativamente, tienen menos problemas para describir objetos gores como la eta. Las culturas nacionalistas de las que hablaba Echevarría son victimistas, son reduccionistas y tienden a identificar falazmente todo lo español con episodios felizmente pasados, pero permiten la formulación de más preguntas y, sobre todo, tienen más reflejos cuando el Gobierno abre dos vías de investigación. Lo que no es poco, ya que una cosa es que la máquina no te devuelva el cambio, y otra bien distinta que se te coma las pelas.
A esos nacionalismos se les ha querido oponer la Constitución, identificada con la democracia y, en giro poéticamente freudiano, con el así llamado no-nacionalismo. La apelación a la violencia para mantener la unidad patria o el artículo 30.1 de nuestra constitución –“Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”- son residuos de ese nacionalismo gore que tan bien se nos ha dado a los europeos. En pocas palabras: un patriota constitucional es a un nacionalista lo que un juancarlista es a un monárquico. El Estatut no impone en ningún sitio a la ciudadanía el deber de defender a Catalunya.
“La Generalitat es Estado” es el principio fundamental del Estatut. Está reivindicado expresamente en los artículos 3 y 67, y desarrollado en el 182. “La Generalitat es Estado” es un concepto que reivindicaba la parte más democrática de la derecha española hace 12 años –Fraga, Rajoy-. “La Generalitat es Estado” es un concepto que se presta al pugilismo de los tertulianos, pero significa una sola cosa: Catalunya es España. “La Generalitat es Estado” es una consecuencia del principio de subsidiariedad –ese que dice que la gestión debe acercarse a la ciudadanía-. “La Generalitat es Estado”, lejos de entender la Generalitat como un oscuro ente separatista y judeo-masónico, significa que la Generalitat forma parte del Estado.
Todas las organizaciones españolas con trayectoria democrática y anti-fascista tienen órganos directivos federales o confederales, en oposición a los órganos nacionales que caracterizan a las organizaciones sin pasado. “La Generalitat es Estado” es un principio coherente con los principios federales. Es compatible, asimismo, con el iberismo de las cartas entre Unamuno y el poeta Maragall. Es compatible, también, con la apelación a los “pueblos de España” que aparece en preámbulo constitucional.
Apartado de lenguas. Yo hablo en catalán con mi prima, y en castellano con su hermano. Mi hermano habla en castellano con mi prima, y en catalán con su hermano. Mis primos hablan entre ellos en castellano, y yo hablo en catalán con mi hermano, que es la lengua que hablamos con mi madre. Con mi padre, en castellano. Esto, que parece muy complicado, es muy sencillo. El Estatut proclama la oficialidad de los dos idiomas, y el derecho a ser atendido en todas las administraciones que pagamos –el cliente siempre tiene razón- en la lengua que uno elija. El Estatut mantiene, asimismo, la educación en catalán. La educación en catalán ha servido para dos cosas: a) consolidar una generación bilingüe, y b) consolidar una generación educada en la misma aula, a diferencia del sistema educativo vasco que tiene modelos separados –euskera, mixto y castellano-. Por último, no tiene ningún sentido detectar oscuras obsesiones tribales en el tema de la lengua cuando el Estatut es la primera ley española en la que aparece –artículo 44- la obligación de promover el conocimiento de un tercer idioma –adicionalmente a los dos idiomas españoles que ya dominamos- durante la educación obligatoria.
El Estatut consiste, en último término, en la liquidación de una situación poco encomiable, plasmada en el pacto del Majestic entre convergentes y populares. Ese modelo repartía entre las dos derechas nacionalistas dos territorios bajo la premisa del desinterés absoluto de cada una de las partes en el terruño de la otra –hecho carne en la patada para arriba que recibió Vidal-Quadras-, considerado un coto privado de la otra parte contratante. El Estatut propone poner fin a ese darse la espalda, y apuesta por la implicación de Catalunya en el resto de España de acuerdo con principios federales y contrarios al centralismo nacional de la nación de Madrid. Los alemanes tienen la capitalidad política en un sitio, la industrial en otro, la mediática en otro, la judicial en otro, y así sucesivamente. El Estatut es una manera de preguntarnos por qué el Tribunal Constitucional no puede estar en Sevilla, y esa pregunta es una manera de decir que estamos hablando de todos, y de que ha llegado el momento de jubilar el “nosotros y ellos”. O, lo que es lo mismo: el nacionalismo del Estatut son, al igual que los Reyes Magos, los padres.
Pep Campabadal
martes, octubre 04, 2005
INTERMEZZO. EL HITO.
Para acabarlo de liar más, he aquí otra pieza del calidoscopio. Les presento la polémica –o algo así; será polémica en tanto se presenta un punto de vista no CT ante un tema tratado con nocturnidad y Ctlosía; y en tanto les sirva a ustedes para algo polémico-, anunciada ayer, que se mezclará con la polémica Echevarría –Echevarría, tic-tac, me debes una cena-, y que versará sobre el nuevo Estatut para Catalunya. Se trata de plantear que el Estatut es un objeto no CT y, a la vez, no-nacionalista. O mucho menos nacionalista, en todo caso, de lo que opina el Complejo Industrial Armamentístico –COPE, Razón, ABC, Mundo, el Jefe de la Cúpula Militar y, al parecer, su jefe-. También, por lo mismo y por el mismo precio, se trata de descubrir nuevas descripciones no-CT sobre el asunto, un asunto al cual la CT le costará un huevo describir, en tanto no-CT. Para plantear la polémica les presento a Pep Campabadal, que a su vez se presenta de la siguiente forma: “me llamo Pep, no había nacido cuando murió Franco y tomó el relevo nuestro actual Jefe de Estado, soy ingeniero, y colaboro con un blog en http://www.lapaginadefinitiva.com. En lo que sigue, voy a tratar de poner en solfa el carácter no-CT del Estatut, y su carácter no-nacionalista”. Lo que sigue es la respuesta -emitida por una persona que se sitúa a sí mismo en el hard-core intelectual de lo que podría denominarse maragallismo y con la que comparto una gran complicidad y, a la vez, sorpresa, cuando hablamos de la vida- a una pregunta que le formulé -¿cuáles son los componentes no-CT del Estatuto?. EL resultado es este artículo que va y titula: “El hito”.
-EL HITO
El hito del Estatut es la aparición de la palabra “exilio”. Es la principal diferencia entre el Estatut y el resto de papelotes legales de España. “Exilio” y “exiliados” aparecen en el preámbulo del Estatut, que tiene un artículo –el 54-, en el título de derechos, referido expresamente a la memoria histórica. El preámbulo del Estatut reconoce, además, la legalidad republicana, y la reconoce de forma expresa al reivindicar la legitimidad de la Generalitat en el exilio –“La Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”-.
En este sentido, el Estatut es todo lo contrario que la CT –esto es, la voluntad de ceguera con respecto al pasado-. En la negociación estatutaria, lo más relevante es que, en el despacho de al lado, no había un pollo con uniforme, medallas, una pistola y un boli rojo. Los cuatro partidos que han aprobado el Estatut, por su parte, hablaron expresamente y con inopinada claridad del pollo que, en el 78, estaba en el despacho de al lado, ese al que la CT no ve. Los discursos del miércoles en el Parlament son el reflejo de una interpretación de la transición proscrita por la CT. Esa interpretación tiene dos patas, a saber, a) la constatación de las importantes cesiones que, a causa del juicioso miedo a un golpe de estado –en el 78, todo pichichi recitaba de carrerilla los nombre de los militares con más hambre de gol tal y como hoy recitamos los de los presis de las CCAA-, realizaron los demócratas españoles frente a aquellos que aportaron su granito de pólvora, perdón, de arena, en el exterminio de la República –los militares, los monárquicos, la Iglesia-; b) la aceptación de la Constitución y de sus límites, esto es, el respeto escrupuloso al estado de derecho.
Uno de los aspectos más relevantes del Estatut es la inclusión del artículo 122 y del apartado d) de la tercera disposición adicional. Son artículos que permiten la celebración de consultas populares a las diferentes instituciones catalanas–no solo la Generalitat-, consultas limitadas a su ámbito competencial –o sea, que va a seguir la situación surrealista en la cual el Instituto Opina le puede preguntar a la gente si es independentista, y las instituciones no-. Un referéndum –esto es, algo en lo que puedes decir sí o no- es todo lo contrario al consenso. La santificación del consenso es el aspecto más característico de la CT. Es una santificación basada en la creencia de que las divergencias de opiniones conducen irremediablemente al enfrentamiento civil. En 2005, después de la feliz desaparición del mapa de los militares y con el terrorismo en fase terminal, en España es posible la pluralidad de opiniones sin que ello implique consecuencias indeseables.
En resumen, el Estatut ha tenido un debate político largo y tortuoso. El debate ha estado condicionado por los intereses partidistas. Ha sido, además, un debate que ha suscitado poco interés en la ciudadanía –como el europeo-. El acuerdo final incorpora las ideas aparecidas en los programas electorales de los partidos que han votado el acuerdo. En esto consiste la democracia, con todos sus defectos. Lo otro son los cuarenta años de paz, y los bien distintos condicionantes que limitaron el proceso del 78. El Estatut, tiene la misma lógica interna que la reforma del Valle de los Caídos, la deslocalización del botín de guerra de los fascistas sito en Salamanca o las trifulcas del Gobierno con los obispos y su brazo político. El Estatut guarda más relación con lo español que con lo catalán. Por ello no es nacionalista, y ha contado entre sus impulsores con ZP.
En la siguiente entrega hablaré del carácter no-nacionalista del Estatut tratando de dejar a un lado argumentos facilones como los que apelan al reconocimiento de la “realidad nacional” del Valle de Aran. Mientras, y viendo que la onfaloscopia que caracteriza a la prensa catalana se va extendiendo a otros territorios, me gustaría que, en la línea de lo que ya he leído aquí –verbigracia, sin la vena hinchada-, los lectores se apuntaran a valorar el Estatut, y más concretamente su hito-“exilio”-. De ese hito iba principalmente el especial con que el semanario británico “The Economist” saludó el triunfo de ZP en las generales. De hecho, se titulaba “Spain: the second transition”. Anímense: tengo una amiga bisexual, y está leyendo en este momento.
Pepe Campabadal
-EL HITO
El hito del Estatut es la aparición de la palabra “exilio”. Es la principal diferencia entre el Estatut y el resto de papelotes legales de España. “Exilio” y “exiliados” aparecen en el preámbulo del Estatut, que tiene un artículo –el 54-, en el título de derechos, referido expresamente a la memoria histórica. El preámbulo del Estatut reconoce, además, la legalidad republicana, y la reconoce de forma expresa al reivindicar la legitimidad de la Generalitat en el exilio –“La Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”-.
En este sentido, el Estatut es todo lo contrario que la CT –esto es, la voluntad de ceguera con respecto al pasado-. En la negociación estatutaria, lo más relevante es que, en el despacho de al lado, no había un pollo con uniforme, medallas, una pistola y un boli rojo. Los cuatro partidos que han aprobado el Estatut, por su parte, hablaron expresamente y con inopinada claridad del pollo que, en el 78, estaba en el despacho de al lado, ese al que la CT no ve. Los discursos del miércoles en el Parlament son el reflejo de una interpretación de la transición proscrita por la CT. Esa interpretación tiene dos patas, a saber, a) la constatación de las importantes cesiones que, a causa del juicioso miedo a un golpe de estado –en el 78, todo pichichi recitaba de carrerilla los nombre de los militares con más hambre de gol tal y como hoy recitamos los de los presis de las CCAA-, realizaron los demócratas españoles frente a aquellos que aportaron su granito de pólvora, perdón, de arena, en el exterminio de la República –los militares, los monárquicos, la Iglesia-; b) la aceptación de la Constitución y de sus límites, esto es, el respeto escrupuloso al estado de derecho.
Uno de los aspectos más relevantes del Estatut es la inclusión del artículo 122 y del apartado d) de la tercera disposición adicional. Son artículos que permiten la celebración de consultas populares a las diferentes instituciones catalanas–no solo la Generalitat-, consultas limitadas a su ámbito competencial –o sea, que va a seguir la situación surrealista en la cual el Instituto Opina le puede preguntar a la gente si es independentista, y las instituciones no-. Un referéndum –esto es, algo en lo que puedes decir sí o no- es todo lo contrario al consenso. La santificación del consenso es el aspecto más característico de la CT. Es una santificación basada en la creencia de que las divergencias de opiniones conducen irremediablemente al enfrentamiento civil. En 2005, después de la feliz desaparición del mapa de los militares y con el terrorismo en fase terminal, en España es posible la pluralidad de opiniones sin que ello implique consecuencias indeseables.
En resumen, el Estatut ha tenido un debate político largo y tortuoso. El debate ha estado condicionado por los intereses partidistas. Ha sido, además, un debate que ha suscitado poco interés en la ciudadanía –como el europeo-. El acuerdo final incorpora las ideas aparecidas en los programas electorales de los partidos que han votado el acuerdo. En esto consiste la democracia, con todos sus defectos. Lo otro son los cuarenta años de paz, y los bien distintos condicionantes que limitaron el proceso del 78. El Estatut, tiene la misma lógica interna que la reforma del Valle de los Caídos, la deslocalización del botín de guerra de los fascistas sito en Salamanca o las trifulcas del Gobierno con los obispos y su brazo político. El Estatut guarda más relación con lo español que con lo catalán. Por ello no es nacionalista, y ha contado entre sus impulsores con ZP.
En la siguiente entrega hablaré del carácter no-nacionalista del Estatut tratando de dejar a un lado argumentos facilones como los que apelan al reconocimiento de la “realidad nacional” del Valle de Aran. Mientras, y viendo que la onfaloscopia que caracteriza a la prensa catalana se va extendiendo a otros territorios, me gustaría que, en la línea de lo que ya he leído aquí –verbigracia, sin la vena hinchada-, los lectores se apuntaran a valorar el Estatut, y más concretamente su hito-“exilio”-. De ese hito iba principalmente el especial con que el semanario británico “The Economist” saludó el triunfo de ZP en las generales. De hecho, se titulaba “Spain: the second transition”. Anímense: tengo una amiga bisexual, y está leyendo en este momento.
Pepe Campabadal
lunes, octubre 03, 2005
¿CT DE LAS AUTONOMÍAS?
-EL CANON, INDEED. Te ruego, pollo, no abandonar la cosa canon, sino darle un tute. Tute dado hasta ahora: hemos realizado el pequeño polvo de diferenciar el palabro canon -los all-stars de un espacio-tiempo-, del palabro staff -los all-stars de este espacio-tiempo-. Es un polvo en cuanto con la diferenciación volvemos a reconocer dos Españas: una oficial y otra real, como siempre. El problema, snif, es que no veo la real por ninguna parte. Te ruego que medites sobre el canon de la CT. Es decir, sobre lo real. Es decir, sobre el canon de este periodo dentro de chorrocientos años. Es decir, en una cultura sin crítica, ¿qué será entendido como literatura por la crítica colectiva futura, por los lectores aún no nacidos?. Y, ya puestos, ¿qué y quién será Club Gironella?
