jueves, noviembre 10, 2005

EL ELEFANTE Y LAS RANAS

¿Y quién ha decidido, Martínez, que yo soy el payaso listo? ¿Y por qué te adjudicas tú, Martínez, el papel del payaso tonto? Te voy a decir un par de cosas:
Una: con ¡hips! o sin, mi última intervención era una colleja. La típica colleja, pongamos por caso, que el payaso listo le propina al payaso tonto. Al payaso tonto se le habían escapado varias naranjas del cesto al que él denomina CT. Eran palabras. Bonitas palabras redondas y coloradas, como naranjas. Palabras huecas pero prestigiosas, de esas que a uno le gusta colgarse de la boca porque no pesan, sólo lucen. Plaf.
Dos: no quiero ser el payaso listo. No quiero que tú seas el payaso tonto. No me gustan los payasos. Cuando uno se pone una bola roja en la nariz, o una caperuza con cascabeles, puede decir lo que quiera, porque ya no importa. Ojo con la risa, Martínez. Te lo digo a ti, que en tu día me ilustraste muy bien acerca de la diferencia entre el humor y la simpatía. Los payasos son simpáticos. Nosotros no queremos ser simpáticos.
El humor, la simpatía: dos buenas ventanas para hablar de la CT. Pongámonos de deberes hablar un día sobre estos dos conceptos. Prometo hacerlo en mi próxima entrega.
Por lo demás, esto de la CT y de la no-CT empieza a mosquearme. Yo hice la primaria en un colegio de monjas, ¿sabes? Era mixto. Por entonces se iba de un lado a otro desfilando. Uno, dos. En fila. Recuerdo el pavor que nos causaba a los más pequeños cruzarnos con una fila de los mayores. Siempre había una niña, generalmente la más bonita, que, rodeada de sus amigas, se dedicaba a tasar, uno tras otro, a los niños de la fila: guapo, feo, guapo, feo, feo, feo, guapo...
A veces me parece que aquí estamos jugando a lo mismo. Los feos, en este caso, son los CT, y los guapos los no-CT.
CT, CT, CT, no-CT, CT, no-CT...
Y no es esto, Martínez, no es esto.
Lo que vengo a decirte es que, si ya es jodido tratar de caracterizar un concepto tan líquido y escurridizo como es la CT, sólo nos falta, para confundirlo todo, contrastarlo con un concepto tan escurridizo y tan líquido como el de no-CT.
Una naranja es una naranja. Para definirla de muy poco me sirve ir señalando una mesa, y luego una pera, y luego un cuchillo, y decir que nada de eso es una naranja.
Que la CT no tenga recursos para describir al Estatut, pongamos por caso, no convierte al Estatut en un producto no-CT. O sí, pero da lo mismo. Sobre esto discurrí inútil y temerariamente en alguna de mis primeras intervenciones. Si la CT es una naranja, el estatuto es una mandarina. Vale que una mandarina no es una naranja, pero, joder, pensaba que no íbamos a seguir comiendo fruta.
Sin metáforas: está claro que lo que no es CT es no-CT, pero con eso no llegamos a ningún sitio. Podemos tratar de describir un elefante nombrando, uno tras otro, a todos lo animales que pueblan el planeta, diciendo en cada caso —tigre, mosca, sardina, lagartija— lo que no es un elefante. Pero no es un buen sistema. Mejor tratar de describir directamente el elefante. Lo cual me recuerda la vieja parábola hindú en la que se pide a cuatro ciegos que describan un elefante. El primero palpa una oreja y lo describe como una gran alfombra. El segundo palpa la trompa y lo describe como una gran serpiente. El tercero palpa el cuerpo y lo describe como una gran mole rocosa. El cuarto palpa las patas y lo describe como un bosque o un edificio con columnas... Cualquiera de estas definiciones es más ajustada a la realidad que la de afirmar que un elefante no es una rana.
Puede que nosotros — croac, croac— seamos ranas. Pero nuestra tarea no es ponerle al charco un portero de discoteca para decidir quién entra en él, sino describir al elefante. Otra cosa es que, para divertirnos, nos pongamos a describir a las ranas. Tú de pronto te pones a hacerlo y me gusta lo que dices. Dices que nos vas a dar “una definición de lo no-CT”. Conforme a ella, “lo no-CT somos nosotros. Los payasos. Si la CT es la cohesión, los puntos de vista, las tendencias y las opiniones gregarias desde la Transi hasta esta mañana a primera hora, orientados a defender y a mantener los valores políticos, estéticos y artísticos de la Transi, la no-CT es, simplemente, la beligerancia. La cultura como beligerancia”.
Martínez, ya te lo he dicho: ni tú ni yo somos payasos, qué más quisiéramos nosotros. Somos ranas. Croac, croac. Ser beligerantes supone convertirse en un incordio, y los payasos no incordian, simplemente —ja, ja— hacen reír. Dejemos esto claro. La beligerancia no está reñida con el humor, pero sí lo está con la simpatía, y sobre todo con la inocuidad. Croac, croac. De repente pasa una mosca y, ¡zas!, la rana se come a la mosca. Pobre mosca. Ella era mi heroína. Le obligaba al elefante a mover la cola y a zarandear sus orejas. A la mierda —croac, croac— las ranas. Me paso al bando de las moscas.
Dicho lo cual, volvamos a examinar al elefante. Una tarea para la que reclamo la asistencia de nuestro común Constantino Bértolo, mencionado aquí mismo unos días antes.
¿Constantino? ¿Estás ahí? ¿Lees esto?
A Constantino lo describí como uno de los ejemplares más genuinamente no-CT que conozco. Con Constantino me río mucho, como con Martínez. Pero Constantino —como tampoco tú, Martínez, mal que te pese— no es un payaso. Es más bien lo contrario que un payaso. Cuando uno habla con Constantino intuye mejor lo que es la CT. Y lo intuye gracias, entre otras cosas, a que comprende muy bien lo que significa ser no-CT. Lo que significa, Martínez, la beligerancia, la verdadera beligerancia.
A Constantino le voy a hacer yo unas preguntitas un día de estos, si me recibe. Entretanto, resolvámonos de una vez a complicar las cosas, para aclararlas luego mejor. La disyuntiva CT/no-CT es estéril por inoperante. Si de lo que se trata, vuelvo a decirlo hoy aquí, es de combatir a la CT, entonces no basta no pertenecer a ella —¿y quién se jacta de tal cosa?—, se trata de actuar eficaz o al menos significativamente en contra de ella. Me parece que esto último ya se ha dicho aquí, pero no está de más repetirlo. La disyuntiva, entonces, sería CT/anti-CT. De este modo nos entenderemos mejor. La no-CT es un concepto tan extenso como el de la CT, y aquí se trata de un islote donde unos pocos se apiñan, empujándose entre sí y, como tú dices, Martínez, metiéndose de hostias. Como ranas en una charca. Socorro.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:

