jueves, mayo 05, 2005

"V."

Ayer, al acabar el artículete o como se llame de ayer, al fondo a la derecha, me apareció algo que no tenía previsto que apareciera cuando ayer, arriba al fondo, empecé a fabricar el artículete o como se llame de ayer. Se trata de la vergüenza. La vergüenza. Torera. Factor no previsto que se cuela, y mucho, por la puerta de atrás en las mentes de los profesionales de la Cultura de la Transi. Yo confío mucho en la vergüenza. De hecho, ahora que lo pienso, en la vida no he metido más veces de las estipuladas la pata por vergüenza. La vergüenza es un rudimentario código ético. Es lo que hace que un Blade-Runner no mate, finalmente, a la chica. La vergüenza es un factor humano latente, que salta en situaciones inhumanas previstas. En las situaciones inhumanas no previstas, la vergüenza ya no basta. Es necesaria cierta grandeza. Yo qué sé. Bueno. Cultura de la Transi verbalizada a través de la Vergüenza. V, a partir de ahora. Seguidamente les enumeraré, a toda leche, varios momentos V que, usualmente, se pueden captar en el rostro de un profesional de la Cultura de la Transi.

-GRANDES MOMENTOS V. Los pollos de prensa de las editoriales, generalmente dejan de realizar su trabajo –promocionar productos- durante breves segundos cuando te hablan de sus escritores que se promocionan mediante carteles con retrato del autor mirando el vacío –una de las tácticas de La Presencia esa que aludía el otro día-. En esos segundos de no trabajo, se cachondean de los susodichos. Luego, vuelven al orden –“¿podrás escribir algo?”-. De hecho, los pollos-con-retrato son el epicentro del pitote en las editoriales –comúnmente, en los lugares donde se fuma, están colgadas las fotos de esos señores/as/os/is/es, con bigotes pintados con rotulador-. La promoción non-stop –La Presencia-, a menudo es motivo de humor para los editores, que a condición de que no se lo digas a nadie, te explican, muertos de la risa, las últimas mezzosopranadas de sus autores para figurar en el mundo. Otro rasgo de V es la que emiten –algunos- autores, cuando te explican los viajes promocionales que van parejos a un premio, y que les llevan, en algunas ocasiones –pocas-, a los lugares contrarios de aquellos que les impulsaron a empezar a escribir. Más V. La mesa de periodistas del cenorrio de un gran premio, en el que ya se sabe el ganador –en ocasiones, desde hace meses-, y del que todo el mundo ya ha escrito la página que, se supone, informa del acto que nos ha reunido en esa mesa. Los comentarios emitidos en esas mesas harían sonrojar a ZP, firme defensor de los chistes no sexistas. Ves la V, también, en el rostro del periodista cuando va a cubrir lo incubrible. O cuando, por razones de empresa, no emite lo que, por ley de gravedad, debería caer sobre su artículo. Pero la grandeza, el sello, el do de pecho español de la V está en lo que, ahora que lo pienso, denominaré Factor Desodorante. No se vayan, que se lo explico.

-ALGO HUELE A FLOWERS EN DINAMARCA.
Las editoriales no viven de la literatura. Viven de otros productos. Y viven de algo parecido a la literatura. Algo literariamente coyuntural, con poca vida –en ocasiones, no más de 15 días- y cuyo epicentro y razón de ser no recae en la literatura, si no en la promoción, en la Presencia, en la virtualidad, en lo mediático. Por eso mismo, las editoriales sienten la necesidad de “limpiar” –ese es el palabro utilizado por algunos editores con los que he hablado del tema- su catálogo con otros autores. Son autores que no venden mucho. Generalmente, tienen más de 50 tacos –no hay autores “limpiadores” jóvenes; cuando se mueran los que hay, las editoriales a) decidirán dejar de limpiarse, con un par, o b) utilizarán detergentes más jóvenes-. Su Presencia no presencial, su glamour, o lo que comunican, por tanto, fue fijado en los 70’s –ergo, desde los 70’s no hay limpiadores-. Se les paga un pico -15, 30, 50, 70 millones de calas- por libros que, a lo sumo, venderán 3.000 ejemplares. Es un precio alto, irrecuperable para un libro que no se vende. Un libro, además y por lo general, anecdótico, que ni pone ni quita nada en la trayectoria de su autor, un señor que ya ha hecho lo que tenía que hacer. La razón del precio es que no se paga un libro. Se paga un desodorante. Y uno tan bestia que quita la V. Lo cual es, a su vez, una especie de V. La V es un factor humano. Lo humano no siempre es comercial. En ocasiones, es una ruina.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Reflexionando. " Lo humano no siempre es comercial. En ocasiones, es una ruina."; Lo humano no es mas que humano. Y son los espejos los que son una ruina.

Digo yo,...

Anónimo dijo...

Estoy viendo una peli antigua (Notorious,1946, Hitchcock). Sale Ingrid Bergman. Resplandece. Pero me fijo en que Hichcock no abusa de la cara de la Bergman, ni parece preocupado en rentabilizar tanta belleza ni tantas horas de maquillaje. Al contrario, los primeros planos son escasos y justificados. Por ejemplo, en la escena en que la Bergman aparece en una fiesta, la cámara se entretiene un tiempo eterno en las nada comerciales caras de los viejos más feos que he visto en mi vida. Es a través de la mirada de esos viejos que el espectador percibe la belleza de la Bergman.
A mi no se me da bien reflexionar, pero si a caso diría que lo humano no se refleja en un espejo sino en la mirada del otro.

Anónimo dijo...