¿EXISTEN LAS CULTURAS AUTONÓMICAS? Tengo mis dudas sobre si la izquierda es la autora genérica del Estado de las Autonomías. La izquierda, escasos segundos antes de decidirse por lo contrario, tenía otra forma de Estado en su cabeza. Y otro mapa autonómico. De lo que se deduce que la actual forma del Estado y el actual mapa autonómico no son trade-mark suyo. Es más, yo diría que la fórmula del café para todos fue un recurso para que dos comunidades no pidieran long-drink, una opción presente en los programas políticos de los dos grandes partidos políticos de la izquierda en 1977. Me preguntas, no obstante, sobre los efectos letales de la cosa autonómica en nuestra cultura. Ignoro sin son letales. Es decir, ignoro si existen las culturas autónomas en la CT, o existen descentralizaciones de la CT. Qué lío. En todo caso, te explico hasta donde han llegado las investigaciones de los científicos de la NASA que trabajan en este blog. Alehop. Desconozco las reglas del juego vascas y gallegas. En el caso de la cosa he jugado con mi experiencia catalana. A ese respecto, el blog / el menda ha observado que las propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, que su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar. Con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posiconamientos nacionalistas. Y, aquí, una observación emitida también en el blog. El nacionalismo, tal y como ha quedado la foto, no sólo es nacionalismo. No sólo emite temas clásicos del nacionalismo. Emite -o se ha apropiado- temas, matizaciones, puntos de vista -beligerancias culturales, y políticas, vamos-, de las cuales se ha desentendido la CT. Quizás se han instalado en el nacionalismo en tanto que es la única beligerancia posible desde 1978. Ni idea. Por otra parte, si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filon. Pero, ojo, no creo que sean sólo las autonomías históricas. El papel de poeta nacional existe también en Murcia -¿José María Álvarez?-, el intelectual no problemático y al servicio o a la subvención del Estado, puede realizar ese contacto a través del gobierno autonómo andaluz, vasco o riojano. Por otra parte, las autonomías -incluso las autonomías con lengua propia- no emiten cultura que entre en fricción con la CT, sino que más bien reproducen su funcionamiento, a pequeña e inofensiva escala. La cultura, en Euskadi, Catalunya y en el Reina Sofía, es lo mismo. En el caso catalán, la cosa es especialmente dramática. Desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales. Su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad. Algo, por otro parte, muy español. El hecho de que el finalista del último Planeta sea una traducción del catalán es un indicativo del carácter intercambiable de las propuestas catalanas y españolas. Por lo que veo, puede suceder lo mismo en Galicia -Rivas, es un CT que tira de espaldas-, o en Euskadi -Atxaga no ha llegado a rozar la CT cuando ha tratado temas no-CT-. Otro hecho importante es la incapacidad autonómica para crear staff. El staff, lo que un manchego puede reconocer como autor gallego, vasco o catalán, nace del centro, algo, por otra parte, lógico en una cultura CT, centralizada, que no quiere mosqueos ni malas -es decir, nuevas- noticias. Todo lo que te he expuesto, en un plis-plas, sólo lo puedo matizar con tus puntualizaciones. Así que la pregunta sería: reformúlame el concepto CCNN, pollo. Espero respuesta. Tic-tac.
-EL ESTATUT Y LA CT. Y para acabar, me despido con este simpático pupurrí, titulado: El Estatut no es CT, Lupita. Cuando te digo que no es CT, te lo describo esta mañana a primera hora, y con la tranquilidad que te puedo describir una moto como algo diferente a un canario. EL debate de la semana pasada no fue CT. Fue una crítica a los modos de proceder de la Transi. EL motor del Estatut no es el nacionalismo –la única fricción CT-, sino una teoría de los derechos individuales y colectivos anterior a la Transi. Más bien republicana. El preámbulo del Estatut no es nacionalista, y recoge citas a la tradición republicana del biotopo y a la memoria del franquismo. En el Estatut hay dos objetos CT que me mosquean: los derechos históricos -posiblemente, un objeto en la lógica del nacionalismo como única beligerancia posible en la CT-, y el modelo de financiación, creado por CT System, como tú señalas, en una reunión 70's que paralizó un pleno. Lo único no-Ct es que se realizó en un parlamento, y no en un despacho vete a saber donde. Por otra parte, como en lo que es 70's / CT, nadie sabe a ciencia cierta qué modelo nació en esa reunión. Me miro la cosa Estatut con cierta alegría no-CT, si bien, también, con cierta cara de póker no-CT. Ya veremos.
Mientras tu y yo hablamos te voy a poner cuernos con otra polémica. Sobre el Estatut. Lo cual, a su vez, puede liberar nuestra polémica de tal tema. La discursión la estableceré con un amigote que, al parecer, apuesta más que yo incluso por el carácter no-CT de la cosa. La polémica y el amigote serán presentados en breve.
¿EXISTEN LAS CULTURAS AUTONÓMICAS? Tengo mis dudas sobre si la izquierda es la autora genérica del Estado de las Autonomías. La izquierda, escasos segundos antes de decidirse por lo contrario, tenía otra forma de Estado en su cabeza. Y otro mapa autonómico. De lo que se deduce que la actual forma del Estado y el actual mapa autonómico no son trade-mark suyo. Es más, yo diría que la fórmula del café para todos fue un recurso para que dos comunidades no pidieran long-drink, una opción presente en los programas políticos de los dos grandes partidos políticos de la izquierda en 1977. Me preguntas, no obstante, sobre los efectos letales de la cosa autonómica en nuestra cultura. Ignoro sin son letales. Es decir, ignoro si existen las culturas autónomas en la CT, o existen descentralizaciones de la CT. Qué lío. En todo caso, te explico hasta donde han llegado las investigaciones de los científicos de la NASA que trabajan en este blog. Alehop. Desconozco las reglas del juego vascas y gallegas. En el caso de la cosa he jugado con mi experiencia catalana. A ese respecto, el blog / el menda ha observado que las propuestas literarias catalanas no van más lejos que las españolas, que su funcionamiento, con alguna rareza, no deja de ser similar. Con salvedades y rarezas, forman de manera parecida su staff, carecen de crítica beligerante, carecen de la idea de beligerancia, si exceptuamos aspectos y posiconamientos nacionalistas. Y, aquí, una observación emitida también en el blog. El nacionalismo, tal y como ha quedado la foto, no sólo es nacionalismo. No sólo emite temas clásicos del nacionalismo. Emite -o se ha apropiado- temas, matizaciones, puntos de vista -beligerancias culturales, y políticas, vamos-, de las cuales se ha desentendido la CT. Quizás se han instalado en el nacionalismo en tanto que es la única beligerancia posible desde 1978. Ni idea. Por otra parte, si entendemos la CT como una cultura al servicio del Estado, es lógico que las autonomías aprovechen ese filon. Pero, ojo, no creo que sean sólo las autonomías históricas. El papel de poeta nacional existe también en Murcia -¿José María Álvarez?-, el intelectual no problemático y al servicio o a la subvención del Estado, puede realizar ese contacto a través del gobierno autonómo andaluz, vasco o riojano. Por otra parte, las autonomías -incluso las autonomías con lengua propia- no emiten cultura que entre en fricción con la CT, sino que más bien reproducen su funcionamiento, a pequeña e inofensiva escala. La cultura, en Euskadi, Catalunya y en el Reina Sofía, es lo mismo. En el caso catalán, la cosa es especialmente dramática. Desde que la literatura catalana, a finales del siglo XIX, empezó a emitir una literatura moderna, en contacto con tendencias europeas antes que españolas, jamás había emitido propuestas menos internacionales. Su internacionalidad es, únicamente, su comercialidad. Algo, por otro parte, muy español. El hecho de que el finalista del último Planeta sea una traducción del catalán es un indicativo del carácter intercambiable de las propuestas catalanas y españolas. Por lo que veo, puede suceder lo mismo en Galicia -Rivas, es un CT que tira de espaldas-, o en Euskadi -Atxaga no ha llegado a rozar la CT cuando ha tratado temas no-CT-. Otro hecho importante es la incapacidad autonómica para crear staff. El staff, lo que un manchego puede reconocer como autor gallego, vasco o catalán, nace del centro, algo, por otra parte, lógico en una cultura CT, centralizada, que no quiere mosqueos ni malas -es decir, nuevas- noticias. Todo lo que te he expuesto, en un plis-plas, sólo lo puedo matizar con tus puntualizaciones. Así que la pregunta sería: reformúlame el concepto CCNN, pollo. Espero respuesta. Tic-tac.
-EL ESTATUT Y LA CT. Y para acabar, me despido con este simpático pupurrí, titulado: El Estatut no es CT, Lupita. Cuando te digo que no es CT, te lo describo esta mañana a primera hora, y con la tranquilidad que te puedo describir una moto como algo diferente a un canario. EL debate de la semana pasada no fue CT. Fue una crítica a los modos de proceder de la Transi. EL motor del Estatut no es el nacionalismo –la única fricción CT-, sino una teoría de los derechos individuales y colectivos anterior a la Transi. Más bien republicana. El preámbulo del Estatut no es nacionalista, y recoge citas a la tradición republicana del biotopo y a la memoria del franquismo. En el Estatut hay dos objetos CT que me mosquean: los derechos históricos -posiblemente, un objeto en la lógica del nacionalismo como única beligerancia posible en la CT-, y el modelo de financiación, creado por CT System, como tú señalas, en una reunión 70's que paralizó un pleno. Lo único no-Ct es que se realizó en un parlamento, y no en un despacho vete a saber donde. Por otra parte, como en lo que es 70's / CT, nadie sabe a ciencia cierta qué modelo nació en esa reunión. Me miro la cosa Estatut con cierta alegría no-CT, si bien, también, con cierta cara de póker no-CT. Ya veremos.
Mientras tu y yo hablamos te voy a poner cuernos con otra polémica. Sobre el Estatut. Lo cual, a su vez, puede liberar nuestra polémica de tal tema. La discursión la estableceré con un amigote que, al parecer, apuesta más que yo incluso por el carácter no-CT de la cosa. La polémica y el amigote serán presentados en breve.
viernes, septiembre 30, 2005
CCNN
Veamos, Martínez. Si queremos progresar, vamos a tener que dejar de lado la noción más bien arcaica de canon. Para hacerlo, me parece bien poner en juego las dos nociones alternativas que hemos empleado uno y otro: la de staff y la de la lista de ventas. Una y otra combinadas vendrían a ocupar el espacio y la función que hasta el momento desempeñaba el canon convencional, del que ofrecerían una suerte de remedo. La dinámica es la siguiente: un autor alcanza un cierto éxito, y a partir de ahí el staff cultural lo incorpora a su lista, ofreciéndole una serie de prerrogativas de carácter corporativo que apuntan a asegurar al autor en cuestión unas mínimas cotas de visibilidad a medio y largo plazo. Esa visibilidad prolongada a lo largo de los años es la que produce el efecto engañoso de haber ingresado en el canon, que entretanto ha dejado de existir.
En el principio, siempre está el éxito. (Y el éxito, allí donde no existen instancias críticas y la academia carece de peso real, es siempre el éxito comercial.) Y desde ahí, se suele acceder al staff, lo cual tiene por efecto “canonizar” ese éxito. Si un autor no se apresura a dar este paso, se expone ciertamente a padecer lo que tú denominas el Síndrome Gironella. Podría ser el caso, por ejemplo, de Pablo Tusset, el de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de quien no tengo datos de que haya ingresado en ningún staff, ni tampoco de que haya repetido el éxito. Pero entretanto el staff está lleno de tipos como Pérez Reverte, Lorenzo Silva o Ruiz Zafón, de autoras como Rosa Montero o Ángela Vallvey, y de ninguno de ellos cabe temer que padezcan el Síndrome que tú mencionas, por bien merecido que se lo tengan.
Propongo dejar de lado esta cuestión (staff/canon) hasta no haber delimitado previamente otras más determinantes, que contribuyen a resolverla. Una de ellas la apuntas cuando te animas a decir, tan campante, que “la CT es, tal vez, la única y gran aportación de la izquierda a la Transi”. En cierta medida, yo también pienso que es así. Y puesto que el pretexto de este intercambio lo constituye mi carpetita de fin de curso titulada Trayecto, me gustaría que colgaras aquí el artículo titulado “Troya festejada”, que nos daría que hablar en esta dirección. Luego te lo paso digitalizado.
Ahora bien: entiendo yo que esta que tú señalas no es ni mucho menos la única aportación de la izquierda a la Transición. Hay al menos otra aportación tanto o más importante que esta: me refiero ahora el enredo formidable del Estado de las Autonomías, del que nos queda aún mucho por salir y que ha tenido efectos letales sobre nuestra cultura. ¿Te animas a que hablemos de ello, en días tan apropiados como éstos en que se consensúa el proyecto de Estatut catalán? De éste dices tú que no es un objeto no-TC. Pero yo veo cómo un parlamento suspende sus debates durante tres horas y media para que los líderes de los partidos pacten en privado el acuerdo al que no han llegado hasta el momento. Si esto no es CT, me temo que es algo mucho peor.
Lo que me gustaría es que en los próximos días nos esforzáramos en ligar el concepto CT, tal y como tú lo has venido acuñando en tu puto blog, con el concepto CCNN (culturas nacionalistas), a fin de averiguar en qué medida una y otras son cosas distintas e interdependientes, o si más bien se enfrentan y se cuestionan mutuamente. Me tienta empezar yo mismo dando mi propia versión de los hechos, pero como se me acaba el tiempo y el espacio te paso a ti la pelota y te hago esta simple pregunta: tú, ¿qué opinas?
Ignacio Echevarría
En el principio, siempre está el éxito. (Y el éxito, allí donde no existen instancias críticas y la academia carece de peso real, es siempre el éxito comercial.) Y desde ahí, se suele acceder al staff, lo cual tiene por efecto “canonizar” ese éxito. Si un autor no se apresura a dar este paso, se expone ciertamente a padecer lo que tú denominas el Síndrome Gironella. Podría ser el caso, por ejemplo, de Pablo Tusset, el de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de quien no tengo datos de que haya ingresado en ningún staff, ni tampoco de que haya repetido el éxito. Pero entretanto el staff está lleno de tipos como Pérez Reverte, Lorenzo Silva o Ruiz Zafón, de autoras como Rosa Montero o Ángela Vallvey, y de ninguno de ellos cabe temer que padezcan el Síndrome que tú mencionas, por bien merecido que se lo tengan.
