martes, octubre 18, 2005

PLANETA IMAGINARIO

Echevarría, en tu última entrega –antimaragallista, es decir, orientada a dar explicaciones a tus votantes-, te saltaste una casilla, por lo que me debes una respuesta a mi anterior texto y, ya puestos, al que ahora te endoso. Me debes, en fin y también, otra cosa que, como sabemos que te va a doler, prefiero que te lo diga tu primera novia: “Echevarría, le debes una cena a Martínez. Y a mí todas las pensiones acumuladas desde cuando Boney-M”. Bueno, ahí va mi entrega de hoy, que va y alude a lo del Planeta. No se vayan, amiguitos.

-EL PLANETA COMO VERTEBRADOR DE LA COSA. El Planeta es un premio determinante por aquí abajo. Cosas determinadas por el Planeta: a) inventó un lector donde no lo había –en España, vamos-, b) inventó un acceso internacional al best seller donde no lo había –Gironella, el señor / patrón de recursos literarios instalado por aquí abajo, como señalas, nace en el Planeta-, c) inventó, o selló, la primera renovación literaria en los 70’s -Planeta y sus premios a MVM o Marsé posibilitaron la incorporación de un público ganso a MVM y Marsé; en ese sentido, aquí va la frase de MVM evaluando su Planeta: “si no hubiera ganado el Planeta, me hubiera tenido que ir a Brasil”, esa tierra de oportunidades-. Otra contribución del Planeta ha sido la CT, una forma de fabricar y emitir literatura, de la que el Premio ha sido experimentador puntero.

-PLANETA Y CT. Factores, y en ocasiones, contribuciones del Planeta a la CT. Humm. Vamos allá. El Planeta sabe tratar al periodista hispano, ese pollo que cuando yo era peque iba vestido de vendedor de güisqui en el far-west. Ahora va vestido de fallera fina. El periodista es, en fin -cito de memoria una buena definición aparecida en una biografía de Espada sobre Samaranch-, “alguién fácil de corromper, pues está acostumbrado al nivel de vida de sus entrevistados, y puede creer que es el suyo”. Y aquí es preciso señalar que la corrupción periodística no es, pongamos, Urdaci –aquello era ya una de las bellas artes-, es algo tan sencillo y cotidiano como mirar para otro lado, saltarse una línea, no ser problemático. O, incluso, ser bien educado y agradecido. El periodista, en ese sentido, es tratado como un pachá por Planeta. Al medio día, comilona y regalo –generalmente un regalo electrónico chachi-. En lo que es una metáfora, sorprende ver a gente tan bien vestida luchando por su regalo en la cola de los regalos. Los periodistas invitados –a comilona, cenorrio, regalazo y hotelazo-, vienen de toda España. EL acierto es no sólo confiar en los grandes diarios, sino en todos los pequeños, de provincias, que sacarán artículo al otro día. Un artículo, por otra parte agradecido. Lara padre –me caía bien aquel legionario; era como, salvando las muchas distancias, Gil o Lucky Luciano, no engañaba a nadie-, en lo que era un derroche de genialidad, aprovechaba el día del premio para, por el mismo precio –alto-, menospreciar a la prensa –iniciaba la rueda de prensa al grito de “y ahora hablen ustedes, que siempre están más callados que una puta en semana santa”-. En todo caso, la cosa funciona. Cuando, hace unos años, empezaron las críticas en petit comité a la cosa, el Planeta premió a periodistas. Con lo que –por corporativismo, por orden de la empresa del periodista planetizado, por corte, por buenos sentimientos o por malos sentimientos-, las críticas incipientes desaparecieron de la prensa. Otro aspecto CT es el público. AL Planeta asisten chorrocientos invitados –difíciles de ubicar en la sociedad; para mi que los sacan de una granja que tiene Planeta-, y en lo que es un fenómeno único en el Primer Mundo, representantes del Estado, subdivisión Generalitat –frase histórica de Lara padre que ilustra el poderío de una empresa que aún garantiza que BCN aún sea la capital mundial del castellano: “que no se me ponga tonto Pujol con el catalán, que le llamo y le digo que me llevo Planeta a Madrid”-, subdivisión Estado –siempre cae algún ministro, como poco; algo normal en la CT, lectura de la cultura de Estado; o al menos no–anti-Estado-, y subdivisión casa real –nota: el seguimiento informativo más punki del premio de este año lo vi, en lo que es una metáfora, en el Aquí hay tomate; tras entregar el premio, nadie aplaudió hasta que una de las dos infantas disponibles en el mercado empezó a aplaudir-. La aportación más importante del Planeta a la CT es, si exceptuamos la invención de un lector que no lee, la invención de la literatura y del autor virtual. Coger un pollo mediático, hacerlo más mediático tras el Premio, endosarle una novela prescindible -¿cual fue el último planeta de cierta calidad? ¿En los 70’s?- y vender chorrocientos ejemplares. Desde el Planeta a Gala y a Dragó, ocasión en la que –creo recordar, corrígeme-, por primera vez no hubieron críticas de circunstancias, sino abiertamente negativas –la tuya abrió la veda, supongo-, el Planeta ha descubierto que puede vivir sin crítica. Como toda la literatura CT/staff. También ha descubierto que puede vivir sin jurado. Volviendo a lo de la ausencia de crítica, corrígeme, pero mi sensación es que la crítica –positiva- sólo es necesaria cuando se intenta vender una novela a otra lengua.

