martes, octubre 04, 2005

INTERMEZZO. EL HITO.

Para acabarlo de liar más, he aquí otra pieza del calidoscopio. Les presento la polémica –o algo así; será polémica en tanto se presenta un punto de vista no CT ante un tema tratado con nocturnidad y Ctlosía; y en tanto les sirva a ustedes para algo polémico-, anunciada ayer, que se mezclará con la polémica Echevarría –Echevarría, tic-tac, me debes una cena-, y que versará sobre el nuevo Estatut para Catalunya. Se trata de plantear que el Estatut es un objeto no CT y, a la vez, no-nacionalista. O mucho menos nacionalista, en todo caso, de lo que opina el Complejo Industrial Armamentístico –COPE, Razón, ABC, Mundo, el Jefe de la Cúpula Militar y, al parecer, su jefe-. También, por lo mismo y por el mismo precio, se trata de descubrir nuevas descripciones no-CT sobre el asunto, un asunto al cual la CT le costará un huevo describir, en tanto no-CT. Para plantear la polémica les presento a Pep Campabadal, que a su vez se presenta de la siguiente forma: “me llamo Pep, no había nacido cuando murió Franco y tomó el relevo nuestro actual Jefe de Estado, soy ingeniero, y colaboro con un blog en http://www.lapaginadefinitiva.com. En lo que sigue, voy a tratar de poner en solfa el carácter no-CT del Estatut, y su carácter no-nacionalista”. Lo que sigue es la respuesta -emitida por una persona que se sitúa a sí mismo en el hard-core intelectual de lo que podría denominarse maragallismo y con la que comparto una gran complicidad y, a la vez, sorpresa, cuando hablamos de la vida- a una pregunta que le formulé -¿cuáles son los componentes no-CT del Estatuto?. EL resultado es este artículo que va y titula: “El hito”.

-EL HITO

El hito del Estatut es la aparición de la palabra “exilio”. Es la principal diferencia entre el Estatut y el resto de papelotes legales de España. “Exilio” y “exiliados” aparecen en el preámbulo del Estatut, que tiene un artículo –el 54-, en el título de derechos, referido expresamente a la memoria histórica. El preámbulo del Estatut reconoce, además, la legalidad republicana, y la reconoce de forma expresa al reivindicar la legitimidad de la Generalitat en el exilio –“La Generalitat restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes”-.

En este sentido, el Estatut es todo lo contrario que la CT –esto es, la voluntad de ceguera con respecto al pasado-. En la negociación estatutaria, lo más relevante es que, en el despacho de al lado, no había un pollo con uniforme, medallas, una pistola y un boli rojo. Los cuatro partidos que han aprobado el Estatut, por su parte, hablaron expresamente y con inopinada claridad del pollo que, en el 78, estaba en el despacho de al lado, ese al que la CT no ve. Los discursos del miércoles en el Parlament son el reflejo de una interpretación de la transición proscrita por la CT. Esa interpretación tiene dos patas, a saber, a) la constatación de las importantes cesiones que, a causa del juicioso miedo a un golpe de estado –en el 78, todo pichichi recitaba de carrerilla los nombre de los militares con más hambre de gol tal y como hoy recitamos los de los presis de las CCAA-, realizaron los demócratas españoles frente a aquellos que aportaron su granito de pólvora, perdón, de arena, en el exterminio de la República –los militares, los monárquicos, la Iglesia-; b) la aceptación de la Constitución y de sus límites, esto es, el respeto escrupuloso al estado de derecho.

Uno de los aspectos más relevantes del Estatut es la inclusión del artículo 122 y del apartado d) de la tercera disposición adicional. Son artículos que permiten la celebración de consultas populares a las diferentes instituciones catalanas–no solo la Generalitat-, consultas limitadas a su ámbito competencial –o sea, que va a seguir la situación surrealista en la cual el Instituto Opina le puede preguntar a la gente si es independentista, y las instituciones no-. Un referéndum –esto es, algo en lo que puedes decir sí o no- es todo lo contrario al consenso. La santificación del consenso es el aspecto más característico de la CT. Es una santificación basada en la creencia de que las divergencias de opiniones conducen irremediablemente al enfrentamiento civil. En 2005, después de la feliz desaparición del mapa de los militares y con el terrorismo en fase terminal, en España es posible la pluralidad de opiniones sin que ello implique consecuencias indeseables.

En resumen, el Estatut ha tenido un debate político largo y tortuoso. El debate ha estado condicionado por los intereses partidistas. Ha sido, además, un debate que ha suscitado poco interés en la ciudadanía –como el europeo-. El acuerdo final incorpora las ideas aparecidas en los programas electorales de los partidos que han votado el acuerdo. En esto consiste la democracia, con todos sus defectos. Lo otro son los cuarenta años de paz, y los bien distintos condicionantes que limitaron el proceso del 78. El Estatut, tiene la misma lógica interna que la reforma del Valle de los Caídos, la deslocalización del botín de guerra de los fascistas sito en Salamanca o las trifulcas del Gobierno con los obispos y su brazo político. El Estatut guarda más relación con lo español que con lo catalán. Por ello no es nacionalista, y ha contado entre sus impulsores con ZP.