1) Suscribo la diferencia entre "no" y "anti".

2) La CT no me parece escurridiza. La CT se palpa tan claramente como la autoría islamista.

3) Como muy bien decía Martínez, la CT no sirve para describir al ultraderechismo constitucional. Por ejemplo, los CT andan diciendo que hay que esperar a ver que dice el TC sobre el Estatut, en virtud del consabido constitucionalismo= democracia. Allí se sienta un pollo, aupado por la "derecha democrática", que fue nombrado por Arias Navarro Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento en Almería. Se llama Ricardo García-Calvo.

Un cordial saludo,

Pep.

Anónimo dijo...

La CT existe. Yo la he visto. Muy bueno lo de la diferencia entre no-CT y anti-CT. Hablen de los anti-CT, por favor.

Anónimo dijo...

Querido Pep, paso a contestarle una vez más sin el tiempo deseado pero con muchas ganas. Por cierto, el apelativo de soriano no es de mi agrado: no es del todo correcto y, por otra parte, no me gusta que lo que distinga a una persona sea su lugar de procedencia. Dicho esto, no se me va a conocer aquí de otro modo, así que nada, habla el soriano.

1.- Como puede usted comprobar en mi anterior comentario, lo que critico, el tema que trato (o intento) en este debate, es el Estatut, un producto político cuyos padres pueden mirarse como la representación del único republicanismo peninsular, como unos cuantos privilegiados que quieren privilegiarse aún más, o como un poco de todo, que es como lo veo yo.

Dice usted que no me relaciona con la extrema derecha española. Yo le digo, y le intentaré probar, que sí. Eso sí, de entrada, y como haciendo los deberes de lo que debería ser asignatura obligatoria en la LOE, mi más absoluto rechazo a la campaña de insulto, mentira y, lo que es peor y más peligroso, incitación al odio de los MCM que todos sabemos. Si no debato con usted este tema es, sin bravuconería ninguna, porque creo que intelectualmente se nos queda pequeño.

Atención al regate siguiente: lo dicho anteriormente me sirve para enlazar con la crítica que hago a la misteriosa inercia que me empuja al bloque español-derechista antiestatutario. ¿Sabe por qué? Porque usted, en su texto, usa argumentos fuerza para atacar ideas que yo no defiendo. Ideas que critico. Ideas que, de hecho, no aparecen en ninguna parte de mi texto. No digo que me acuse de compartirlas, digo, y me baso en las reglas de la retórica, que usted me las otorga implícitamente al criticarlas en un discurso que critica ideas mías.

