lunes, enero 23, 2006

EL DESENLACE DEL ESTATUT EN CLAVE DE SENTIMIENTO CORRECTO. O, CUANDO EL CHICO NO PC DESPERTÓ, EL DINOSAURIO SEGUÍA AHÍ

-RESUMEN DE LO PUBLICADO. Hace 20 años podías matar una vaca. Hoy no. Parece una pijada. Pero no lo es. Es lo PC. Algo que no existía como tal hace 20 años. Lo PC es el Derecho Natural reformulado tras la muerte de Dios. Son las pautas de comportamiento que quiere Dios, pero cuando Dios ha muerto. Saber lo que quería Dios era un pitote cuando Dios estaba vivo. Ahora, que está fiambre, mucho más. En todo caso, y cambiando de tema, lo que sí les puedo decir es que ya hay pacto sobre el Estatut. Y que el pacto se ha producido en una etapa cultural en la que no puedes matar una vaca. Es, por tanto, y ahora se lo explico, un Estatut PC, un Estatut que, finalmente, no mata ninguna vaca. En lo que es un triunfo de lo CT. Y un fracaso del Estatut.

-LOS SENTIMIENTOS. La piedra angular de lo PC es la sentimentalización. La realidad se subdivide en sentimientos. De dos tipos. Los sentimientos de bestias o de ángeles. Es imposible el diálogo entre los ángeles y las bestias, como sus nombres indican. La hegemonía de cualquier idea pasa por convertirse en sentimiento, y que ese sentimiento sea propio de un ángel antes que de una bestia. Matar una vaca es un sentimiento de bestia. Yuyu. Ser nacionalista es un sentimiento de bestia. Yuyu. Lo llamativo del asunto es que vivimos en una sociedad yuyu que mata, diariamente, varios cientos de miles de vacas. Con un golpe de maza en la base del cráneo, después de una corriente eléctrica. Luego las fríe y se las zampa. Lo llamativo del asunto es que vivimos en un país ultranacionalista, en el que el nacionalismo es piedra angular. ¿Por qué un video de una vaca y el texto de reforma de Estatut de una autonomía son sentimientos de la bestia?

-LA SENTIMENTALIZACIÓN DEL ESTATUT. Bueno. Al tajo. Interpretación de la cosa. EL Estatut no era CT. No era, por tanto y en lo que ha sido su desgracia, PC. El Estatut era una castaña consistente en tres aspectos. Apuesta por la plurinacionalidad del Estado. A) El Estado dejaba de ser Estado-nación. B) Federalismo y financiación de las Autonomías por el procedimiento alemán. C) Asunción de mayores competencias por el Estado Federal Catalán. El Estatut no era sentimental. Era una respuesta no-CT a la sentimentalización de la política –a la preeminencia de los nacionalismos en la elaboración, o no, de política-, y dejaba –o, al menos, esa era su intención- sin juego de piernas a los nacionalismos español y catalán de, respectivamente, PP y CiU. No fue posible. El Estatut se sentimentalizó desde muy pronto.

-SENTIMENTALIZACIÓN DE LA NACIÓN. El Estatut –una idea no esencialista de Estado, ojo, antes que una idea esencialista de Catalunya; una propuesta para dejar sin discurso al nacionalismo de CiU y al ultranacionalismo PP- fue convertida en un sentimiento por la CT. La Brunete se ha pasado chorrocientos meses sentimentalizando el palabro nación, que ha pasado de ser el concepto original –otra nación en el Estado suponía enviar al garete el Estado nación- para pasar a ser un sentimiento bestialista con el que se pretendía avasallar un sentimiento llamado nación española. La cosa ha sido un combate entre sentimientos. Entre una nación catalana y una nación española. La nación catalana ha sido presentada como un esencialismo, un racismo, un ataque a la convivencia. La nación española se ha presentado como la convivencia, la cohesión, lo natural. Como la esencia del pack CT. No ha habido, por tanto, ni oportunidad ni interlocutores para deconstruir la nación española, para sumir el substrato ultraderechista, franquista, guerracivilista de los palabros nación-española. El debate ha sido entre dos sentimientos –los sentimientos no admiten debates-. Y el final del debate, modulado por la derecha –la usuaria del sentimiento España- y asumido por la izquierda –la izquierda española no ha sabido, o no ha tenido interés en des-sentimentalizar la cosa-, ha consistido en sentimentalizar por escrito la cosa. El pacto ZP-Mas es, básicamente, eso. El concepto nación catalana, tras el pacto ZP-Mas, se ha definido como sentimiento, como percepción sentimental, que no intelectual, y unilateral de los catalanes. La nación catalana ha pasado de ser una idea que cambiaba la forma del Estado, a un sentimiento impreciso que no cambia la situación anterior. Ha pasado, en fin, a ser lo que era en tiempos CiU. Un sentimiento con el que elaborar discursos que impiden hacer políticas, un sentimiento con el que elaborar puntuales amigos y enemigos.

-EL FRACASO. El nuevo Estatuto –PC; asume la nación española como dogma de fe y sella la nación catalana como sentimiento por el que llorar cada 4 años-, no elimina los nacionalismos locales como motor. Los deja tal y como estaban. En el centro de la pista. Catalunya ha ganado más autogobierno, una de las tres cosas que pretendía el Estatut. Pero la cosa queda como estaba. Más si se piensa que el Tripartit presentaba el Estatut y su gran inversión en tiempo y en política como un cambio radical en la forma del Estado. El Estado, sin ruido de sables, sin presiones extrapolíticas, ha optado por seguir siendo lo que fue en la Transi, con ruido de sables, con presiones extapolíticas. Supongo que todo eso es un fracaso. Absoluto. España sigue siendo un sentimiento inamovible, que en la Transi no se pudo tocar. Catalunya sigue confiando en la coyunturalidad de su nacionalismo para hacer política.

Mañana les explico más sobre la ctización de la CT tras el pacto ZP-Mas, tras la decisión de no matar ninguna vaca. Sagrada.

2 comentarios:

Bent Rotter dijo...

El estatut ha acabado entrando en la lógica transaccional, la preferida de CiU -y también del PSOE más PSOE- y ERC y PSC han desaparecido del escenario. Al final todo el arsenal reivindicativo ideológico se ha trocado por porcentajes de IRPFs e inversiones en infraestructuras. También Salamanca está cambiando los papeles por el museo nacional de arquitectura -y si cae algo más mejor- e incluso Endesa y Cajamadrid empiezan a insinuar que la OPA de Gas Natural sólo es cuestión de precio. Sólo el PP resiste con pureza a todas las tentaciones, y buena colleja le ha caído a Piqué por pensarselo un poquito

Anónimo dijo...

bien.