En la siguiente entrega hablaré del carácter no-nacionalista del Estatut tratando de dejar a un lado argumentos facilones como los que apelan al reconocimiento de la “realidad nacional” del Valle de Aran. Mientras, y viendo que la onfaloscopia que caracteriza a la prensa catalana se va extendiendo a otros territorios, me gustaría que, en la línea de lo que ya he leído aquí –verbigracia, sin la vena hinchada-, los lectores se apuntaran a valorar el Estatut, y más concretamente su hito-“exilio”-. De ese hito iba principalmente el especial con que el semanario británico “The Economist” saludó el triunfo de ZP en las generales. De hecho, se titulaba “Spain: the second transition”. Anímense: tengo una amiga bisexual, y está leyendo en este momento.

Pepe Campabadal

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Ambos conceptos que usted expone desembocan en una idea: el reforzamiento de Cataluña como sujeto colectivo.

Ambos están dirigidos a que los ciudadanos catalanes puedan, algún día, decidir que se separan de España: uno lo legitima, el otro lo posibilita.

No digo que me parezca mal. Sólo subrayo que la única fricción con la CT que veo en el Estatut es la que acerca a Cataluña a autodeterminarse (lo más posible); aquélla en que se designa como nación, concepto que, recordemos, es condición indispensable para ser Estado. Si a ello añadimos las declaraciones maximalistas de dos partidos nacionalistas catalanes que suman mayoría absoluta en el Parlament, francamente, me quedan pocas dudas respecto a lo dicho.

Me parece que quienes ven no-CT ahí es porque, de alguna manera, relacionan CT con lo contrario, o sea, y a la brava, con el concepto España.

Llámelo simplicidad, llámelo trauma freudiano.

agente matute dijo...

Comentario al anterior comentario: ser nación -o no serlo-, no es condición para ser Estado, o no serlo. Supongo que ahí radica la madre del cordero, lo que será dificir de explicar en el resto de España. La propuesta, clara, del Estatut es la convivencia en un Estado plurinacional.

Anónimo dijo...

En tanto que catalán no practicante y español no practicante, no me molesta la reconversión de la firma España en Estado plurinacional, mediante la reconversión de Catalunya en otra nación en el edificio. Supongo que eso sólo molesta a los practicantes. Una pregunta, pese a todo ello, desde mi incultura nacionalista: ¿en qué afecta a un señor de murcia (se entiende, en qué afecta legalmente), que catalunya sea nación? Le ruego (señor Pep, señor Martínez o/y señores del blog)que me orienten

Anónimo dijo...

Hola:

Catalunya es España, ese es el hilo conductor del Estatut. Con la lógica de este Estatut, la única manera presentable de separarse es saliendo al balcón de la Gene y proclamando la República Española.

¿Puede existir una nación dentro de una nación de naciones? La respuesta más coherente a esta pregunta se encuentra en la construcción europea, y es sí.

El Estatut -quitando el concepto nación, que no afecta para nada-, por otra parte, sí afecta a un murciano, del mismo modo que sin el Estatut del 79 los avances federalistas del estado de las autonomías no se hubieran producido.

Saludos,

Pep

Anónimo dijo...

- Agente Matute, le aconsejo que consulte la bibliografía mínima imprescindible antes de emitir cualquier tipo de comentarios al respecto de si una nación lo es en tanto colectivo social que persigue la soberanía y, consecuentemente, en tanto tiene como objetivo su constitución como Estado.

- Pep, me asombra su respuesta. Entre la amalgama de sustantivos con que puede usted bautizar a la Unión Europea, le aseguro que no se encuentra "nación", ni nada que se le aproxime.

Agente Matute dijo...

Esto de remitirse a bibliografia mínima, que luego no se cita, es como muy de tertuliano leído. Hoy, por cierto, he consumido dos tertulias sobre el tema Estatut y me han dado escalofríos. Los tertulianos, muy leídos, como el autor del anterior comentario, no sólo no porcesesaban lo que oían. Tampoco parecían procesar, o haber leído, la bibliografía mínima del tema, que es, como su nombre indica, el texto del Estatut.

Bent Rotter dijo...

Yo -como la inmensa mayoría- tampoco me he leído el texto de l´estatut, pero estoy entre los que tienen la impresión de que se han perdido demasiado en los simbolos. El quid de la aprobación será, en todo caso, lo que el PSOE quiera ser de mayor. El gobierno de la Generalitat, que fue un balón de oxigeno cuando se encontraban en la oposición, les complica ahora el mensaje hacia el resto de España. Apuesto a que preferirían volver a una presidencia de CiU con la que pudieran mostar distancias y acercamientos que tener el enemigo en casa con el contrapoder del PSC, como les ocurre ahora. Para ello sólo tendrían que darle un buen repasito a l´estatut en Las Cortes que lo haga inaceptable en el parlament, elecciones en Cataluña, Arturet de Presidente y vuelta al entente de la época Gonzalez. Como deseo equivocarme!!

Echevarría, seguimos esperando el canon-cañon. Yo estoy por ponerme a leer a Gironella para hacer las comparaciones con Muñoz Molina, aunque me parece que empezaré antes con el estatut, que me da menos pereza.

Anónimo dijo...

Bent:

Vamos, que lo que el PSOE querría ahora es pasar la casilla ZP y volver a lo que -según entiendo- es la CT.

Anónimo dijo...

Agente Matute, entreténgase usted con una muy amena y efectiva herramienta, el análisis crítico del discurso. Le recomiendo encarecidamente a Van Dick i Wodak.

Ello le permitirá comenzar a relacionarse, de forma muy ligera, con conceptos clave que podrá asaltar poco más tarde con autores más pesados.

Por cierto, le avanzo una clave: no critique nada que no pueda inferirse de un texto. Queda usted como una colegiala.