viernes, enero 12, 2007

HISTORIA DEL INSULTO

No sé usted, pero yo no tengo ni idea de lo que está pasando con la tregua o con la no-tregua. Repaso los artículos de fondo al respecto, las meditaciones del periodismo hispano ante la cosa y, en vez de información, me encuentro posicionamiento. Un posicionamiento, curiosamente, vertebrado a partir del insulto. Insulto: los de ETA padecen algún tipo de patología cerebral. Un marciano, en fin, lee la prensa –o, sobretodo, escucha la radio-, y lo único que puede saber de lo que está pasando es que ETA son unos enfermitos. En eso parecen estar de acuerdo los emisores de política y de información de la derecha y de la izquierda.

Podría pensarse que eso se debe a un calentón. El político y el periodista se queman ante un acto terrorista e insultan a los terroristas. Pero no es un calentón. O es un calentón frío, pues esa dinámica dura desde hace muchos años. Al menos, desde mi infancia. Otras culturas que han sufrido el terrorismo, no han optado por el insulto como explicación. Incluso en UK se optó, hasta hace dos años, por no utilizar el palabro terrorismo, sino otro que contribuyera mejor a posibles análisis. Y soluciones.

Sorprende, por otra parte, que la descalificación y el diagnóstico psiquiátrico cutre sean utilizados por los usuarios de la política y el periodismo ante más ámbitos que el estrictamente terrorista. Sobre todo si dirigimos la mirada a la derecha. Es, pongamos, un cretino, un anormal, una persona limitada y con problemas, cualquier objeto que se vaya alejando de cierta cosmovisión conservadora. Partidos de izquierdas, nacionalistas periféricos o, incluso, Gobiernos centrales. El insulto es, pues, una originalidad nativa en el dibujo de la realidad local. Una realidad local en la que existe la normalidad y la anormalidad psiquiátrica como valores. En ocasiones eso es una dinámica compartida por la derecha y la izquierda –caso ETA-. En ocasiones, una originalidad en la que despunta, si bien no en solitario, la derecha. ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Cuál es el inicio de ese comportamiento cultural, único en Europa?

Ni idea. No obstante, a modo de objet trouvé, ahí va este fragmento hallado en un libro del que les irá hablando en los próximos días:

“el Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército, el teniente coronel Vallejo-Nájera (…) sometió a estudio a los prisioneros de las Brigadas Internacionales y a las prisioneras “rojas” de Málaga, en un intento de demostrar que los marxistas padecían un retraso mental congénito. Sus recomendaciones sobre lo que había que hacer con el otro bando incluían que «inductores y asesinos sufrían las penas merecidas (…)», en tanto que locos peligrosos, se supone.

El insulto, incluso cientificazo, tal vez sea un fósil de los años 40. En el único país de Europa en el que hay fósiles vivos de los años 40.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

O sea, que de lo de Eta sólo se puede hablar desde el insulto o contra el insulto. ¿No será que los que nos tienen que informar son unos vagos rematados?

Bent Rotter dijo...

Igual es que a quien intenta tratar el tema apartandose del insulto y la postura oficial le acaba cayendo su propia ración de improperios, y la mayoría de comentaristas prefieren evitarse el mal trago... a mi mismo me han entrado ganas de soltarle cuatro frescas al bueno de Martínez...

Anónimo dijo...

pués suélteselas, hombre, que para eso está.