martes, abril 19, 2005

LA SOBREDIMENSIÓN A GOGÓ COMO DIMENSIÓN DE LAS COSAS

Les decía que “una sobredimensión es –hummm, denme un segundo que lo piense; ya está- un componente que, aplicado a un objeto, hace que el objeto sea percibido en su todo por ese componente. Y que Pamela Anderson es el canon planetario de la sobredimensión. Se sobredimensionó una parte, de manera que todo el mundo, cuando la mira, no le ve cualquier hipotética otra parte. Nadie se ha dado cuenta que, en realidad, la Anderson tiene una hermana siamesa que le sale de la nariz”. Creo que, en otro orden de cosas, la sobredimensión será el tema de la semana. A menos que la semana se vaya a tomar por XXXX con alguna noticia llamativa. No sé, que el Partido Comunista de Las Tierras Vaticanas la líe en el cónclave.

-LA SOBREDIMENSIÓN SOBREDIMENSIONADA. Las culturas optan por la sobredimensión, con un par y tranquilamente. La antigua cultura egipcia se diferencia, pongamos, del hip-hop en su sobredimensión del concepto pirámide, signifique lo que signifique el concepto pirámide. Leer las culturas es leer qué partes sobredimensionan. No saber leer, no poder leer o ignorar que existan las sobredimensiones, fabrica culturas de tontos del bote. Y usuarios tontos del bote de la cultura. Hola. Ahora es domingo. Estoy en el Camp Nou. Consumiendo ese objeto sobredimensionado en nuestra cultura que se llama fútbol. En este preciso instante el Barça gana de dos al Getafe. Y de 6 puntos al Madrid. La Liga está a huevo y, no obstante, el Estadio está panicando. Sobredimensiona el miedo. Esa sobredimensión del fracaso es una catalanada como la copa de un pino. Ilustra una sociedad que nunca se cree que puede ganar. Ni siquiera cuando gana. Bueno. Estoy sentado a la vera de Fermí Puig. Un hombre que se ha tomado en serio la sobredimensión de la cocina en Catalunya. Es el gran ideólogo del restaurant Drolma, en el Hotel Magestic, BCN. Estrellita Michelin y uno de los restaurants gestionado por gurú que no pertenece al gurú, en lo que es un exotismo. Explicación. Puig vé en la cocina catalana un gran momento. Se está comiendo, incluso, a la francesa, “incapaz de seguir el lenguaje de los cocineros catalanes”. No obstante, ve a los cocineros catalanes como una punta que, es posible, no tenga continuidad tras la actual generación. Su proyecto personal es ser dueño de su destino, como todos los cocientes/autores tras Paul Bocuse, pero asegurando la continuidad, por encima de la sobredimensión, en su pack “destino”. Cuando considere que no está a la altura de la cocina de su restaurant, vamos, seleccionará a otro gran cocinero. Puig ha realizado, en ese itinerario lógico que le ha llevado a no ser cocinero-propietario, una meditación sobre la sobredimensión en la cultura que no realizan todos los intelectuales.

-INFRADIMENSIÓN DEL INTELECTUAL. Como que Puig, en tanto que uno de los nuevos cocineros, está más emparentado con el trabajo de intelectual que con el de pelanas. Trabaja con conceptos y con autorías intelectuales. No cocina. Crea, planifica, pondera y matiza. En su trabajo tiene tiempo para pelarse unos 6 libros semanales. Su capacidad de vebalización del mundo, por otra parte, es superior a la media del intelectual español. En un momento dado de la velada hablamos, de hecho, del intelectual, ese cacharro. “El intelectual pone en duda muchas cosas, y ese es su papel”. “El intelectual necesita de dos condiciones indispensables: la absoluta independencia de criterios y la independencia total para ser trasgresor”. “¿Quiénes hacen eso? ¿Quién es independiente? ¿Quiénes son trasgresores? Los intelectuales están muy cerca del poder. EL intelectual tiene el riesgo de convertirse en un tertuliano”

-SOBREDIMENSIÓN DEL ESCRITOR. De hecho, el rol del intelectual, en Madrid, se lo está comiendo el actor. Dice lo mismo que un intelectual local–está contra la guerra, contra la violencia y a favor de que los niños de todo el mundo no lloren de hambre, como una miss cuando le toca decir algo-, no va más allá en sus análisis y dan mejor a cámara. En Barcelona el rol lo están llevando a cabo los cocineros que, junto al Barça, son la proyección exterior de la sociedad catalana, pero que, al contrario que un jugador del Barça, tienen una sensibilidad solucionada, gastan alta cultura y tienen un cerebro amueblado. A menudo, con lujo de detalles. La sobredimensión de actores y cocineros ilustra tal vez que la función del intelectual español no es, por tanto, la del intelectual. Le han quitado esa función, en primera instancia, porque las cosas son de quién las trabaja. ¿Cuál es el trabajo de nuestros intelectuales? Hummm. Antes del partido de hoy –les repito que, en este momento estoy, epistemológicamente, en domingo-, han salido hasta el centro del campo un equipo simbólico de 11 intelectuales. Son 11 escritores que salen a vender la moto de su último libraco. Entre esos 11 escritores hay una profe de cuando el instituto. Muy buena y una escritora honesta. Yo le debo un par de copas por lo que me enseñó. Hay un tipo que me gusta como escribe. ¿Qué diablos pinta ahí haciendo el mono? Los demás son medio pelo, grado cero y pedorras. Es decir, que posiblemente están reunidas en el centro del campo casi todas las actitudes locales ante la cultura, salvo la de no salir al campo. Han salido al campo, a sobredimensionarse, para promocionar el libro anual que un escritor debe de hacer al año para no desaparecer. Han salido al campo abrazado cada uno a su librito, para salir, por el mismo precio, por la tele y, al día siguiente, sobredimensionados en la foto de los papeles. Algo básico en una cultura que concentra y sobredimensiona la venta de sus libros en el día de Sant Jordi –BCN-, o en la Feria del Libro –Madrid-. Han salido al campo porque la función de un intelectual español –y aquí, tachán-tachán, viene la primera meditación de la semana- es la sobredimensión, la promoción de su producto, no la elaboración de su producto, pues los productos españoles, para no superar la cultura española, deben de ser muy reducidos, muy pequeños. Muy parecidos. Entre parecidos, la única diferencia puede ser la sobredimensión. Publicitaria, mediática. Mañana, más.

3 comentarios:

porreta dijo...

Who is who

Una profe de cuando el instituto: Carme Riera

Un tipo que me gusta como escribe: Maria Barbal

Medio pelo: Vicenç Pagès, Empar Moliné

Grado cero: Joan Lluis-Lluís, Josep Maria Fonalleras

Pedorras: Vicenç Villatoro, Màrius Serra, Jaume Cabré, Isabel-Clara Simó, Maria Mercè Roca

Anónimo dijo...

Otra porra:
-Profe de insti: Barbal.
-tipo que le gusta como escribe: Serra.
-Medio pelo, grado cero o/y, fundamentalmente, pedorras: el resto

Anónimo dijo...

Y otra:

Siguiendo la lógica del blog, todos son, en todo caso, cultura de la transición, ¿no? ¿Qué escritores hubieran valorado no salir al estadio a hacer el mico? ¿serias los escritores de la no-cultura-de-la-transición? ¿Quienes son? ¿Son?