Veamos, dice el Padrino. No estamos aquí para filosofar sobre lo humano. Menos aún sobre los espejos —"Sí, tú eres la mas bella"—, o como quiera que se llame la mirada del otro. El tema que nos está reunidendo es la CT, o la Cultura de la Transi, o la Cultura de la Transición. Y si de eso hemos de hablar va siendo hora de que nos decidamos, toda vez que hablamos, a deslindar qué cosa sea la Cultura de la Transi en relación a la Cultura e Masas o, más llanamente, la Industria Cultural.
Me parece que fui yo mismo quien dije, ya no me acuerdo dónde, que tal vez lo que entendemos por Transición Cultural no fue otra cosa que el tránsito desde una cultura resistencial, propia de la autarqíia franquista, a una cultura de mercado. Sea o no sea esto cierto, nos toca empezar a distinguir, toda vez que hablamos de Cultura de la Transición, qué cosa es eso distinta de la Cultura de Mercado. La cosa parece fácil, pero no lo es. La Presencia, por ejemplo, es una categoría aneja a la cultura de mercado. Y la vergüenza, pues también. La Cultura de la Transición habrá que empezar a definirla con criterios: a) ideológicos; b) sociológicos; c) simplemente antropológicos o geográficos. Pero no vale decir que es todo lo que prolonga el semantema 'cultura', desde hace mucho muy complicado con todo lo que a uno se le quiera ocurrir. Ruiz Zafón, por ejemplo, es cultura de mercado. Javier Cercas, cultura de la transición. Si tuviera ganas de razonar esto, empezaría a aclarar las cosas. Pero es tarde y me da pereza. Besos a Juanito.

Anónimo dijo...

Veamos, dice el Padrino. ( ¿Padrino hablar en tercera persona?) No estamos aquí para filosofar sobre lo humano (¿a no?). Menos aún sobre los espejos (espejito, espejito…) —"Sí, tú eres la mas bella" (¡ya era hora!)—, o como quiera que se llame la mirada del otro (la mirada del otro se llama mirada del otro y no espejo. La mirada del otro, al contrario que el espejo, no te devuelve tu propia imagen. Si tienes verguenza, no puedes hacer mohínes tontos ante la mirada del otro). El tema que nos está reunidendo es la CT, o la Cultura de la Transi, o la Cultura de la Transición (lo sabemos, lo sabemos, lo sabemos…). Y si de eso hemos de hablar va siendo hora de que nos decidamos (vinga, som-hi!), toda vez que hablamos (¡uff, menos mal!), a deslindar ( “deslindar”, extraño verbo. Según el María Moliner: señalar los límites de una cosa o entre dos cosas. Ejemplos: deslindar un solar, deslindar las esferas de actividad de dos organismos”).qué cosa sea la Cultura de la Transi en relación a la Cultura e Masas o, más llanamente, la Industria Cultural (usted disculpe, señor agrimensor, ¿cómo vamos a deslindar dos cosas que están relacionadas?)
Me parece que fui yo mismo quien dije (¿sólo le parece?), ya no me acuerdo dónde (comprensible, trabaja usted tanto…), que tal vez lo que entendemos por Transición Cultural (ya me he perdido, ¿no hemos quedado en que le llamábamos CT?) no fue otra cosa que el tránsito desde una cultura resistencial, propia de la autarquía franquista, a una cultura de mercado (ahí das en el clavo, ¡chapeau!). Sea o no sea esto cierto, nos toca empezar a distinguir (¿y qué hemos estado haciendo todo este rato, chaval?), toda vez que hablamos de Cultura de la Transición, qué cosa es eso distinta de la Cultura de Mercado (el defensor del lector le recomienda que elimine el ajo de su dieta). La cosa parece fácil (¿a sí?), pero no lo es . La Presencia, por ejemplo, es una categoría aneja (“aneja”, extraño adjetivo, según el María Moliner, del latín “annexus”, unido a otra cosa de la misma naturaleza, más grande y más importante. Ejemplo: el director vive en un edificio anejo a la fábrica) a la cultura de mercado (siempre intuí que en el ático vivía alguien). Y la vergüenza, pues también (¡que finca más ocupada!). La Cultura de la Transición habrá que empezar a definirla con criterios: a) ideológicos; b) sociológicos; c) simplemente antropológicos o geográficos ( ¿y por qué no urbanísticos o quirúrjicos?). Pero no vale decir que es todo lo que prolonga el semantema (hermoso palabro, ese no sale en el María Moliner, ¿viene de semen?) tambien exigiria una mirada 'cultura' (prefiero hacer mohínes ante el espejo), desde hace mucho muy complicado (¡I tant, I tant!) con todo lo que a uno se le quiera ocurrir. Ruiz Zafón, por ejemplo, es cultura de mercado. Javier Cercas, cultura de la transición (¡qué gran hallazgo! El primer deslindamiento ha sido un éxito). Si tuviera ganas de razonar esto (¡dí, que si!), empezaría a aclarar las cosas (¡pero si quedó todo claríiiiisimo¡). Pero es tarde y me da pereza (se entiende perfectamente). Besos a Juanito (y a nos que demás que les den).

Gachas dijo...

Yo creo que Guillem tiene que estar contento: está generando piques y debate sanote de ese. ¿No era un poco esa la misión del blog?

La cosa se mueve. Jur.

catetoababor dijo...

Parece que, desde antes de morir Franco, cuando todo parecía importante, todo lo que hemos escrito, publicado, comprado, leído y/o nos hubiera gustado haber escrito, tan sólo ha sido, en el mejor de los casos, rocanroll.