Propongo dejar de lado esta cuestión (staff/canon) hasta no haber delimitado previamente otras más determinantes, que contribuyen a resolverla. Una de ellas la apuntas cuando te animas a decir, tan campante, que “la CT es, tal vez, la única y gran aportación de la izquierda a la Transi”. En cierta medida, yo también pienso que es así. Y puesto que el pretexto de este intercambio lo constituye mi carpetita de fin de curso titulada Trayecto, me gustaría que colgaras aquí el artículo titulado “Troya festejada”, que nos daría que hablar en esta dirección. Luego te lo paso digitalizado.
Ahora bien: entiendo yo que esta que tú señalas no es ni mucho menos la única aportación de la izquierda a la Transición. Hay al menos otra aportación tanto o más importante que esta: me refiero ahora el enredo formidable del Estado de las Autonomías, del que nos queda aún mucho por salir y que ha tenido efectos letales sobre nuestra cultura. ¿Te animas a que hablemos de ello, en días tan apropiados como éstos en que se consensúa el proyecto de Estatut catalán? De éste dices tú que no es un objeto no-TC. Pero yo veo cómo un parlamento suspende sus debates durante tres horas y media para que los líderes de los partidos pacten en privado el acuerdo al que no han llegado hasta el momento. Si esto no es CT, me temo que es algo mucho peor.
Lo que me gustaría es que en los próximos días nos esforzáramos en ligar el concepto CT, tal y como tú lo has venido acuñando en tu puto blog, con el concepto CCNN (culturas nacionalistas), a fin de averiguar en qué medida una y otras son cosas distintas e interdependientes, o si más bien se enfrentan y se cuestionan mutuamente. Me tienta empezar yo mismo dando mi propia versión de los hechos, pero como se me acaba el tiempo y el espacio te paso a ti la pelota y te hago esta simple pregunta: tú, ¿qué opinas?
Ignacio Echevarría
jueves, septiembre 29, 2005
EL SÍNDROME GIRONELLA
-STAFF VS. CANON. Dos folios no es nada. Así que voy al tajo. Matizaciones de lo tuyo y de lo mío. Un Staff no es un concepto empresarial. Es un concepto ejecutivo. Cuando aludo a que España tiene Staff y no canon, aludo al hecho de que los chicos y chicas del canon actual, participan de la gestión del canon actual. Son, así, en parte sus ejecutivos, su staff. Es decir, no sólo promueven y elaboran una cultura sin conflictos, sino que velan también para que así sea. Lo cual, a su vez, es una dinámica absolutamente agresiva, si bien silenciosa. Implica, por ejemplo, arremeter, sin conflicto ni polémica, contra los conflictivos. Esa dinámica personal, no entiendo por qué no puede ser también de empresa. Las empresas no son de madera. Mira Endesa. Anyway.
-CONFLICTOS SiN CONFLICTO. Los profesionales de la cultura-no-conflicto empiezan a ver, me consta, que una cultura conflictiva les dejaría en la cuneta del canon, si bien no necesariamente del éxito. El canon del éxito es, obviamente, insostenible. Por esa razón Gironella o Salisachs nunca entrarán en el canon del siglo XX. O, en el del XIX, pongamos, Echegaray –Eche Garay, aprovecho para preguntártelo, ¿no será familia paterna tuya, Eche Varría?-. Prueba del algodón –de la idea de que el conflicto supondría el fin de una era / canon-: Juan Goytisolo, tras un artículo publicado hace 4 años –a) un artículo ñoño, en el que reivindicaba un papel para la cultura arcaico, si bien b), y en lo que puede ser un indicativo de la falta de debate en la CT, es tal vez la mayor crítica a la CT publicada-, fue contestado por Rosa Montero, aduciendo –hablo de memoria-, que la literatura española había vivido en democracia un éxito sin precedentes, en tanto sus escritores nunca jamás habían discutido, páramo / panorama al que sería deseable volver. Y al que, zás, se volvió. El Staff del no-conflicto se confunde con Prisa porque ha concurrido, en efecto, en El País. Y sigue concurriendo. Eso es una patología. Pero no es LA patología. LA patología es que no hay dos diarios en los que pueda concurrir el canon. O, lo que es lo mismo, que la derecha no sólo no participa-ó en la elaboración del canon, sino que no ha tenido éxito –por jugar fuera de casa- en la creación de un modelo cultural democrático, si bien el resultante, por cierto, le supone un chollo. LA patología consiste, pues, en que la CT es, tal vez, la única y gran aportación de la izquierda a la Transi, proceso que, por otra parte, fue el gran fracaso de la izquierda. Tu idea, por ejemplo, de literatura desarticulada, viene precedida por dos (auto)desarticulaciones: la de la cultura conflictiva y la de la izquierda, que la elaboraba.
-¿HAY LUZ EN LAS TINIEBLAS EXTERIORES? Todo ello nos lleva a tu pregunta. “¿En la España de Zapatero, ¿existe un canon alternativo al que consagra el Staff de Prisa?”. Matización a): España no es de ZP. Es de la CT. Una CT que, por otra parte, no entiende a ZP. La CT no es sólo El País que, por lo dicho más arriba, ha podido elaborar canon, y no así, pongamos, El Alcazar. La CT es la cultura española. Y su canon. Confundido absolutamente con la CT. Hoy, en El País y en El Periódico aparecían sendos artículos de Ramoneda y de Azúa en los que describían su incomprensión hacia el nuevo Estatut, un objeto no-CT, y al que la CT le costará un huevo describir. Si al final el Estatut se aprueba en el Congreso bajo su aspecto no-CT, no sé quién lo describirá. Ignoro por qué, de pronto, cierta izquierda peninsular emite no-CT en un momento dado. Pero ello me remite a la siguiente patología: la realidad española –incluso la española, vamos- es más ágil que la CT que la describe. Lo cual, a su vez, me remite a otro canon del éxito anterior al actual canon del éxito, formado por chicos cuya función no era el cambio, sino también la estabilidad. Me refiero a los Gironellas -¿The Gironellettes?-, a los que tu sitúas como fundadores del marco de lo posible en la literatura de los 80’s. Y aquí me saco de la maga -para realizarte luego la pregunta del día- el concepto Síndrome Gironella, consistente en lo siguiente: ser pieza clave del canon del éxito hasta ser substituido, cruelmente, por otro canon del éxito, al cambiar únicamente la noción de cultura. Pregunta: El actual Staff / canon literario español, ¿sufrirá el síndrome Gironella, o la CT es la forma definitiva de la cultura de masas –y a secas- española? O, en otras palabras, ¿quién no será Gironella de todo nuestro pack de canon de la actualidad? ¿Por qué? Toma moreno. Mañana como con Juanito donde siempre. Estás invitado, mamón.
-CONFLICTOS SiN CONFLICTO. Los profesionales de la cultura-no-conflicto empiezan a ver, me consta, que una cultura conflictiva les dejaría en la cuneta del canon, si bien no necesariamente del éxito. El canon del éxito es, obviamente, insostenible. Por esa razón Gironella o Salisachs nunca entrarán en el canon del siglo XX. O, en el del XIX, pongamos, Echegaray –Eche Garay, aprovecho para preguntártelo, ¿no será familia paterna tuya, Eche Varría?-. Prueba del algodón –de la idea de que el conflicto supondría el fin de una era / canon-: Juan Goytisolo, tras un artículo publicado hace 4 años –a) un artículo ñoño, en el que reivindicaba un papel para la cultura arcaico, si bien b), y en lo que puede ser un indicativo de la falta de debate en la CT, es tal vez la mayor crítica a la CT publicada-, fue contestado por Rosa Montero, aduciendo –hablo de memoria-, que la literatura española había vivido en democracia un éxito sin precedentes, en tanto sus escritores nunca jamás habían discutido, páramo / panorama al que sería deseable volver. Y al que, zás, se volvió. El Staff del no-conflicto se confunde con Prisa porque ha concurrido, en efecto, en El País. Y sigue concurriendo. Eso es una patología. Pero no es LA patología. LA patología es que no hay dos diarios en los que pueda concurrir el canon. O, lo que es lo mismo, que la derecha no sólo no participa-ó en la elaboración del canon, sino que no ha tenido éxito –por jugar fuera de casa- en la creación de un modelo cultural democrático, si bien el resultante, por cierto, le supone un chollo. LA patología consiste, pues, en que la CT es, tal vez, la única y gran aportación de la izquierda a la Transi, proceso que, por otra parte, fue el gran fracaso de la izquierda. Tu idea, por ejemplo, de literatura desarticulada, viene precedida por dos (auto)desarticulaciones: la de la cultura conflictiva y la de la izquierda, que la elaboraba.
-¿HAY LUZ EN LAS TINIEBLAS EXTERIORES? Todo ello nos lleva a tu pregunta. “¿En la España de Zapatero, ¿existe un canon alternativo al que consagra el Staff de Prisa?”. Matización a): España no es de ZP. Es de la CT. Una CT que, por otra parte, no entiende a ZP. La CT no es sólo El País que, por lo dicho más arriba, ha podido elaborar canon, y no así, pongamos, El Alcazar. La CT es la cultura española. Y su canon. Confundido absolutamente con la CT. Hoy, en El País y en El Periódico aparecían sendos artículos de Ramoneda y de Azúa en los que describían su incomprensión hacia el nuevo Estatut, un objeto no-CT, y al que la CT le costará un huevo describir. Si al final el Estatut se aprueba en el Congreso bajo su aspecto no-CT, no sé quién lo describirá. Ignoro por qué, de pronto, cierta izquierda peninsular emite no-CT en un momento dado. Pero ello me remite a la siguiente patología: la realidad española –incluso la española, vamos- es más ágil que la CT que la describe. Lo cual, a su vez, me remite a otro canon del éxito anterior al actual canon del éxito, formado por chicos cuya función no era el cambio, sino también la estabilidad. Me refiero a los Gironellas -¿The Gironellettes?-, a los que tu sitúas como fundadores del marco de lo posible en la literatura de los 80’s. Y aquí me saco de la maga -para realizarte luego la pregunta del día- el concepto Síndrome Gironella, consistente en lo siguiente: ser pieza clave del canon del éxito hasta ser substituido, cruelmente, por otro canon del éxito, al cambiar únicamente la noción de cultura. Pregunta: El actual Staff / canon literario español, ¿sufrirá el síndrome Gironella, o la CT es la forma definitiva de la cultura de masas –y a secas- española? O, en otras palabras, ¿quién no será Gironella de todo nuestro pack de canon de la actualidad? ¿Por qué? Toma moreno. Mañana como con Juanito donde siempre. Estás invitado, mamón.
miércoles, septiembre 28, 2005
¿HAY ALGUIEN?
Hola a todos. Gracias, Martínez, gracias. Muac, muac. Y gracias también a todos ustedes por estar allí, en sus casas, leyéndonos. Gracias, de verdad. Sin ustedes no estaríamos aquí... O sí, claro que sí. De hecho, nosotros estamos aquí sin saber si ustedes están allí. Y ahora que lo pienso, esto lo explica todo. ¿Que qué es todo? En el blogg de Martínez, TODO es la CT, la Cultura de la Transición, a ver si nos vamos enterando. Y dado el carácter escurridizo —líquido— del concepto, se me ocurre que un buen modo de explicarlo —otro más— consiste en decir que lo que entendemos por a Cultura de la Transición surge, precisamente, a partir de la inseguridad de que haya alguien allí. Del temor a que no haya nadie. Yo mismo, por ejemplo, que he colaborado regularmente durante quince años en el “emporio mediático-cultural” que –como bien apunta Bent Rotter– más ha propagado y rentabilizado la CT, he pasado estos quince años sin tener pajolera idea de si había alguien ahí, de si me leía alguien. Y sigo sin saberlo. Prometo extenderme otro día en lo que eso ha supuesto para mí. De momento quiero utilizar esta idea —la de “¿hay alguien ahí?”— para responder a la pregunta que me hace Martínez. Que me haces, Martínez, pues vamos a volver a hablarnos de tú a tú, dado que nadie nos asegura que nos estén leyendo. (Puede que Bent Rottter sí, de hecho parece que sí, pero no es cuestión de que empiece yo a interpelarlo bajo ese nombre y esto cobre el aspecto de un pub irlandés.)
“¿La cultura española es la única que no tiene canon sino staff?”
Veamos. Lo característico de la cultura contemporánea, en España como en la mayor parte de Occidente, es que ha dejado de constituir un campo de tensiones ideológicas, dicho sea en la más amplia acepción del término. La construcción del canon era siempre producto indirecto de esas tensiones, sobre las que proyectaban una suerte de jerarquía significativa. Esa jerarquía ha pasado a manos del mercado, que para restablecerla impone el éxito como único criterio. El único canon que se reconoce en la actualidad es, cada vez más, el canon del éxito. Y eso vuelve todavía más angustiosa la pregunta de si “hay alguien ahí”.
En un cultura desarticulada, en la que no existen interlocutores reconocibles, ni voluntad alguna de interpelación, la única respuesta a esa pregunta la ofrecen las listas de ventas, o de audiencia. En los casos de un novelista, de un locutor o de un cantante, esa respuesta resulta bastante inequívoca. Pero en el caso de la mayor parte de lo que tú llamas “comunicadores” esa respuesta tiene un signo corporativo. Quiero decir que quien hace la pregunta sólo obtiene respuesta entre sus propios colegas. “Sí, Martínez, te escuchamos.” “Vayas cosas que dices, Martínez.” “Muy gracioso, Martínez.” “Martínez, esta vez te has pasado.” “...” Etcétera. Y por ahí es por donde se introduce principalmente, entiendo yo, la noción de staff.
No estoy seguro de que el staff venga a cumplir exactamente las funciones del canon, ni en España ni fuera de ella. Pienso más bien que el staff constituye el modo en que los medios de comunicación, principales instructores del nuevo canon del éxito, tratan de institucionalizarlo en beneficio propio. O por decirlo a la inversa: el modo en que el canon del éxito coloniza los medios de comunicación. En cualquier caso, el staff no deja de constituir una categoría empresarial, en tanto que el canon ha pasado a ser una categoría comercial. Las dos cosas son parecidas, pero no son lo mismo. En el staff permanecen todavía las relaciones de poder, la jerarquía.