2.- Ahora, autocrítica al canto: cuando me refería a los comentarios en programas como “Agora” o “La nit al dia”, me expresé equivocadamente. No tengo perdón. Los comentarios que criticaba eran los que los telespectadores envían vía SMS o telefónica, no los de los contertulios. Mea culpa.

3.- Tema balance comercial: Pep, empiezo a creer que aquí pasa de la realidad y se disfraza de sofista. Qué le voy a contar del déficit comercial Cataluña – España. Las empresas catalanas dependen, en gran medida, de los consumidores españoles. Es así de sencillo: los ciudadanos catalanes o vascos que más proclaman sus españolidad a los cuatro vientos cumplen dos características: Primero, son empresarios; segundo, sus representantes políticos acaban de lanzar una proclama soberanista. Mire, si no, al señor Fornesa, a quien hasta Gabilondo llama ya “Ricardo”.

4.- Perdone, he vuelto a llorar. Qué le voy a hacer, si dice usted: “La creación de un mercado cachas de lo que sea en Soria corresponde a los sorianos”. Relea la frase. Puede incluirse en cualquier ideario derechista. Por dos cosas: niega la solidaridad (quítenle a la palabra toda la mugre anticatalanista que lleva encima. Verán que significa algo) y es tremendamente simplista, en el peor sentido de la palabra. Apenas me extenderé, sólo una vuelta de tuerca: usted no tiene en cuenta ni siquiera el axioma que dice que la creación de un mercado cachas en cualquier sitio necesitan 2 cosas: empresas y consumidores. Se nota que no está ducho en este tema. ¿Ha oído hablar del círculo vicioso “no hay consumidores potenciales luego no vienen empresas / hay emigración porque no hay trabajo”? Por cierto, si encuentra la solución comuníquemela. No sabe el favor que nos haría.

5.- Tema Unión Europea: esto es como lo del déficit, querido sofista. Por mucho que lo intente no es capaz de negar que el proceso de construcción europea trabaja para convertir “ese mercado único con diferentes administraciones tributarias y tipos impositivos” en un mercado dinámico pero que haga caso a lo que diga Bruselas en puntos clave, sobre todo en política económica exterior. Más que nada para hacer frente a los esos canijos que están pegando el estirón y que nos van a dar de collejas... ya.

6.- Dice que descentralizar no se debe reducir a Cataluña. Yo le digo que la descentralización económica beneficia a Cataluña y sigue olvidando a Soria. Priorice en su vocabulario conceptos como “densidad de población”.

7.- Luego se enerva y emplea medio folio para criticar la reforma constitucional que pretende hacer Zapatero y nos ofrece una propuesta de reforma. Ha malempleado usted mucho esfuerzo en convencerme de algo en lo que, coño, estoy de acuerdo con usted. Dígame dónde me he referido a algo que apunte en sentido contrario.

Le repito: usted me agrupa, tal vez involuntariamente, junto a un enemigo ideal al que combatir. Mire a su izquierda. Un poquito más atrás. Hola, soy yo. Aquí estoy, combatiendo casi a su lado. ¡Ojo! Le he salvado la vida.

8.- Le repito, ahora que estamos en la hoguera, cansados, saboreando un par de bocatas de morcilla, muy convencido: las fuerzas progresistas de este país están de acuerdo con muchas de sus propuestas. ¿Saben por qué no se llevan a cabo, o por qué no se proponen con fuerza? – Pep, paralizado, acaba de abrir los ojos, y la luz del fuego me permite ver en ellos el reconocimiento ese de los griegos, en el que me ve como un amigo, como anticipándose a la respuesta. Entonces, masculla: “CT”.

9.- Ahora que lo tengo domado, le explico a Pep el tema comparación Alemania – España. Lo entiende con una sola frase: no se puede aplicar al Cádiz la táctica del Barça.

10.- Los dos abrazados, bajo el chillido de las balas, creemos haber encontrado el lugar común. Hasta me da la razón cuando le digo que si un intelectual español de izquierdas dice lo que piensa acerca de la propuesta de financiación catalana, que explícitamente se fija un rendimiento similar al del concierto económico en 15 años, lo criticará. Y le dará votos al PP. Y por eso Zapatero pide hablar poquito.

11.- Creo que mañana por la mañana, Pep me replicará. Pero qué bien lo hemos pasado esta noche...

bloguero dijo...

Que hablemos de lo anti-CT, pide anónimo. Pues eso está hecho, chaval. Lo anti-CT es como una mosca cojonera lo bastante lista como para hacer mover las orejas a un elefante, pero lo suficientemente tonta como para dejarse comer por una puta rana. Croac.

marcelo del campo dijo...

Hola.
Sólo es para saludar. Volveré.

Anónimo dijo...

Aquí estoy Ignacio. Vigilando.
Constantino