martes, febrero 15, 2005

LAS ENTREVISTAS POR AQUÍ ABAJO

Ayer me telefonearon de Presidencia de la Gene. Piticlín-piticlín. El tema era desconcederme una entrevista solicitada hace un añito para mi revista. Inciso. El lector se estará preguntando si esos plazos son normales. Respuesta: sí. Fin del inciso. Bueno. Maragall. Entrevista. Un año. Son chorrocientas llamadas telefónicas a lo largo de doce meses. La gestión de esa entrevista que no se va a realizar habrá supuesto a algún ejecutivo de Telefónica su acceso a la segunda residencia. Que te digan al final que no, incluso se agradece. Estoy por pensar que es hasta de izquierdas –la izquierda, en un alto porcentaje, consiste básicamente en decir las cosas por su nombre; me lo enseñó mi papá-. La palabra no es un nombre de muchas cosas. Generalmente, nunca se te dice que no en el país del sí. El PP, subsector Génova, nunca te dice que no si careces de antecedentes de inquebrantable adhesión. Telefoneas cada semana y te dicen que sí, que no les consta que no. Hasta que te cansas. El único all-star PP que he entrevistado, ahora que lo pienso, es Piqué, en una entrevista gestionada en 24 h. Un exotismo, que igual ilustra que el PP de Catalunya, a la que rascas, tiene poco que ver con el PP, ese partido aperturista –abre vías de investigación a gogó-. Me estoy desviando. La llamada para negar la entrevista fue divertida. La chica PSC utilizó todo el léxico disponible en el mercado para no utilizar la alocución “no”. Yo me hacía el tonto –me sale tan bien que algún día debería tomar medidas-, y buscaba algún asidero retórico para que la chica me depositara en mitad de la frente la particula “no”. Pero no. Después de darle la brasa, optó por el extremismo políticamente correcto –agárrense fuerte-, que a continuación les transcribo, alehop: “la entrevista no serà possible a curt termini, ni a un termini mitjà, ni crec a llarg termini”. Posteriormente, me rogó no ser más explícita, dado que “li estava fent passar un mal moment”.
La entrevista la pedí en enero pasado. Cuando el 2004 Carod Rovira Perpignan Tour. El Urdacy System, pieza clave en la teoría de la realidad desde 1996, a esas alturas del partido ya utilizaba el terrorismo para explicar la política vasca y cada vez más políticas españolas –algún día le explicaré a una sueca que, para proteger España de ETA, invadimos, ñaca, Irak; quedará tan sorprendida que lo demás será coser y cantar-. En aquel momento se iba a proceder a ampliar el negociado a Catalunya, donde empezaba en ese instante a construir la ecuación dadá, pero con juego de piernas, ETA = ERC = Tripartit = PSOE = ZP, con la que los palabros ETA y ZP quedaban unidos en cada telediario. Y en todos sus productos de merchandising –COPE, ABC, El Mundo, La Razón, esa mezcla sorprendente de diario y de boletín del Club Mickey, etc- Un filón, vamos. Con la entrevista –se subestimó hacerla inmediatamente; se me dio un plazo de 15 días, luego otro de un mes y así hasta ayer-, pretendía neutralizar la ecuación –dentro de lo humano; es decir, poco-, a partir de una información que el lector peninsular podía no disponer. No fue posible. Tras un año de espera por una entrevista para un medio de 2.000.000 de lectores, finalmente van y me dicen que no, aunque pasando “una mal momento”. Lo cual me lleva a pensar en la pertinencia de las entrevistas.
Un político tiene derecho a decir que no a una entrevista –como yo, je, je, tengo derecho a que lo diga en un plis-plas-. Acostumbra a no decirlo. O a dilatar su no un año, hasta que el solicitador de entrevistas, en un golpe de genio, se pone flamenco. El político no dice que no para, ha quedado visto, “no pasar un mal momento”. Es decir, por un fósil parecido a la vergüenza. Una vergüenza fósil que tal vez tiene que ver con otro fósil: el deber de contestar a los medios. Que quizás sea el fósil más antiguo –un fósil es, se mire por donde se mire, un cadáver de algo-, de toda esta cadena lógica de conceptos jurásicos.
El político prefiere las declaraciones a las entrevistas. En las declaraciones domina él el discurso. Nuestra cultura, de hecho, está repleta de genios de la declaración. Por el mismo precio, podrían ser genios de la entrevista, pues es un género que no es especialmente brillante por aquí abajo. En una entrevista nativa, un político nativo, si ha cursado el bachillerato, tiene muchas garantías de dominar el discurso. En el caso de que crea que, a lo largo de una entrevista la ha cagado, siempre le queda el recurso de pedir la entrevista al periodista antes de publicarla. Un uso no tan común como en Alemania –aquí, por mi experiencia, puedo decir que los jefes de prensa de los políticos, esta mañana a primera hora, sólo piden la entrevista al periodista que ven predeterminado a entregarla; unos la entregan tan ricamente, otros no y otros negocian alguna información a cambio-. La pregunta es, por tanto, ¿por qué ese rechazo colectivo a la entrevista en una cultura que vive consagrada a elidir los problemas, incluso en las entrevistas?
La respuesta tal vez es que el político, que quiere dominar el discurso, que lo domina, que para dominarlo dispone de una cultura que jamás polemizará con el político –una cultura que le permite el periodismo de declaración, que le permite entrevistas light-, aún quiere más. El 11-M/13-M fue un intento –conseguido con éxito-, de un partido para dominar el discurso de la realidad. El único fallo fue que se pasó de vueltas y no contó que en la crisis de aquellos días participarían medios extranjeros, que no participaban de la Cultura de la Transición. Por lo demás, el PP actuó dentro de la normalidad cultural. Intentó dominar el discurso de lo que sucedía. Como se intentó en el Carmelo. O como diariamente se intenta y se consigue en toda nuestra geografia cultural. Y ahí estamos. Bueno, les dejo, que he telefonear para conseguir nuevas entrevistas.