Me temo que, como es propio de mí, me estoy liando. Lo que pretendía era cuestionar el supuesto que sostiene tu pregunta. Una vez hecha esta matización, sobre la que quizá podamos pasar de largo, paso a responder: No. La mayor parte de los fenómenos característicos de la CT son fenómenos característicos de la cultura de masas, de la que la CT viene a ser la adaptación española. Ahora bien: si tú puedes hacer esta pregunta es porque lo peculiar de la CT es que, tal y como se nos aparece, viene a ser en amplia medida producto de un solo “emporio mediático-cultural” (gracias, Bent), que ha contribuido a conformarla, y es el peso enorme de este emporio (PRISA, ya está bien de eufemismos), que por si solo monopoliza casi la CT, lo que invita a pensar que el staff remplaza al canon. Quizá como en ninguna otra cultura europea, u occidental, la española sea, en la actualidad, la cultura de una empresa, que oficia en este caso con funciones de Estado. Me remito a dos consideraciones sobre las que me extiendo abundantemente en mi libraco, a partir de sendos textos de Juan Benet y de Rafael Sánchez Ferlosio. La primera apunta a la Cultura de la Transición como la primera, en la historia de España, en la que los intelectuales se incorporaron, en bloque, a la empresa del Estado (bajo el banderín de la democracia). La segunda denuncia la cultura resultante como “un invento del Gobierno” (“La cultura, ese invento del Gobierno”, declaraba desde el título un extraordinario artículo de Ferlosio de 1984). En la España de Zapatero, ¿existe algún canon alternativo al que consagra el staff de PRISA? Esa es mi pregunta, Martínez. Ya cuando te vea te pegaré una colleja por las cosas que dices de mí. Y saludos para Bent.
Ignacio Echevarría
“¿La cultura española es la única que no tiene canon sino staff?”
Veamos. Lo característico de la cultura contemporánea, en España como en la mayor parte de Occidente, es que ha dejado de constituir un campo de tensiones ideológicas, dicho sea en la más amplia acepción del término. La construcción del canon era siempre producto indirecto de esas tensiones, sobre las que proyectaban una suerte de jerarquía significativa. Esa jerarquía ha pasado a manos del mercado, que para restablecerla impone el éxito como único criterio. El único canon que se reconoce en la actualidad es, cada vez más, el canon del éxito. Y eso vuelve todavía más angustiosa la pregunta de si “hay alguien ahí”.
En un cultura desarticulada, en la que no existen interlocutores reconocibles, ni voluntad alguna de interpelación, la única respuesta a esa pregunta la ofrecen las listas de ventas, o de audiencia. En los casos de un novelista, de un locutor o de un cantante, esa respuesta resulta bastante inequívoca. Pero en el caso de la mayor parte de lo que tú llamas “comunicadores” esa respuesta tiene un signo corporativo. Quiero decir que quien hace la pregunta sólo obtiene respuesta entre sus propios colegas. “Sí, Martínez, te escuchamos.” “Vayas cosas que dices, Martínez.” “Muy gracioso, Martínez.” “Martínez, esta vez te has pasado.” “...” Etcétera. Y por ahí es por donde se introduce principalmente, entiendo yo, la noción de staff.
No estoy seguro de que el staff venga a cumplir exactamente las funciones del canon, ni en España ni fuera de ella. Pienso más bien que el staff constituye el modo en que los medios de comunicación, principales instructores del nuevo canon del éxito, tratan de institucionalizarlo en beneficio propio. O por decirlo a la inversa: el modo en que el canon del éxito coloniza los medios de comunicación. En cualquier caso, el staff no deja de constituir una categoría empresarial, en tanto que el canon ha pasado a ser una categoría comercial. Las dos cosas son parecidas, pero no son lo mismo. En el staff permanecen todavía las relaciones de poder, la jerarquía.
Me temo que, como es propio de mí, me estoy liando. Lo que pretendía era cuestionar el supuesto que sostiene tu pregunta. Una vez hecha esta matización, sobre la que quizá podamos pasar de largo, paso a responder: No. La mayor parte de los fenómenos característicos de la CT son fenómenos característicos de la cultura de masas, de la que la CT viene a ser la adaptación española. Ahora bien: si tú puedes hacer esta pregunta es porque lo peculiar de la CT es que, tal y como se nos aparece, viene a ser en amplia medida producto de un solo “emporio mediático-cultural” (gracias, Bent), que ha contribuido a conformarla, y es el peso enorme de este emporio (PRISA, ya está bien de eufemismos), que por si solo monopoliza casi la CT, lo que invita a pensar que el staff remplaza al canon. Quizá como en ninguna otra cultura europea, u occidental, la española sea, en la actualidad, la cultura de una empresa, que oficia en este caso con funciones de Estado. Me remito a dos consideraciones sobre las que me extiendo abundantemente en mi libraco, a partir de sendos textos de Juan Benet y de Rafael Sánchez Ferlosio. La primera apunta a la Cultura de la Transición como la primera, en la historia de España, en la que los intelectuales se incorporaron, en bloque, a la empresa del Estado (bajo el banderín de la democracia). La segunda denuncia la cultura resultante como “un invento del Gobierno” (“La cultura, ese invento del Gobierno”, declaraba desde el título un extraordinario artículo de Ferlosio de 1984). En la España de Zapatero, ¿existe algún canon alternativo al que consagra el staff de PRISA? Esa es mi pregunta, Martínez. Ya cuando te vea te pegaré una colleja por las cosas que dices de mí. Y saludos para Bent.
Ignacio Echevarría
martes, septiembre 27, 2005
LES PRESENTO A IGNACIO ECHEVARRÍA
-PRESENTACIÓN A). Ignacio Echevarría es -¿era?- el crítico más influyente en la plaza. Una plaza en la que, por otra parte, y según la última encuesta del gremio de editores -o cómo se llame-, la crítica sólo modulaba un 2% de las decisiones en la compra de un libro. El concepto "influyente", por lo tanto, se debe de traducir al castellano CT para poder saber qué significa. Supongo que, en ese sentido, significa una influencia en la CT -la CT, una dinámica en la que la crítica no sólo no es necearia, sino contraproducente, por una contradicción o un complejo de índole interno, cercano a la vergüenza torera, valoró como pertinente el discurso de Eschevarría. "Influyennte", empero, también en significa una influencia no-CT en la cultura. El discurso crítico de Echevarría, personal, arbitrario y parcial -que es lo que se debe de exigir a un crítico; y, en general, a todo el mundo que desarrolle un trabajo intelectual; salvo si trabaja en la Audiencia Nacional-, era a la vez reconocible, deconstruible, argumentable. Es decir, producía el diálogo y, a la vez, era una de las regiones del diálogo. Su recepción no-CT y, cada vez más, su decisión de emitir no-CT, le llevaron a protgaonizar a finales del año pasado lo que sin duda ha sido la mayor polémica cultural en la historia de la CT. Se trató de una polémica en la cual invirtió pocos recursos –una carta; pueden ver aquí el texto, así como todo el pack de textos resultantes-. Lo cual puede orientar sobre su capacidad para gestionar ideas, y orientarlas de forma económica hacia la mejor línea –de flotación-. La polémica, se ha de señalar, adquirió la estructura de polémica cultural CT. Es decir, no la hubo. Existió fuera de los medios -es decir, estuvo por ahi en medio durante unos días-, y más en medios de nueva tecnología –Arcadi Espada, en ese sentido, fue quién llegó más lejos e hizo más dibujos a través de la polémica, que es para lo que sirven las polémicas-. En tanto que polémica CT, la polémica fue rápidamente instrumentalizada. Los chicos de Libertad Digital hicieron lo que pudieron. La Jiribilla, revista cultural cubana, pues también, haciendo aparecer la opinión matizada de diversos intelectuales españoles –aquí el menda entre ellos-, en lo que resultó un debate que, por las reglas del juego buen-rollistas, antipolémicas y estabilizadoras de la CT, hubiera resultado imposible realizar y organizar en España. El debate cubano está reproducido, empero, en un medio español. Reproducido, pero no recreado, ampliado o multiplicado, en lo que puede orientar aún más sobre la incapacidad de nuestra cultura ante la polémica. Es decir, ante la divergencia. Me parece que la polémica fue zanjada, en la medida de lo posible, por Juan Goytisolo, en un artículo en el que aparece una forma matizada de CT, quizás la formulación más chachi y a la izquierda posible de la CT –esa cosa asfixiante hacia su derecha o su izquierda-, y que posiblemente se haya convertido en la Vulgata que resume para el gran público la polémica / no-polémica. Es decir, el mayor cuestionamiento que ha habido en la plaza a la CT, y que cambió pocos hábitos de la CT al desarrollarse en plena plaza del pueblo de la CT.
-PRESENTACIÓN B). Echevarría es también el autor de Trayecto, un pack de reseñas aparecidas a lo largo de 15 años. Y un prólogo un tanto espectacular. El prólogo es, en parte, una explicación a la Gestión del Espacio –GE, vamos-, un concepto que ha aparecido de rasqui en el blog, que no puedo aún verbalizar mucho, pero que empiezo a intuir que es definidor para establecer quién y qué es CT y quién y qué es no-CT. Verbigracia: el comunicador –CT como un pino-, practica la Gestión de la Imagen –o, así a lo rápido, gestión de recursos de marketing para promocionarse a través de sus trabajos en prensa-, mientras el pollo no-CT practica la GE. La GE precisa disponer de cierto aparato, de cierta cosmovisión y de cierta poética ante los medios de comunicación. En su explicación a su GE, Echevarría me recuerda a sus antípodas. Es decir, a Jardiel. En algún ensayo en el que demostraba como una comedia de éxito suya no era tal.
Posteriormente al caso de la cosa GE, inicia un balance ante la literatura española que le ha tocado currar. Esa micro-región de su micro-prólogo ofrece una serie de meditaciones y asociaciones rápidas, con pinceladas. Son golpes de lógica y de meditación eléctrica, bien aprovechados y poco desarrollados. Sorprende, empero, la hasta cierta manera novedad de algunos puntos de vista. Libros gansos sobre la Literatura Española en la Transi –no sé; el volumen de Historia y Crítica, Fusi y, en menor medida, Mainer-, ofrecen menos inputs en mucho más espacio. Verbigracia: al (casi) analizar la literatura de los 80’s, ofrece la siguiente epifanía: no se diferencia mucho de opciones presentes en la sala. Ok, ya se ha comentado en otras partes que la Transi de la Literatura se produjo en pleno Franquismo, argumentando ello en Gimferrer, Montalbán, Marsé, Benet, Mendoza, los Goytisolo, Azúa. La novedad del punto de vista Echevarría al respecto consiste en ser menos épico: la novela de los 80’s no va, formalmente ni en ningún otro sentido, más allá de los márgenes establecidos por escritores opuestos a los que, hace un tris, he citado. Verbigracia: Gironella, Salisachs, o, glups, Torcuato Luca de Tena. Posiblemente –no los he leído- justamente olvidados. El triunfo –aún no contestado, aún no pitorreado- de los chicos de los 80’s, ilustra la mecánica de la contestación y del pitorreo por aquí abajo. “Estos libros” -de autores de los 80’s-, “debido a la confusión que fomenta la industria editorial, y debido a la inexistencia de una crítica fiable, empiezan a ser valorados y considerados conforme a criterios que no les corresponde”, va y dice el pollo.
Echevarría realiza un esbozo de la literatura de los 80’s –que corresponde a una prolongación del concepto “la cultura como fiesta”-, y de los 90’s, en los que se produce una vuelta a “las viejas convenciones del realismo y del costumbrismo, aderezado en ocasiones, para más INRI, con un preciosismo estético que en ningún momento, y hoy menos que nunca, ha dejado de constituir una de las más constantes lacras de la narrativa española”. Señala como autor y libro fundacional de esa tendencia a Muñoz Molina y a El jinete polaco. Sea como sea, Echevarría opina que las nuevas incorporaciones a la literatura en los 90’s confieren a la narrativa española “un buen nivel medio”. Si bien un nivel medio que patenta cierta “desarticulación”. Desarticulación, ampliación: ausencia de “tensión” en “los vínculos (…) que unen a un novelista con la obra de sus predecesores como de sus contemporáneos”. Vamos, que la literatura española carece de pasado y, por tanto, de herramientas para ponderar el presente, “algo que no puede dejar de asociarse con la concreta deriva que en España adoptó la transición democrática”, que “se consumó mediante un pacto de silencio”. Es decir, de no-pasado. “La ruptura con el pasado que se juzgó imprescindible para refundar la convivencia, tuvo a menudo efectos de retroceso. En el plano de la narrativa (…) supuso la reiteración de muchos recorridos que ya se habían hecho; la celebración como novedad de muchas cosas que no lo eran”. Ejemplo de celebración de la notoriedad es la joven narrativa de los 90’s, que “se define en función de criterios que son casi estrictamente sociológicos”, y como un “voluntarioso intento, por parte de la industria editorial, de mantener y prolongar un statu quo”. La denominada desarticulación de la literatura española va, empero, más lejos. La literatura “está también desarticulada en relación con la sociedad a la que va dirigida”.
El caso de la cosa, incluso “lo que se la narrativa española, tiene que ver con lo ocurrido” en la Transi, “y poco ya, o nada, con lo ocurrido durante el franquismo”. Y aquí Echevarría va y saca los conceptos a) “transición cultural” y b) “cultura de la transición”. Donde a) sería “un programa (…) de medidas culturales que, como ocurrió en la política, habrían aspirado a subsanar el grave déficit” cultural. “Pero esto es algo que no tuvo en absoluto lugar”. Lo más parecido que se ha producido en la sala ha sido “un tránsito acelerado: el que condujo desde una cultura todavía de postguerra (…) a la intemperie más dura y pura cultura de mercado”. El concepto b) “aludiría al modo en que, en lugar de rearmarse críticamente de cara a las nuevas formas de poder, la cultura española, en su conjunto, se habría aupado sobre éstas, conformándose con un papel de simple comparsa en los procesos de transformación”. “Lo propio” –glups- “de la Cultura de la Transición sería la precipitada liquidación de un concepto resistencial de cultura a favor de un concepto (…) festivo y ornamental”. “Es determinante en el nuevo orden cultural surgido tras la muerte de Franco la nueva alianza entre cultura y poder, tradicionalmente enfrentados” (…) “y de pronto congregados”. En ese sentido, la victoria del PSOE en el 82 supuso “el alineamiento de la mayor parte de los efectivos culturales con la empresa del Estado”. Echevarría sitúa en ese momento el fin de las líneas de renovación en la literatura, aparecidas en los 60’s. EN la cultura como fiesta, desapareció “lo social” por “lo sociable”. Y ahí nació “el canon del éxito”, “canon que es el que impera en la actualidad, con efectos allanadores de toda jerarquía literaria, por cuanto es capaz de situar en un plano autores distintos como Marías, Pérez-Reverte, Cercas, Grandes o Ruiz Zafón , (…) todos ellos considerados autores de un mismo rango”. La narrativa sociable es una escritura “adaptada” a la sociedad, e “incapaz de contrastarla, de impugnarla moralmente ni cuestionarla”.
