lunes, octubre 24, 2005

PH (PROFUNDIDAD HORIZONTAL)

Aquí estoy, amigos. El profesor Echevarría ha necesitado cuatro días y una geisha para reponerse de la cena en Can Martínez. No es mucho, dada su edad provecta. Mucho menos si se considera el menú: quesos variados, garbanzos de la casa y, para terminar, estofado de rabo de toro de lidia. Les juro que no miento. Ni siquiera me ha dado por hacer una metáfora. ¿Se estará preparando Martínez para abrir un restaurante étnico en la Catalunya del II Estatut? De ser así, no dejen de pasarse por allí. Pero asegúrense de que están bien provistos de alkaselzer. Y de geishas.
Y ahora veamos qué tenemos por aquí. Hmmmm. En las filas del fondo parece que oigo murmullos y siseos, pero de momento haré como que no me entero. Antes prefiero quitarme de encima el turro que me viene dando Martínez cada vez que me ve —o que hablamos por teléfono— con eso de que nuestro intercambio en este blog debería crecer “más a lo alto que a lo ancho”. Haré como que entiendo lo que quiere decirme y le contestaré blandiendo un concepto acuñado por un buen amigo común, nuestro querido Constantino Bértolo.
(Entre paréntesis: aunque hablar bien de los amigotes es un típico rasgo CT, el caso es que Bértolo es uno de los ejemplares más genuinamente no-CT que conozco. Iba a decir el que más, pero ese puesto se lo disputa su propia mujer y amiga mía del alma Belén Gopegui. He aquí dos modelos a tener muy en cuenta cuando, como algunos, se quiere hacer inventario de bienes. Sin reclamar un estatuto marginal, pero sin hacer nunca el juego a la CT, antes combatiéndola en toda ocasión desde sus puestos respectivos, Bértolo y Gopegui nos van a servir en más de una ocasión para saber de qué estamos hablando. Cuando el “caso Echevarría” (a uno ya no le queda ni ese triste patrimonio en exclusiva: ahora hay un nuevo y mucho más candente “caso Echevarría”, que borra mi propia lápida), cuando el “caso Echevarría” I, decía, Bértolo escribió un artículo definitivo. “La muerte del crítico”, se titulaba (puede leerse completo en www.rebelion.org), y brindaba un agudo análisis de la raíz del problema que la CT tiene con la crítica, o al menos con cierta crítica. Fin del primer paréntesis.)
Y bien: para hablar del tipo de pensamiento y de sentimentalidad que articulan muchas novelas españolas, Constantino Bértolo ha empleado en alguna ocasión el concepto de “profundidad horizontal”. El concepto me parece pintiparado para referirse a la CT y al tipo de pensamiento y de sentimentalidad que ella representa y administra. Profundidad horizontal, Martínez (PH, como en los champús). Esa es la dimensión —uno sola, al precio de dos— en la que nos movemos cuando de la CT se trata. De modo que no me pidas que crezcamos a lo alto ni a lo bajo. Aquí solo podemos crecer a lo ancho. Y conste que esto va también para los de las filas del fondo.
El blog de Martínez lleva varios meses rondando el concepto de la CT. Y viene haciéndolo, quiérase o no, horizontalmente. La CT es un concepto líquido, algo que, si se pone encima de la mesa para hablar de ella, no hace otra cosa que extenderse y empaparlo todo. No es un concepto sólido, no se puede horadar ni se puede tampoco escalar. No se puede tampoco tallar. Todo lo más, puede zambullirse uno en él y nadar de un lado para otro. Se puede también bucear, pero nunca más arriba de la superficie. Así que no hay altura que valga, ¿entendido?
Viene esto a cuento de la poética que implícitamente rige el intercambio que Martínez y yo vamos teniendo en este blog. Aquí estamos para navegar alegremente por el concepto de la CT, como dos delfines. O como dos barcos patrulleros. Sobrevolar el concepto de nada nos serviría: del mar no se levantan mapas. Todo lo más, se levantan mapas de lo que no es el mar, y el mar es eso que queda en medio y que todo lo envuelve. Del mar, por otro lado, podemos sacar peces (¿nombres?) y decir cosas de él que nos ayuden a comprenderlo.
Lo diré de otra forma. A Martínez, por ejemplo, yo muchas veces no lo entiendo. Me gusta lo que dice pero no estoy seguro de entenderlo. Ni siquiera estoy seguro de que él lo entienda. De lo que sí estoy seguro es de que, en la tarea de él decir lo que dice y de yo tratar de entenderlo, entiendo muchas cosas. Y que de eso se trata, al menos en lo que respecta al santo y seña de este blog de Martínez: la CT.
Propongo que, de momento al menos, nos conformemos con eso. Propongo que nos planteemos navegar por el concepto en lugar de escalarlo. Me temo que no nos queda más remedio, por otro lado. Entretanto, y con el botín obtenido en cada incursión, quizá podamos ir conformando algo así como una Breve Enciclopedia Ilustrada de la CT, y amontonar sobre ella observaciones a las que, llegado el momento, sacar punta.
Si estuvieran ustedes un poco más atentos y tomaran apuntes, bastaría que los repasaran para saber a qué me estoy refiriendo, pues para esto el blog Martínez es una mina. Me refiero a cosas como éstas, por ejemplo: que la CT es “una cultura de Estado”; que “la CT no sirve para leer la realidad, sino para creer en ella”; que “la CT es una cultura sin crítica”. Martínez no para de decir cosas como éstas, y aquí todo el mundo se queda tan pancho. En lo que sigue, me propongo dar una vuelta a algunas de estas cosas, las que me tocan más particularmente. Entretanto, esta semana les voy a poner deberes a todos. Ustedes, los de las filas de delante: vayan preparando un vocabulario de palabras-fetiche de la CT (tipo ‘diálogo’, ‘consenso’, ‘seducción’, ‘fiesta’: deberán documentarse todas con declaraciones sacadas de los diarios). Y ustedes, los listillos, los de allá al fondo: a ustedes les corresponde ir preparando una lista de estrellas de la CT (nombres propios, ya saben, con testimonios incluidos). Con una cosa y la otra, iremos desbrozando el camino.
A trabajar, ale. Se acabó lo de seguir haciendo el vago. Esto no ha hecho más que empezar.
En cuanto a mí... Joder, Martínez, tu última pregunta es una putada. El concepto “cultura de masas” me parece que no tiene mucho que hacer aquí, por las razones que te explicaré. Yo prefiero el de cultura de mercado. Pero ya es tarde, y me he pasado de extensión, así que sobre esto último volveré mañana. O pasado mañana.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:

Hits CT: El abuso del determinante indefinido.

Ejemplo: los artículos de Juaristi, Martínez Gorriarán y Savater contra Juan Aranzadi después de los atentados de Madrid.

Hit no-CT: el artículo "Ya basta de "¡Basta Ya!"", del propio Aranzadi.

Un cordial saludo,


Pep.

Anónimo dijo...

¿Para qué querran las brujas un manual de caza de inquisidores?

Anónimo dijo...

Oh, no, una pedorra.

Anónimo dijo...

¿Cómo lo sabes?

Bent Rotter dijo...

Como Martinez sigue haciendo novillos y acumulando cenas a pagar me apunto a la sugerente propuesta "Cuentenos su momento CT favorito".

El mío es el de Baltasar Garzón pidiendo la detención de Pinochet en Londres para procesarlo por las atrocidades cometidas durante la dictadura chilena, y el orgullo patrio con que se recibio esa lección de derechos humanitarios y democracia que España brindaba al mundo.

Ciertamente magnifico, pero paradojico viniendo de un país que ha pasado por una dictadura igualmente cruel y mucho más larga y no ha sido capaz de procesar absolutamente a ninguno de los responsables de los desmanes internos.

Alba dijo...

Aprovecho la intervención de Echevarría: creo que, por fin, se empieza a echar un poco de luz sobre el asunto. Y es que hay concepto y otras cosas, que no lo son. Y habiendo seguido atentamente vuestra discusión, creo que puedo decir que la "CT" no es un concepto: no se lo puede definir como si lo fuera, pues. Ni sirve para las cosas para las que sirven los conceptos. Ahora bien, ¿qué es la "CT" y para qué sirve hablar de ella? ¿Es un invento de Martínez para hablar de lo que a él le da la gana, y del modo que le da la gana? Es probable. Habría que preguntarse la utilidad del blog de Martínez para alguien que no sea él mismo, entonces.
Yo creo que ese "no-concepto profundizable horizontalmente" que habéis ido perfilando podría servir si se va constituyendo como un mar en el que efectivamente puede pescarse algo, además de un mar sobre el que decir frases que puedan "gustarnos". Por eso considero útil esta última intervención de Echevarría: peces puede haber si se dan nombres y se describen "casos"; peces puede haber si se saca punta a algunas frases que son consideradas CT, para ver que dice la CT de sí misma; peces puede haber si la CT puede compararse con algo: cuando se dice que algo es CT o no lo es, ayudaría que se explicitara el criterio que las distingue. Entiendo que, por no ser un concepto, agrupe fenómenos diversos que mantienen entre sí un cierto "aire de familia", pero temo que si ese aire no se vuelve un poco más explícito, la "CT" podría convertirse en otro de esos terminoides que sirven sólo casi privadamente a cualquiera para afianzar poco más que sus propias afinidades.