7 comentarios:

M.Stilman dijo...

Posiblemente,o probablemente,,,que digo probablamente,es factible, seguro, que el error radica en pedirle a Sir Maragall una entrevista a palo seco.Me explico, si uno le plantea a nuestro presi, miri vustè, jo voldria fer-li una entrevista sobre "los socavones, un modus vivendi", él respondería que si amablemente.En el momento en el cual no se acota la temática a tratar en la entrevista los políticos se quedan en bragas, acollonits que decimos por estas tierras y ante el temor a lo desconocido, the unknown, rechazan amablemente la cita.
Es una simple lectura.Por cierto, habiendo estudiado cc.políticas, soy politóloga o política? nunca lo sabré...

wendy dijo...

El lema de las teleoperadoras es: "Sólo con escuchar a nuestros clientes conseguimos su total satisfacción".

"Escuchar" porque otra cosa no vamos a hacer... y tampoco te diremos que "no" (palabra prohibida por el dios del telemárqueting).

La política y la teleoperación tienen mucho en común. Sólo que en el primer caso no estamos hablando de una tostadora, un móvil, un yogur o un minipímer. O sí?

[w]

Anónimo dijo...

Concerniente el tema del temor a lo desconocido, esto señores es una memez como una casa, a parte de ser una de las paranoias más difundidas; pues es imposible temer lo que no conocemos, justamente por eso, porque desconocemos cuanto nos puede joder. De lo que se deduce, si me lo permiten, que lo que se teme de verdad es lo conocido, sabido y resabido.

Anónimo dijo...

Concerniente el tema del temor a lo desconocido, esto señores es una memez como una casa, a parte de ser una de las paranoias más difundidas; pues es imposible temer lo que no conocemos, justamente por eso, porque desconocemos cuanto nos puede joder. De lo que se deduce, si me lo permiten, que lo que se teme de verdad es lo conocido, sabido y resabido.

Anónimo dijo...

Concerniente el tema del temor a lo desconocido, esto señores es una memez como una casa, a parte de ser una de las paranoias más difundidas; pues es imposible temer lo que no conocemos, justamente por eso, porque desconocemos cuanto nos puede joder. De lo que se deduce, si me lo permiten, que lo que se teme de verdad es lo conocido, sabido y resabido.

Anónimo dijo...

Concerniente el tema del temor a lo desconocido, esto señores es una memez como una casa, a parte de ser una de las paranoias más difundidas; pues es imposible temer lo que no conocemos, justamente por eso, porque desconocemos cuanto nos puede joder. De lo que se deduce, si me lo permiten, que lo que se teme de verdad es lo conocido, sabido y resabido.

Anónimo dijo...

Glupsss, perdón, no se que diablos he hecho…