La última micro-región del texto, Echevarría vuelve a retomar, en el caso de lo hubiera dejado de intensificar, el tema de la GE. Explica la evolución que, como crítico, le ha conducido al silencio. Como en una novela sociable de Vila-Matas, pero a lo bestia y sin preciosismos. La cosa se debe a dos razones: a) y b). A) es “la ausencia de una perspectiva en atención a la cual organizar la narrativa española” desarticulada. “Sólo la insistente comparación con la tradición cancelada, el incordiante señalamiento de los niveles ya alcanzados, ofrece una posibilidad de actuación a este respecto”. Y B) “tiene que ver con el riguroso confinamiento de la institución literaria fuera de todo ámbito político, con la consiguiente alarma ante cualquier intento de invocar lo político en el marco del reseñismo”. “”Entiendo que mi evolución como reseñista queda determinada (…) por mi progresiva inconformidad con estos dos obstáculos de partida” –a) y b)-, “inconformidad que (…) decide mi fortuna y mi fracaso en cuanto tal”. Posteriormente, Echevarría explica casos –y el caso- de GE en su campo. Y de cómo acabó de campo y playa. Un posible punto c) de distanciamiento de Echevarría ante la Cultura –es decir, ante la CT, que no hay otra-, es la soledad. “La dinámica perversa” –cultural o económica- “queda agravada por el sentimiento de soledad que infunde el rasero tan distinto que el crítico ve emplear a su alrededor, con menoscabo constante de su empeño”. Pélense, en todo caso, el prólogo y superen o recorten mi lectura.
-PRESENTACIÓN C). Echevarría, por otra parte, es mi amigo. El concepto amistad es, en la CT, pornográfico. Remite a un mercado de favores, que a su vez remite al mercado, a secas, por lo que seguidamente matizaré el concepto. Gracias a la emisión y recepción de la amistad, he elaborado con mi amigote discursos cómplices en el mundo de las ideas. Y en el mundo, esa cosa tan dura. Cuando me voy de cenorrio con él el resultado es un pitote, pura rumba, una atmósfera que, en fin, me gustaría traducir a lo largo de la polémica que vamos a iniciar. La explosión de ideas no calculadas es, en fin, una juerga. Y la piedra angular de la amistad. Cuando aparecen ideas no calculadas en una conversación con un amiguite –o con una amiguita, esa otra disciplina-, el resultado siempre es espectacular. Si bien, por otra parte, no siempre es traducible a palabros claros y de significado colectivo. A ver si nos sale en esta ocasión.
-A VER SI NOS SALE. El objetivo de la polémica –que no creo, por otra parte que sea tal; ambos emitimos desde la no-CT; supongo que lo saldrá será una descripción polémica, si bien no descarto polemizar con Echevarría; ustedes no conocen a ese mamón- consistirá en hacer un dibujo de la CT a partir de una estructura simple. Uno presentará una pregunta, el otro una respuesta y una pregunta. Y así. Las reglas del juego son las siguientes –va por usted, Echevarría-: los textos deberán estar colgados antes de 24H respecto del texto anterior. Quién se duerma en la parra paga cenorrio. Ocasionalmente -y la menos por mi parte- interrumpiré el diálogo para hablar de algo que afecte al blog. No más de dos folios por dosis. O cenorrio. En tanto que polémica no-CT, es posible y lícito utilizar nombres propios, parcialidad, beligerancia y todo el pack de recursos franceses / republicanos ante la cultura. El lector está invitado a participar. Ignoro cómo. Ya encontrará una solución. La cadena lógica de las preguntas irá, digo yo, surgiendo a partir de la primera. Que lanzo aquí seguidamente. Ahí va. Silencio. ¿LA CULTURA ESPAÑOLA ES LA ÚNICA CULTURA EUROPEA QUE NO TIENE CANON, SINO STAFF? Tic-tac.
-PRESENTACIÓN B). Echevarría es también el autor de Trayecto, un pack de reseñas aparecidas a lo largo de 15 años. Y un prólogo un tanto espectacular. El prólogo es, en parte, una explicación a la Gestión del Espacio –GE, vamos-, un concepto que ha aparecido de rasqui en el blog, que no puedo aún verbalizar mucho, pero que empiezo a intuir que es definidor para establecer quién y qué es CT y quién y qué es no-CT. Verbigracia: el comunicador –CT como un pino-, practica la Gestión de la Imagen –o, así a lo rápido, gestión de recursos de marketing para promocionarse a través de sus trabajos en prensa-, mientras el pollo no-CT practica la GE. La GE precisa disponer de cierto aparato, de cierta cosmovisión y de cierta poética ante los medios de comunicación. En su explicación a su GE, Echevarría me recuerda a sus antípodas. Es decir, a Jardiel. En algún ensayo en el que demostraba como una comedia de éxito suya no era tal.
Posteriormente al caso de la cosa GE, inicia un balance ante la literatura española que le ha tocado currar. Esa micro-región de su micro-prólogo ofrece una serie de meditaciones y asociaciones rápidas, con pinceladas. Son golpes de lógica y de meditación eléctrica, bien aprovechados y poco desarrollados. Sorprende, empero, la hasta cierta manera novedad de algunos puntos de vista. Libros gansos sobre la Literatura Española en la Transi –no sé; el volumen de Historia y Crítica, Fusi y, en menor medida, Mainer-, ofrecen menos inputs en mucho más espacio. Verbigracia: al (casi) analizar la literatura de los 80’s, ofrece la siguiente epifanía: no se diferencia mucho de opciones presentes en la sala. Ok, ya se ha comentado en otras partes que la Transi de la Literatura se produjo en pleno Franquismo, argumentando ello en Gimferrer, Montalbán, Marsé, Benet, Mendoza, los Goytisolo, Azúa. La novedad del punto de vista Echevarría al respecto consiste en ser menos épico: la novela de los 80’s no va, formalmente ni en ningún otro sentido, más allá de los márgenes establecidos por escritores opuestos a los que, hace un tris, he citado. Verbigracia: Gironella, Salisachs, o, glups, Torcuato Luca de Tena. Posiblemente –no los he leído- justamente olvidados. El triunfo –aún no contestado, aún no pitorreado- de los chicos de los 80’s, ilustra la mecánica de la contestación y del pitorreo por aquí abajo. “Estos libros” -de autores de los 80’s-, “debido a la confusión que fomenta la industria editorial, y debido a la inexistencia de una crítica fiable, empiezan a ser valorados y considerados conforme a criterios que no les corresponde”, va y dice el pollo.
Echevarría realiza un esbozo de la literatura de los 80’s –que corresponde a una prolongación del concepto “la cultura como fiesta”-, y de los 90’s, en los que se produce una vuelta a “las viejas convenciones del realismo y del costumbrismo, aderezado en ocasiones, para más INRI, con un preciosismo estético que en ningún momento, y hoy menos que nunca, ha dejado de constituir una de las más constantes lacras de la narrativa española”. Señala como autor y libro fundacional de esa tendencia a Muñoz Molina y a El jinete polaco. Sea como sea, Echevarría opina que las nuevas incorporaciones a la literatura en los 90’s confieren a la narrativa española “un buen nivel medio”. Si bien un nivel medio que patenta cierta “desarticulación”. Desarticulación, ampliación: ausencia de “tensión” en “los vínculos (…) que unen a un novelista con la obra de sus predecesores como de sus contemporáneos”. Vamos, que la literatura española carece de pasado y, por tanto, de herramientas para ponderar el presente, “algo que no puede dejar de asociarse con la concreta deriva que en España adoptó la transición democrática”, que “se consumó mediante un pacto de silencio”. Es decir, de no-pasado. “La ruptura con el pasado que se juzgó imprescindible para refundar la convivencia, tuvo a menudo efectos de retroceso. En el plano de la narrativa (…) supuso la reiteración de muchos recorridos que ya se habían hecho; la celebración como novedad de muchas cosas que no lo eran”. Ejemplo de celebración de la notoriedad es la joven narrativa de los 90’s, que “se define en función de criterios que son casi estrictamente sociológicos”, y como un “voluntarioso intento, por parte de la industria editorial, de mantener y prolongar un statu quo”. La denominada desarticulación de la literatura española va, empero, más lejos. La literatura “está también desarticulada en relación con la sociedad a la que va dirigida”.
El caso de la cosa, incluso “lo que se la narrativa española, tiene que ver con lo ocurrido” en la Transi, “y poco ya, o nada, con lo ocurrido durante el franquismo”. Y aquí Echevarría va y saca los conceptos a) “transición cultural” y b) “cultura de la transición”. Donde a) sería “un programa (…) de medidas culturales que, como ocurrió en la política, habrían aspirado a subsanar el grave déficit” cultural. “Pero esto es algo que no tuvo en absoluto lugar”. Lo más parecido que se ha producido en la sala ha sido “un tránsito acelerado: el que condujo desde una cultura todavía de postguerra (…) a la intemperie más dura y pura cultura de mercado”. El concepto b) “aludiría al modo en que, en lugar de rearmarse críticamente de cara a las nuevas formas de poder, la cultura española, en su conjunto, se habría aupado sobre éstas, conformándose con un papel de simple comparsa en los procesos de transformación”. “Lo propio” –glups- “de la Cultura de la Transición sería la precipitada liquidación de un concepto resistencial de cultura a favor de un concepto (…) festivo y ornamental”. “Es determinante en el nuevo orden cultural surgido tras la muerte de Franco la nueva alianza entre cultura y poder, tradicionalmente enfrentados” (…) “y de pronto congregados”. En ese sentido, la victoria del PSOE en el 82 supuso “el alineamiento de la mayor parte de los efectivos culturales con la empresa del Estado”. Echevarría sitúa en ese momento el fin de las líneas de renovación en la literatura, aparecidas en los 60’s. EN la cultura como fiesta, desapareció “lo social” por “lo sociable”. Y ahí nació “el canon del éxito”, “canon que es el que impera en la actualidad, con efectos allanadores de toda jerarquía literaria, por cuanto es capaz de situar en un plano autores distintos como Marías, Pérez-Reverte, Cercas, Grandes o Ruiz Zafón , (…) todos ellos considerados autores de un mismo rango”. La narrativa sociable es una escritura “adaptada” a la sociedad, e “incapaz de contrastarla, de impugnarla moralmente ni cuestionarla”.
La última micro-región del texto, Echevarría vuelve a retomar, en el caso de lo hubiera dejado de intensificar, el tema de la GE. Explica la evolución que, como crítico, le ha conducido al silencio. Como en una novela sociable de Vila-Matas, pero a lo bestia y sin preciosismos. La cosa se debe a dos razones: a) y b). A) es “la ausencia de una perspectiva en atención a la cual organizar la narrativa española” desarticulada. “Sólo la insistente comparación con la tradición cancelada, el incordiante señalamiento de los niveles ya alcanzados, ofrece una posibilidad de actuación a este respecto”. Y B) “tiene que ver con el riguroso confinamiento de la institución literaria fuera de todo ámbito político, con la consiguiente alarma ante cualquier intento de invocar lo político en el marco del reseñismo”. “”Entiendo que mi evolución como reseñista queda determinada (…) por mi progresiva inconformidad con estos dos obstáculos de partida” –a) y b)-, “inconformidad que (…) decide mi fortuna y mi fracaso en cuanto tal”. Posteriormente, Echevarría explica casos –y el caso- de GE en su campo. Y de cómo acabó de campo y playa. Un posible punto c) de distanciamiento de Echevarría ante la Cultura –es decir, ante la CT, que no hay otra-, es la soledad. “La dinámica perversa” –cultural o económica- “queda agravada por el sentimiento de soledad que infunde el rasero tan distinto que el crítico ve emplear a su alrededor, con menoscabo constante de su empeño”. Pélense, en todo caso, el prólogo y superen o recorten mi lectura.
-PRESENTACIÓN C). Echevarría, por otra parte, es mi amigo. El concepto amistad es, en la CT, pornográfico. Remite a un mercado de favores, que a su vez remite al mercado, a secas, por lo que seguidamente matizaré el concepto. Gracias a la emisión y recepción de la amistad, he elaborado con mi amigote discursos cómplices en el mundo de las ideas. Y en el mundo, esa cosa tan dura. Cuando me voy de cenorrio con él el resultado es un pitote, pura rumba, una atmósfera que, en fin, me gustaría traducir a lo largo de la polémica que vamos a iniciar. La explosión de ideas no calculadas es, en fin, una juerga. Y la piedra angular de la amistad. Cuando aparecen ideas no calculadas en una conversación con un amiguite –o con una amiguita, esa otra disciplina-, el resultado siempre es espectacular. Si bien, por otra parte, no siempre es traducible a palabros claros y de significado colectivo. A ver si nos sale en esta ocasión.
-A VER SI NOS SALE. El objetivo de la polémica –que no creo, por otra parte que sea tal; ambos emitimos desde la no-CT; supongo que lo saldrá será una descripción polémica, si bien no descarto polemizar con Echevarría; ustedes no conocen a ese mamón- consistirá en hacer un dibujo de la CT a partir de una estructura simple. Uno presentará una pregunta, el otro una respuesta y una pregunta. Y así. Las reglas del juego son las siguientes –va por usted, Echevarría-: los textos deberán estar colgados antes de 24H respecto del texto anterior. Quién se duerma en la parra paga cenorrio. Ocasionalmente -y la menos por mi parte- interrumpiré el diálogo para hablar de algo que afecte al blog. No más de dos folios por dosis. O cenorrio. En tanto que polémica no-CT, es posible y lícito utilizar nombres propios, parcialidad, beligerancia y todo el pack de recursos franceses / republicanos ante la cultura. El lector está invitado a participar. Ignoro cómo. Ya encontrará una solución. La cadena lógica de las preguntas irá, digo yo, surgiendo a partir de la primera. Que lanzo aquí seguidamente. Ahí va. Silencio. ¿LA CULTURA ESPAÑOLA ES LA ÚNICA CULTURA EUROPEA QUE NO TIENE CANON, SINO STAFF? Tic-tac.
lunes, septiembre 26, 2005
LA DURACIÓN DE LA MUERTE
-UN POCO DE MAGNO ES MUCHO. Alejandro Magno, después de invadir Babilonia, se reunió con los chicos listos de Babilonia y los mató a preguntas sobre el sentido de la vida. La pregunta más bestia que se ha conservado es la siguiente. Siguiente: “¿qué hay más, vivos o muertos?”. La pregunta ha vivido tanto tiempo por el carácter de superproducción de la respuesta. Un sabio le respondió: “Vivos. Muertos no hay”.
-ME VIVO EN TUS MUERTOS. Miren a sus lados. A menos que vivan encima de un cementerio indio, en efecto, no verán ningún muerto. Quizás es la gran diferencia entre la vida y una de las grandes regiones de la vida. La cultura. Una cultura es, básicamente, la gestión de la muerte. Es decir, de los muertos. Es más, los muertos son los pobladores básicos de una cultura. La literatura, de hecho, es un algo formado por obras de muertos y por obras de vivos que, en plan guija, dialogan con los muertos. Curiosamente, y por otra parte, este fin-de he tenido varios contactos con la muerte. Lo cual me ha llevado a varias meditaciones sobre el caso de la cosa. Se trata de pensamientos sobre la muerte en la vida –esa cosa donde no hay muertos-, y la cultura –esa cosa donde, para el caso, sólo hay muertos-. No se vayan.
-CONTACTO CON LA MUERTE A). Me voy a Ullastret, Empordà DF. Con mi bebé. Que aún no sabe decir Ullastret. El primer paso –yo pasé por ahí- consistirá en que, dentro de unos meses, empezará a denominarlo Pollastret –cast.: Pollito-. Y yo me reiré con la boca llena de dientes. Bueno. Ullastret / Pollastret es un poblado íbero que tira de espaldas. Estaba edificado encima de una laguna y se integraba en el paisaje formando una belleza inaudita. Como México antes de la llegada de los españoles, que se emplearon a fondo con la laguna. Lo que invita a pensar que España, en algún momento de su historia, fue invadida por españoles. El caso es que en el museo del poblado íbero vuelvo a ver una imagen de la brutalidad íbera -¿fueron los íberos los invasores furiosos que desecaron las lagunas?-, consistente en cráneos de ajusticiados íberos. EL sistema de ejecución consistía en insertar en la cabeza del ajusticiado un clavo. Cada uno de los cráneos con clavo expuestos es, pues, la exposición de una brutalidad y de un drama. Un drama que afectó al usuario de un cráneo. Y a su mamá, a su novia, a sus hijos, a sus vecinos, a sus amigotes. Un drama, por otra parte, acaecido hace 2.000 años. Es decir, un drama inexistente. Que te pilla lejos y en el que es imposible involucrarte. Lo que, delante de un cráneo con un clavo, me lleva a hacerme la siguiente pregunta: ¿cuánto dura la muerte? Vale, no hay muertos. Hay sólo vivos. Pero, ¿cuántas generaciones pueden vivir el hecho de un antepasado al que alguien le clavó un clavo en la cabeza? Contemplo a mi bebé. Pasa tres pueblos de las calaveras ajusticiadas. No sabe lo que son. Por lo que no entiende el adagio de Ramón que va y dice “cuando miramos una calavera jamás pensamos que fuese una mujer”. No obstante, se mete un dedo en la nariz. Lo que también le remite a Ramón: “los niños se sacan las ideas de la nariz”. En la formación de mis ideas pesaron otros muertos íberos, con el mismo apellido que mi bebé, a los que no conocí, y que fueron ajusticiados con un clavo en la cabeza en una cuneta, en un cuartel, en un campo de Austria. ¿Esos cráneos existirán para él o serán una brutalidad tan lejana como los cráneos que ahora tenemos frente a nosotros? ¿Se los sacará de la nariz algún día? ¿Cómo? ¿Con que herramientas? ¿Qué modulará con ello? Y, en fin y otra vez, ¿cuánto duran los muertos?
-CONTACTO CON LA MUERTE A). Restaurant. Me encuentro con un niño al que hacía 30 años que no veía. Ya no es un niño. Tiene 40 tacos. Se afeita. Me lo encontraba cada verano. Siempre iba rodeado por dos amigos más. Un chileno recién exiliado y un chico de Barcelona, absolutamente frágil. Pregunto por ellos. Uno, tal vez el que más he deseado ver en estos 30 años, ha muerto. Cuando me lo dice se me eriza la piel. También, me consta por su expresión, la de mi interlocutor. Escasos segundos. Luego, se relaja y me explica que nuestro amigo murió hace 15 años. Ese dato, y de forma incomprensible, también me atenúa el dolor que acabo de recibir. He recibido una noticia de muerte, sí, pero atenuada por 15 años de mitigación del dolor. Lo que me lleva, nuevamente, a la pregunta del millón. ¿Cuánto dura la muerte?
-CONTACTO CON LA MUERTE C) A unos kilómetros de Ullastret / Pollastret se han iniciado excavaciones. Están buscando cráneos de íberos con clavo. Ejecutados en 1939. Todo el mundo, desde aquella fecha, sabía donde estaban esos cráneos. Y quién les insertó el clavo. No obstante, hasta ahora no se ha intentado desenterrarlos. Lo que invita a pensar que, si ahora son desenterrados, es porque pueden ser observados con el distanciamiento que tienen los cráneos con clavo al uso 2.000 años después del martillazo. La fosa común de íberos y clavos del siglo XX posee, por tanto, un record europeo. Ha fosilizado en 70 años. En 70 años ha realizado el periplo que otros despojos realizan a lo largo de 2.000 años. EL desenterramiento de aquella matanza traerá las mismas repercusiones políticas y culturales que los realizados en una necrópolis íbera. ¿Cuánto dura la muerte?
-CONTACTO CON LA MUERTE D). La cultura disponible en la sala presenta dos originalidades. Es consecuencia directa y lejana de un genocidio. Soy muy prudente con las palabras. Jamás sobreactuo con palabras yuyu. Como el palabro fascista, que sólo se puede aplicar, en efecto, a lo que ampara el sustantivo, por más indignado que uno esté. Por eso mismo, intento reservar el palabro genocidio para las situaciones que lo merecen. Por lo que creo utilizar la palabra correcta cuando opto por la opción genocidio para aludir al cambio cultural acaecido tras la guerra civil. Un cambio cultural que impidió la inclusión en la cultura de varios siglos de muertos. Impidió el diálogo con los muertos. Y, en fin, supuso una ruptura de la tradición –una ruptura con los muertos, vamos-, sin paralelismos en Europa. La segunda originalidad sucede a partir de los 70’s –quizás más en los 80’s-, cuando en pleno proceso de a) internacionalización e industrialización de la cultural, y de b) transición democrática, se decide aplazar indefinidamente aquel problema cultural anterior. La cultura –esa cosa llena hasta los topes de muertos- decidió seguir sin muertos, para que la vida –esa cosa sin muertos- tampoco se llenara de más muertos que los necesarios. La CT, una cultura sin muertos, como en Babilonia, pero también sin muertos culturales, es decir, sin una tradición de continuidad con el pasado, ya no es un fruto del fascismo. Es una consecuencia / una visualización de la democracia y del proceso y la forma con que vino por aquí abajo. Nuestra cultura carece de muertos, para colaborar al hecho de que España es, en el contexto europeo -continente tan dado a la masacre política durante el último siglo-,el biotopo con menos muertos. ¿Cuánto dura un muerto? ¿Y por aquí abajo?
-PERO, ¿HUBO ALGUNAS VEZ 20.000 MUERTOS? La idea básica del párrafo anterior me suena. A ver. Humm. Sí, la he leído en un texto. Hablaba de la narrativa española actual. Tal que así: “sea lo que sea la narrativa española, tiene que ver con lo ocurrido en este país durante la Transición, y poco ya o nada con lo ocurrido con el Franquismo”. La sentencia –tan poco típica dentro del punto de vista estadístico empleado por los chicos listos locales en el trance de hablar de los logros culturales de la Transi- es de Ignacio Echevarría, el pollo con el que iniciaré próximamente un debate en éstas páginas. Es más, mañana les presento a Echevarría y pasado empezamos. Palabrita. Se tratará de hablar de la literatura de un país en el que –y me respondo a la pregunta retórica que me he planteado reiteradamente y anteriormente-, la muerte no dura nada. Salvo que pueda ser instrumentalizada en un proyecto político. COmo sucede con su cultura. De manera que, tal vez por lo mismo, vivimos en el único país del mundo en cuya cultura no hay muertos. Y en su vida no hay más muertos que los verbalizables por una cultura sin muertos anteriores a 1975. ¿Muertos en nuestra cultura y en nuestra vida? Quizás, únicamente, Cervantes cada 100 años.
Nos vemos mañana. Echevarría, ve haciendo ejercicios de calentamiento.
-ME VIVO EN TUS MUERTOS. Miren a sus lados. A menos que vivan encima de un cementerio indio, en efecto, no verán ningún muerto. Quizás es la gran diferencia entre la vida y una de las grandes regiones de la vida. La cultura. Una cultura es, básicamente, la gestión de la muerte. Es decir, de los muertos. Es más, los muertos son los pobladores básicos de una cultura. La literatura, de hecho, es un algo formado por obras de muertos y por obras de vivos que, en plan guija, dialogan con los muertos. Curiosamente, y por otra parte, este fin-de he tenido varios contactos con la muerte. Lo cual me ha llevado a varias meditaciones sobre el caso de la cosa. Se trata de pensamientos sobre la muerte en la vida –esa cosa donde no hay muertos-, y la cultura –esa cosa donde, para el caso, sólo hay muertos-. No se vayan.
-CONTACTO CON LA MUERTE A). Me voy a Ullastret, Empordà DF. Con mi bebé. Que aún no sabe decir Ullastret. El primer paso –yo pasé por ahí- consistirá en que, dentro de unos meses, empezará a denominarlo Pollastret –cast.: Pollito-. Y yo me reiré con la boca llena de dientes. Bueno. Ullastret / Pollastret es un poblado íbero que tira de espaldas. Estaba edificado encima de una laguna y se integraba en el paisaje formando una belleza inaudita. Como México antes de la llegada de los españoles, que se emplearon a fondo con la laguna. Lo que invita a pensar que España, en algún momento de su historia, fue invadida por españoles. El caso es que en el museo del poblado íbero vuelvo a ver una imagen de la brutalidad íbera -¿fueron los íberos los invasores furiosos que desecaron las lagunas?-, consistente en cráneos de ajusticiados íberos. EL sistema de ejecución consistía en insertar en la cabeza del ajusticiado un clavo. Cada uno de los cráneos con clavo expuestos es, pues, la exposición de una brutalidad y de un drama. Un drama que afectó al usuario de un cráneo. Y a su mamá, a su novia, a sus hijos, a sus vecinos, a sus amigotes. Un drama, por otra parte, acaecido hace 2.000 años. Es decir, un drama inexistente. Que te pilla lejos y en el que es imposible involucrarte. Lo que, delante de un cráneo con un clavo, me lleva a hacerme la siguiente pregunta: ¿cuánto dura la muerte? Vale, no hay muertos. Hay sólo vivos. Pero, ¿cuántas generaciones pueden vivir el hecho de un antepasado al que alguien le clavó un clavo en la cabeza? Contemplo a mi bebé. Pasa tres pueblos de las calaveras ajusticiadas. No sabe lo que son. Por lo que no entiende el adagio de Ramón que va y dice “cuando miramos una calavera jamás pensamos que fuese una mujer”. No obstante, se mete un dedo en la nariz. Lo que también le remite a Ramón: “los niños se sacan las ideas de la nariz”. En la formación de mis ideas pesaron otros muertos íberos, con el mismo apellido que mi bebé, a los que no conocí, y que fueron ajusticiados con un clavo en la cabeza en una cuneta, en un cuartel, en un campo de Austria. ¿Esos cráneos existirán para él o serán una brutalidad tan lejana como los cráneos que ahora tenemos frente a nosotros? ¿Se los sacará de la nariz algún día? ¿Cómo? ¿Con que herramientas? ¿Qué modulará con ello? Y, en fin y otra vez, ¿cuánto duran los muertos?
-CONTACTO CON LA MUERTE A). Restaurant. Me encuentro con un niño al que hacía 30 años que no veía. Ya no es un niño. Tiene 40 tacos. Se afeita. Me lo encontraba cada verano. Siempre iba rodeado por dos amigos más. Un chileno recién exiliado y un chico de Barcelona, absolutamente frágil. Pregunto por ellos. Uno, tal vez el que más he deseado ver en estos 30 años, ha muerto. Cuando me lo dice se me eriza la piel. También, me consta por su expresión, la de mi interlocutor. Escasos segundos. Luego, se relaja y me explica que nuestro amigo murió hace 15 años. Ese dato, y de forma incomprensible, también me atenúa el dolor que acabo de recibir. He recibido una noticia de muerte, sí, pero atenuada por 15 años de mitigación del dolor. Lo que me lleva, nuevamente, a la pregunta del millón. ¿Cuánto dura la muerte?
-CONTACTO CON LA MUERTE C) A unos kilómetros de Ullastret / Pollastret se han iniciado excavaciones. Están buscando cráneos de íberos con clavo. Ejecutados en 1939. Todo el mundo, desde aquella fecha, sabía donde estaban esos cráneos. Y quién les insertó el clavo. No obstante, hasta ahora no se ha intentado desenterrarlos. Lo que invita a pensar que, si ahora son desenterrados, es porque pueden ser observados con el distanciamiento que tienen los cráneos con clavo al uso 2.000 años después del martillazo. La fosa común de íberos y clavos del siglo XX posee, por tanto, un record europeo. Ha fosilizado en 70 años. En 70 años ha realizado el periplo que otros despojos realizan a lo largo de 2.000 años. EL desenterramiento de aquella matanza traerá las mismas repercusiones políticas y culturales que los realizados en una necrópolis íbera. ¿Cuánto dura la muerte?
-CONTACTO CON LA MUERTE D). La cultura disponible en la sala presenta dos originalidades. Es consecuencia directa y lejana de un genocidio. Soy muy prudente con las palabras. Jamás sobreactuo con palabras yuyu. Como el palabro fascista, que sólo se puede aplicar, en efecto, a lo que ampara el sustantivo, por más indignado que uno esté. Por eso mismo, intento reservar el palabro genocidio para las situaciones que lo merecen. Por lo que creo utilizar la palabra correcta cuando opto por la opción genocidio para aludir al cambio cultural acaecido tras la guerra civil. Un cambio cultural que impidió la inclusión en la cultura de varios siglos de muertos. Impidió el diálogo con los muertos. Y, en fin, supuso una ruptura de la tradición –una ruptura con los muertos, vamos-, sin paralelismos en Europa. La segunda originalidad sucede a partir de los 70’s –quizás más en los 80’s-, cuando en pleno proceso de a) internacionalización e industrialización de la cultural, y de b) transición democrática, se decide aplazar indefinidamente aquel problema cultural anterior. La cultura –esa cosa llena hasta los topes de muertos- decidió seguir sin muertos, para que la vida –esa cosa sin muertos- tampoco se llenara de más muertos que los necesarios. La CT, una cultura sin muertos, como en Babilonia, pero también sin muertos culturales, es decir, sin una tradición de continuidad con el pasado, ya no es un fruto del fascismo. Es una consecuencia / una visualización de la democracia y del proceso y la forma con que vino por aquí abajo. Nuestra cultura carece de muertos, para colaborar al hecho de que España es, en el contexto europeo -continente tan dado a la masacre política durante el último siglo-,el biotopo con menos muertos. ¿Cuánto dura un muerto? ¿Y por aquí abajo?
-PERO, ¿HUBO ALGUNAS VEZ 20.000 MUERTOS? La idea básica del párrafo anterior me suena. A ver. Humm. Sí, la he leído en un texto. Hablaba de la narrativa española actual. Tal que así: “sea lo que sea la narrativa española, tiene que ver con lo ocurrido en este país durante la Transición, y poco ya o nada con lo ocurrido con el Franquismo”. La sentencia –tan poco típica dentro del punto de vista estadístico empleado por los chicos listos locales en el trance de hablar de los logros culturales de la Transi- es de Ignacio Echevarría, el pollo con el que iniciaré próximamente un debate en éstas páginas. Es más, mañana les presento a Echevarría y pasado empezamos. Palabrita. Se tratará de hablar de la literatura de un país en el que –y me respondo a la pregunta retórica que me he planteado reiteradamente y anteriormente-, la muerte no dura nada. Salvo que pueda ser instrumentalizada en un proyecto político. COmo sucede con su cultura. De manera que, tal vez por lo mismo, vivimos en el único país del mundo en cuya cultura no hay muertos. Y en su vida no hay más muertos que los verbalizables por una cultura sin muertos anteriores a 1975. ¿Muertos en nuestra cultura y en nuestra vida? Quizás, únicamente, Cervantes cada 100 años.
Nos vemos mañana. Echevarría, ve haciendo ejercicios de calentamiento.
viernes, septiembre 23, 2005
CT E I+D
-CAZA DE BISONTES I+D. Disculpas. Estos días no he estado al quite. He estado cazando bisontes como un poseso. Concepto cazar-bisontes, ampliación. Consiste en salir de la cueva y volver a ella con un bisonte lo antes posible. Cuando vuelves, comes bisonte como para una boda y, posteriormente, practicas danzas rituales, en las que explicas a los usuarios de la cueva –pueden ser, también, cuevas monoparentales; un pollo que vive solo practica la danza del bisonte solo, mientras se mira en el espejo en el trance de afeitarse-, lo que te ha costado cazar un bisonte. La vida, en fin, gira entorno del concepto cazar bisontes incluso varios miles de años después de la extinción de los bisontes. Las modernas tecnologías, en ese sentido, no han modificado el concepto cazar-bisontes, una disciplina con pocas variantes básicas en el ínterin que va desde cuando se hacía la mili con sílex, hasta esta mañana a primera hora, cuando The Matrix ya va por la entrega decimonona. Hoy, de hecho, les hablaré de unas cosas que me han pasado por la cabeza y que, a la vez, tienen que ver con bisontes extinguidos que nunca se extinguen. Y con The Matrix. No se lo pierdan, que pago yo.
-CT Y NUEVAS TECNOLOGÍAS. El carácter cerrado, claustrofóbico, autártico, inexportable de la CT, un indicio de que es más una formulación territorial antes que una evolución internacional de la cultural española, es su escaso interés en la tecnología, una herramienta cultural como la copa de un pino desde mediados de los 90’s, cuando, por ejemplo, a través de una llamada a París tenías acceso a una Intenet sin Java. Salvo excepciones puntuales. www.libertaddigital.com sería la más notoria. Sería, además, una formulación de cercanías ante la formulación de la cultura en / de la tecnología. Antes que todo eso, la web de marras es un centro de centralismo informativo, en el que una comunidad de receptores, antes que una comunidad de emisores o de dialogadores, recibe consignas ante la realidad a tiempo real. El elemento hi-tec español, en tanto que el más centralizable y controlable, sigue siendo, aquí y en Lima, la tele. De hecho, si se fijan, la tele fue el gran elemento informativo durante, pongamos, el 11-M. Logró, incluso, sentar cátedra. Es decir, punto de vista. A pesar de que la Red estaba repleta de otro punto de vista, más fiable –garantizado por agencias informativas internacionales-, más veloz y más contrastable. La tele, en fin, aquí es la pera. La necesita todo el mundo que quiere practicar CT –el 11-M, lo dicho, la tele practicó CT, es decir, dirigismo cultural, por un tubo-. La necesitan los escritores que formulan CT. La necesitan los cantantes OT, que formulan canciones/novelas CT. Y la necesitan los políticos. Los políticos en el poder, quiero decir. Un político en la oposición puede participar de la CT. Pero sólo puede influir en ella, influir en los mensajes coyunturales de la CT si pilla cacho. Ese hecho tal vez explica la beligerancia política de los políticos con cacho ante la tele. Y eso, a su vez, explica la beligerancia política emitida esta semana por Esperanza Aguirre & The Aguirrettes para acceder a un segundo canal de televisión autonómico. Un segundo canal, por otra parte innecesario –el primer canal no se come un kiki, ni tan sólo ofreciendo lo que se supone que debe de ofrecer una televisión española-. La beligerancia por un segundo canal, empero, ilustra tal vez la única beligerancia tecnológica posible en la CT: el dominio de los medios de comunicación del siglo XIX y XX. La CT y los chicos que la trabajan no se interesan por las nuevas tecnologías en tanto no son interesanrtes: no son dominables, no son centralizables. En defensa de los chicos CT se debe de decir también que, aunque haga pupa, tampoco son medios influyentes y con autoridad. Ahora mismo yo podría declarar la III República desde mi blog y, snif, no pasaría nada.
-DECLARACIONES DE LA III REPÚBLICA. Este blog se encuentra de narices con que la periferia metafórica no sólo no es la no-CT; en ocasiones son también las culturas periféricas peninsulares, en las que, por las duras reglas del juego CT, cosas que han caído de morros en los nacionalismos periféricos pertenecían, antes de que los nacionalismos periféricos fueran la única discusión posible en la CT, a una idea crítica de cultura. Bueno. Las culturas periféricas tienen, por lo general, ideas más cachas ante las nuevas tecnologías. Verbigracia: en Catalunya un colectivo de usuarios ha colado al ICANN –el organismo privado internacional que otorga y niega dominios-, el dominio .cat. El dominio .cat no es el dominio inexistente .ct. Es decir, no es un dominio territorial. Como todo en la CT. Hasta las discusiones de todo tipo. El dominio .cat es un dominio lingüístico y cultural. EL otro día me fui al fútbol con Vicent Partal, valenciano afincado en BCN director de www.vilaweb.com el diario digital en catalán más importante por aquí abajo –una de las 10 webs más visitadas de la Península-, y uno de los promotores y portavoz de la asociación puntCAT, madre de la cosa. Que me formuló la cosa, a su vez, como un ejercicio de globalización y descentralización cultural. Ahí les trascribo un poco la conversación.
-LO NO DOMINABLE NO ES CENTRALIZABLE. “El dominio .cat es un ejemplo de cómo se puede solucionar las cosas de otras maneras. No es un dominio obligatorio, y a la vez no excluye ningún otro. Y eso es muy interesante para los problemas de identidad: con .cat no importan las esencias colectivas, sino la decisión individual.” “Con .cat das a la gente herramientas para decidir. Y eso es lo contrario a la matrícula de coches que impuso Aznar.”. Repercusiones de todo ello en el mundo-mundial: “Hemos creado el primer dominio lingüístico del mundo, y el catalán ha recibido un reconocimiento internacional sin necesidad de Estado, sin necesidad de recurrir al enfrentamiento para acceder a un reconocimiento global”. “Hemos dado una lección al planeta: la comodidad por encima del enfrentamiento”. Hombre, algo de gritos sí que ha habido. “Sí, algunas reacciones han sido del tipo OPA a Endesa. Pero son una metáfora de que el mundo es complejo y la política, en ocasiones simplista. En ese sentido, hemos realizado una innovación absoluta. Y a nivel global. Ha sido una bomba”. Esa bomba metafórica igual ilustra un mundo que ya empieza a ser metafórico: “Hasta ahora el Estado era el único elemento de representación. Eso ya es falso. Microsoft, por ejemplo, tiene algo que ver con la política internacional”.
-LA ZONA DE GRISES. Hablamos de las cosas que pueden no cuadrar en todo este mensaje optimista y luminoso ¿Habrá páginas en castellano con .cat? “El contrato con ICANN especifica que el dominio agrupará lengua y cultura catalana. La lengua es un concepto claro, ¿pero qué es cultura? Ahí empieza la zona de grises, que creo que se solucionará fácilmente”. La zona de grises la clarificará una fundación, en la que trabajarán no más de tres personas. Teorizamos algunos problemas con los que se encontrarán los tres chicos .cat. “Maite Martín” –cantora flamenca que, por así decirlo, no se come un kiki en BCN en tanto que flamenca, y que no se come un kiki en Andalucía en tanto que catalana-, “si quiere, puede optar por el .cat. Pero supongo que no una página consagrada al flamenco en general”. “El concepto clave es que .cat no alude a un territorio. Ser de Barcelona no da más derechos para acceder al .cat que ser de Seatle”.
-UNA METÁFORA DE ALGÚN CONCEPTO TIRADO EN ÉSTE BLOG. Partal, para facilitarme una metáfora del gol colado al mundo a través de .cat me explica que lo importante en el mundo actual es la mirada. Y hace una ecuación que comunica el concepto .cat con el concepto Sánchez Piñol, autor catalán de best-sellers, que ha tirado varios cientos de miles de su último libro en varias lenguas. Le digo que OK, pero que Sánchez Piñol no es una mirada. Es un escritor de best-sellers internacional. Sin mirada. Aunque escriba en catalán o en arameo. Paradójicamente, estamos de acuerdo. Lo que nos lleva a esa idea que va apareciendo periódicamente en el blog: detrás de todos los posicionamientos políticos no-CT, detrás de todos los cambios que contradicen la CT -.cat es uno, lo miren por donde lo miren-, no hay una idea de cultura, unos profesionales de la cultura y unos objetos culturales abiertamente opuestos y beligerantes con la CT. Por ahora, ése sigue siendo el gran misterio del blog, desde el que les saludo. Hola.
-CT Y NUEVAS TECNOLOGÍAS. El carácter cerrado, claustrofóbico, autártico, inexportable de la CT, un indicio de que es más una formulación territorial antes que una evolución internacional de la cultural española, es su escaso interés en la tecnología, una herramienta cultural como la copa de un pino desde mediados de los 90’s, cuando, por ejemplo, a través de una llamada a París tenías acceso a una Intenet sin Java. Salvo excepciones puntuales. www.libertaddigital.com sería la más notoria. Sería, además, una formulación de cercanías ante la formulación de la cultura en / de la tecnología. Antes que todo eso, la web de marras es un centro de centralismo informativo, en el que una comunidad de receptores, antes que una comunidad de emisores o de dialogadores, recibe consignas ante la realidad a tiempo real. El elemento hi-tec español, en tanto que el más centralizable y controlable, sigue siendo, aquí y en Lima, la tele. De hecho, si se fijan, la tele fue el gran elemento informativo durante, pongamos, el 11-M. Logró, incluso, sentar cátedra. Es decir, punto de vista. A pesar de que la Red estaba repleta de otro punto de vista, más fiable –garantizado por agencias informativas internacionales-, más veloz y más contrastable. La tele, en fin, aquí es la pera. La necesita todo el mundo que quiere practicar CT –el 11-M, lo dicho, la tele practicó CT, es decir, dirigismo cultural, por un tubo-. La necesitan los escritores que formulan CT. La necesitan los cantantes OT, que formulan canciones/novelas CT. Y la necesitan los políticos. Los políticos en el poder, quiero decir. Un político en la oposición puede participar de la CT. Pero sólo puede influir en ella, influir en los mensajes coyunturales de la CT si pilla cacho. Ese hecho tal vez explica la beligerancia política de los políticos con cacho ante la tele. Y eso, a su vez, explica la beligerancia política emitida esta semana por Esperanza Aguirre & The Aguirrettes para acceder a un segundo canal de televisión autonómico. Un segundo canal, por otra parte innecesario –el primer canal no se come un kiki, ni tan sólo ofreciendo lo que se supone que debe de ofrecer una televisión española-. La beligerancia por un segundo canal, empero, ilustra tal vez la única beligerancia tecnológica posible en la CT: el dominio de los medios de comunicación del siglo XIX y XX. La CT y los chicos que la trabajan no se interesan por las nuevas tecnologías en tanto no son interesanrtes: no son dominables, no son centralizables. En defensa de los chicos CT se debe de decir también que, aunque haga pupa, tampoco son medios influyentes y con autoridad. Ahora mismo yo podría declarar la III República desde mi blog y, snif, no pasaría nada.
-DECLARACIONES DE LA III REPÚBLICA. Este blog se encuentra de narices con que la periferia metafórica no sólo no es la no-CT; en ocasiones son también las culturas periféricas peninsulares, en las que, por las duras reglas del juego CT, cosas que han caído de morros en los nacionalismos periféricos pertenecían, antes de que los nacionalismos periféricos fueran la única discusión posible en la CT, a una idea crítica de cultura. Bueno. Las culturas periféricas tienen, por lo general, ideas más cachas ante las nuevas tecnologías. Verbigracia: en Catalunya un colectivo de usuarios ha colado al ICANN –el organismo privado internacional que otorga y niega dominios-, el dominio .cat. El dominio .cat no es el dominio inexistente .ct. Es decir, no es un dominio territorial. Como todo en la CT. Hasta las discusiones de todo tipo. El dominio .cat es un dominio lingüístico y cultural. EL otro día me fui al fútbol con Vicent Partal, valenciano afincado en BCN director de www.vilaweb.com el diario digital en catalán más importante por aquí abajo –una de las 10 webs más visitadas de la Península-, y uno de los promotores y portavoz de la asociación puntCAT, madre de la cosa. Que me formuló la cosa, a su vez, como un ejercicio de globalización y descentralización cultural. Ahí les trascribo un poco la conversación.
-LO NO DOMINABLE NO ES CENTRALIZABLE. “El dominio .cat es un ejemplo de cómo se puede solucionar las cosas de otras maneras. No es un dominio obligatorio, y a la vez no excluye ningún otro. Y eso es muy interesante para los problemas de identidad: con .cat no importan las esencias colectivas, sino la decisión individual.” “Con .cat das a la gente herramientas para decidir. Y eso es lo contrario a la matrícula de coches que impuso Aznar.”. Repercusiones de todo ello en el mundo-mundial: “Hemos creado el primer dominio lingüístico del mundo, y el catalán ha recibido un reconocimiento internacional sin necesidad de Estado, sin necesidad de recurrir al enfrentamiento para acceder a un reconocimiento global”. “Hemos dado una lección al planeta: la comodidad por encima del enfrentamiento”. Hombre, algo de gritos sí que ha habido. “Sí, algunas reacciones han sido del tipo OPA a Endesa. Pero son una metáfora de que el mundo es complejo y la política, en ocasiones simplista. En ese sentido, hemos realizado una innovación absoluta. Y a nivel global. Ha sido una bomba”. Esa bomba metafórica igual ilustra un mundo que ya empieza a ser metafórico: “Hasta ahora el Estado era el único elemento de representación. Eso ya es falso. Microsoft, por ejemplo, tiene algo que ver con la política internacional”.
-LA ZONA DE GRISES. Hablamos de las cosas que pueden no cuadrar en todo este mensaje optimista y luminoso ¿Habrá páginas en castellano con .cat? “El contrato con ICANN especifica que el dominio agrupará lengua y cultura catalana. La lengua es un concepto claro, ¿pero qué es cultura? Ahí empieza la zona de grises, que creo que se solucionará fácilmente”. La zona de grises la clarificará una fundación, en la que trabajarán no más de tres personas. Teorizamos algunos problemas con los que se encontrarán los tres chicos .cat. “Maite Martín” –cantora flamenca que, por así decirlo, no se come un kiki en BCN en tanto que flamenca, y que no se come un kiki en Andalucía en tanto que catalana-, “si quiere, puede optar por el .cat. Pero supongo que no una página consagrada al flamenco en general”. “El concepto clave es que .cat no alude a un territorio. Ser de Barcelona no da más derechos para acceder al .cat que ser de Seatle”.
-UNA METÁFORA DE ALGÚN CONCEPTO TIRADO EN ÉSTE BLOG. Partal, para facilitarme una metáfora del gol colado al mundo a través de .cat me explica que lo importante en el mundo actual es la mirada. Y hace una ecuación que comunica el concepto .cat con el concepto Sánchez Piñol, autor catalán de best-sellers, que ha tirado varios cientos de miles de su último libro en varias lenguas. Le digo que OK, pero que Sánchez Piñol no es una mirada. Es un escritor de best-sellers internacional. Sin mirada. Aunque escriba en catalán o en arameo. Paradójicamente, estamos de acuerdo. Lo que nos lleva a esa idea que va apareciendo periódicamente en el blog: detrás de todos los posicionamientos políticos no-CT, detrás de todos los cambios que contradicen la CT -.cat es uno, lo miren por donde lo miren-, no hay una idea de cultura, unos profesionales de la cultura y unos objetos culturales abiertamente opuestos y beligerantes con la CT. Por ahora, ése sigue siendo el gran misterio del blog, desde el que les saludo. Hola.
lunes, septiembre 19, 2005
DOS BRAVOS PRÓLOGOS DOS
En tanto que esto es un libro –o algo parecido a un libro- extraño, la cosa requiere prólogos extraños. O extrañizar los prólogos. El caso es que, si se fija, periódicamente aparece por aquí un prólogo. Resume, reinterpreta y da cierta lógica a lo escrito hasta entonces. Posteriormente a cada prólogo la lógica y los temas exhibidos cambian, para irse hacia otros temas y otros tratamientos que, siempre y en todo caso, no sé a donde van a ir a parar. Por lo general, paran en otro prólogo. Estas páginas, en fin, carecen de toda estructura. La estructura, así a lo bestia –lo mínimo es también algo muy bestia-, la aportan a) un lema –vamos, dos; los dos que presiden ésta página; si gira la cabeza un pelo para arriba los podrán ver; uno es mi nombre y, el otro es más largo-, b) la periodicidad de los artículos y, c), cierto interés para, a través de todo lo que va apareciendo, intentar descodificar la CT. Bueno. Ha pasado la tira desde el último prólogo. Hoy toca prólogo. En tanto que hace la tira que no les chorreaba con un prólogo, hoy les vierto la tira de prólogos. Alehop.
-PRÓLOGO. TODOS LOS TEMAS PUEDEN SER CT. PERO SÓLO UN TRATAMIENTO. Un colega va y plagia en un artículo periodístico un tema que he tratado en septiembre. Es un tema que a mi me servía para dibujar una tendencia de las culturas occidentales y una seña de identidad como un piano de la CT. Es un tema, por tanto, útil para descodificar la CT. El colega, no obstante, lo utiliza para hacer CT. CeTización del tema no CT: un plagio es, fundamentalmente, estrés para llenar un espacio. Es, por tanto, lo contrario a la gestión de un espacio. Lo que puede apuntar a la idea de que los intelectuales CT no tienen interés por gestionar desde el pensamiento los espacios que ocupan en los medios. Tienen interés por llenarlos, por permanecer en ellos. Quizás esa sea la diferencia entre un comunicador CT y un no-comunicador no-CT. Ni idea. Por otra parte, el colega CeTizaba el tema no CT utilizándolo para explicar un pequeño trayecto sentimental. Vamos, que le quitaba ideología y lo llenaba de sentimentalidad, esa cosa tan presente en la CT y que sirve tanto para llenar un 11-M como para llenar un artículo patatero –en argot periodístico, aquellos que te sirven para comprar patatas y comer otro día- y, en general, aquello que sirve para vaciar de contenido un tema cultural hasta convertirlo en CT. Es decir, hasta conseguir no decir nada molesto. O, incluso, nada, a secas. Antes de empezar a escribir estas páginas, hubiera dicho que mi colega era un cara dura. Ahora, como ven, he ganado herramientas para poder describir que no es un caradura. Es un usuario normal de una cultura. Y de su libre albedrío. La cultura de la que es usuario no penaliza llenar un espacio con material de otra persona. Penaliza no llenar un espacio. Su libre albedrío no penaliza ni su decisión puntual para llenar un espacio, ni su decisión de no ver patológica en todá la dinámica cultural de la que ha participado. También yo he ganado herramientas, por otra parte, para poder dibujar mi subnormalidad. Un subnormal verbalizado gana budismo y pierde crispación, esa cosa que puede invalidar tus puntos de vista extraños. No me pregunten por qué, pero es así. Estos ojos que se van a comer los gusarnos han visto muchos tipos repletos de razón, pero también de una mala leche tan notoria que ya no les veías la razón por ningún lado. Bueno. Espero que, en las páginas leídas y en las que siguen, ustedes también puedan ver algo de su propia subnormalidad, esa cosa que les convierte en usuarios diferentes de una cultura. Para ver nuestra normalidad, hagan como yo y lean los artículos de mi colega, por ejemplo.
-PRÓLOGO. EL AMOR Y LA GUERRA SON CULTURA. Estos días me he releído Historia de la Guerra, de John Keegan –no lo busquen; me temo que está descatalogado-. El libro es la pera. Presenta la guerra como una región de la cultura humana. Como la lencería. Después de esa arriesgada propuesta cultural, el libro está repleto de sorpresas. Verbigracia: en toda la Humanidad y en toda la Historia, sólo hubo una cultura que hizo de la guerra su motivo cultural absoluto. No fue la cultura hitleriana. Fue la cultura de la Isla de Pascua. Sus habitantes llevaron la guerra a un límite absoluto, jamás alcanzado antes o después. Cuando llegaron los europeos a la isla, se encontraron con que casi no había ya isla. Otra sorpresa del libro es la absoluta culturalización de la guerra entre los mexicas. Los mexicas hicieron de la guerra puro símbolo. En sus guerras, por ejemplo, jamás se mataban. Carecían incluso de armas para matar. Sus armas, a lo sumo, hacían pupa. La guerra consistía en ir pillando prisioneros con espadas de madera. La guerra de los mexicas parece bucólica, de patio de cole. Lamentablemente, los prisioneros recolectados en ese tipo de guerra eran posteriormente sometidos a otra serie de ritos, no meros culturales, pero mucho más cruentos. Por ejemplo, a tu mejor enemigo lo convertías en tu hermano. Pasabas con él un año, conviviendo como hermanos en tu casa. Hasta que lo llevabas al templo, dónde lo sacrificabas, te comías su corazón, le arrancabas la piel y la hacías servir como capa hasta que se cayera, podrida, de tu cuerpo. El luto posterior al asesinato del prisionero/hermano era absolutamente riguroso, por lo que tenías que llorar como una magdalena y raparte al cero. Humm. Las culturas son como la guerra de los mexicas. A menudo cuesta ver, en primera instancia, su bestialismo. Y sus víctimas. Como ha quedado claro, había víctimas que durante un año no eran víctimas, si no hermanos. El dibujo de la CT, una cultura con, aparentemente, espadas de madera, sin enfrentamientos serios, da mucho pie a no ver quienes o qué son las víctimas. Y quienes o quién llevan sus pieles arrancadas sobre su cuerpo hasta que se pudra, como la cosa más normal de mundo. Es decir, como la cosa más invisible del mundo. Humm. A partir de ahora en ésta páginas empezaremos a hablar un poco sobre pieles arrancadas a prisioneros-hermanos. Me temo que los prisioneros desollados de la CT son o se parecen mucho a los HF que les presentaba hace unos meses. Recuerde, HF = Hombres de Flores, aquellos minúsculos hombres, poseedores de una inteligencia diferente a los Homo Sapiens. Razón, posiblemente, por la que se extinguieron. Hasta mañana. Muach.
-PRÓLOGO. TODOS LOS TEMAS PUEDEN SER CT. PERO SÓLO UN TRATAMIENTO. Un colega va y plagia en un artículo periodístico un tema que he tratado en septiembre. Es un tema que a mi me servía para dibujar una tendencia de las culturas occidentales y una seña de identidad como un piano de la CT. Es un tema, por tanto, útil para descodificar la CT. El colega, no obstante, lo utiliza para hacer CT. CeTización del tema no CT: un plagio es, fundamentalmente, estrés para llenar un espacio. Es, por tanto, lo contrario a la gestión de un espacio. Lo que puede apuntar a la idea de que los intelectuales CT no tienen interés por gestionar desde el pensamiento los espacios que ocupan en los medios. Tienen interés por llenarlos, por permanecer en ellos. Quizás esa sea la diferencia entre un comunicador CT y un no-comunicador no-CT. Ni idea. Por otra parte, el colega CeTizaba el tema no CT utilizándolo para explicar un pequeño trayecto sentimental. Vamos, que le quitaba ideología y lo llenaba de sentimentalidad, esa cosa tan presente en la CT y que sirve tanto para llenar un 11-M como para llenar un artículo patatero –en argot periodístico, aquellos que te sirven para comprar patatas y comer otro día- y, en general, aquello que sirve para vaciar de contenido un tema cultural hasta convertirlo en CT. Es decir, hasta conseguir no decir nada molesto. O, incluso, nada, a secas. Antes de empezar a escribir estas páginas, hubiera dicho que mi colega era un cara dura. Ahora, como ven, he ganado herramientas para poder describir que no es un caradura. Es un usuario normal de una cultura. Y de su libre albedrío. La cultura de la que es usuario no penaliza llenar un espacio con material de otra persona. Penaliza no llenar un espacio. Su libre albedrío no penaliza ni su decisión puntual para llenar un espacio, ni su decisión de no ver patológica en todá la dinámica cultural de la que ha participado. También yo he ganado herramientas, por otra parte, para poder dibujar mi subnormalidad. Un subnormal verbalizado gana budismo y pierde crispación, esa cosa que puede invalidar tus puntos de vista extraños. No me pregunten por qué, pero es así. Estos ojos que se van a comer los gusarnos han visto muchos tipos repletos de razón, pero también de una mala leche tan notoria que ya no les veías la razón por ningún lado. Bueno. Espero que, en las páginas leídas y en las que siguen, ustedes también puedan ver algo de su propia subnormalidad, esa cosa que les convierte en usuarios diferentes de una cultura. Para ver nuestra normalidad, hagan como yo y lean los artículos de mi colega, por ejemplo.
-PRÓLOGO. EL AMOR Y LA GUERRA SON CULTURA. Estos días me he releído Historia de la Guerra, de John Keegan –no lo busquen; me temo que está descatalogado-. El libro es la pera. Presenta la guerra como una región de la cultura humana. Como la lencería. Después de esa arriesgada propuesta cultural, el libro está repleto de sorpresas. Verbigracia: en toda la Humanidad y en toda la Historia, sólo hubo una cultura que hizo de la guerra su motivo cultural absoluto. No fue la cultura hitleriana. Fue la cultura de la Isla de Pascua. Sus habitantes llevaron la guerra a un límite absoluto, jamás alcanzado antes o después. Cuando llegaron los europeos a la isla, se encontraron con que casi no había ya isla. Otra sorpresa del libro es la absoluta culturalización de la guerra entre los mexicas. Los mexicas hicieron de la guerra puro símbolo. En sus guerras, por ejemplo, jamás se mataban. Carecían incluso de armas para matar. Sus armas, a lo sumo, hacían pupa. La guerra consistía en ir pillando prisioneros con espadas de madera. La guerra de los mexicas parece bucólica, de patio de cole. Lamentablemente, los prisioneros recolectados en ese tipo de guerra eran posteriormente sometidos a otra serie de ritos, no meros culturales, pero mucho más cruentos. Por ejemplo, a tu mejor enemigo lo convertías en tu hermano. Pasabas con él un año, conviviendo como hermanos en tu casa. Hasta que lo llevabas al templo, dónde lo sacrificabas, te comías su corazón, le arrancabas la piel y la hacías servir como capa hasta que se cayera, podrida, de tu cuerpo. El luto posterior al asesinato del prisionero/hermano era absolutamente riguroso, por lo que tenías que llorar como una magdalena y raparte al cero. Humm. Las culturas son como la guerra de los mexicas. A menudo cuesta ver, en primera instancia, su bestialismo. Y sus víctimas. Como ha quedado claro, había víctimas que durante un año no eran víctimas, si no hermanos. El dibujo de la CT, una cultura con, aparentemente, espadas de madera, sin enfrentamientos serios, da mucho pie a no ver quienes o qué son las víctimas. Y quienes o quién llevan sus pieles arrancadas sobre su cuerpo hasta que se pudra, como la cosa más normal de mundo. Es decir, como la cosa más invisible del mundo. Humm. A partir de ahora en ésta páginas empezaremos a hablar un poco sobre pieles arrancadas a prisioneros-hermanos. Me temo que los prisioneros desollados de la CT son o se parecen mucho a los HF que les presentaba hace unos meses. Recuerde, HF = Hombres de Flores, aquellos minúsculos hombres, poseedores de una inteligencia diferente a los Homo Sapiens. Razón, posiblemente, por la que se extinguieron. Hasta mañana. Muach.
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