-UN PREMIO QUE FUNCIONA SIN CRÍTICA. NI JURADO. Metáfora sobre el jurado del Planeta. Una amigote periodista se coló por error en la sala de deliberaciones en los tiempos de Lara padre. Los encontró viendo un partido del Espanyol. EL equipo de Lara padre y de 4 gatos más. El jurado este año estaba compuesto por Alberto Blecua –filólogo, un crack del siglo de oro, hijo de su padre, a su vez, hijo de su tiempo, la cultura republicana, por la que fue represaliado; Blecua fue mi profe; siempre que me lo encuentro, como a todos sus alumnos, me da dos besos; siempre que he necesitado algo, le he llamado y él me ha brindado su magisterio-, Pere Gimferrer –otro crack y uno de los pocos autores que sobrevivirán a la CT; sus poemas me volvieron majara en la adolescencia, sus Dietaris son fundamentales, su L’agent probocador es una obra absolutamente original en la cultura española-, Carmen Posadas, Antonio Prieto, Carlos Pujol, Rosa Regàs –autores planetizados o con relación comercial con Planeta- y Manuel Lombardero –el portavoz, supongo que el último eslabón de la cadena de mando-. Y Marsé –un crack al que, como lector, le debo una copa-. ¿Por qué algunos cracks se prestan a todo este juego? Pues por libre albedrío, por pasta, por promoción social, porque si no lo hicieran ellos lo harían otros. Ni idea. En todo caso, hasta ahora, no era un oficio sometido a sospecha. En el gran público, quiero decir. Te puedo decir que, cuando tras la concesión del premio, hablabas con alguno de los jurados que he calificado como cracks, todos miraban al vacío e intentaban salir rápido de la conversación. Salvo Gimferrer que, por lo que sea, parece tener una poética clara de lo que es su obra y de lo que es la cultura española. Este año, Marsé ha rajado. No mucho. En una cena o, incluso, en la cena del Planeta, se raja más. Pero ha rajado. Lo cual es meritorio. De entre todos los factores CT presentes en Planeta –la prensa, el Estado, el público, los lectores-, el único que ha traicionado la convención del Planeta –concurso del que se sabe el ganador mucho antes; mi record es el de Carmen Posadas, conocido con un año de anterioridad-, ha sido un profesional muy implicado en la estructura del premio. Una paradoja que me recuerda a Torre Vieja. Y, extrapolando, a la política catalana, ese biotopo en el que los políticos –lo más implicados en la estructura- son los menos CT del cotarro. Algo está pasando en la CT, en fin. Como sucede con los políticos no-CT, la prensa no ha hecho mucho pitote con el caso de la cosa. Lo ha descrito brevemente. Y ha seguido dando al planeta en tratamiento CT / convencional de cada año. EN otra cultura, la cosa hubiera acabado en sangre. En Francia, por ejemplo, hubo una crisis gubernamental porque las trufas negras se habían adulterado con champiñones. Imagínate si en el GOncourt, ese premio con otra coreografía, otros valores, otra poética de la cultura, se hubiera detectado champiñón donde debería haber trufa.

Mañana, si viene a cuento, te hablaré del carácter CT de los premiados. A ver si los extrapolamos por un tubo. No te duermas. Tic-tac.

13 comentarios:

bloguero dijo...

Hablando de A. Espada, le he visto hoy en el programa de la Campos y chupa menos plano que la Cebrián ayer aquí, hecho que confirma mi hipótesis sobre el tertulianismo.

Agente Matute dijo...

¿Qué hipótesis, porfa?

Anónimo dijo...

A.Espada últimamente necesita tanta complicidad sentimental (o ideológica, o facha, lo que quieran) para ser comprendido, que eso lo está conduciendo al tertulianismo. Al tiempo.

bloguero dijo...

Esa hipótesis que dice que el tertuliano es incompatible con el no-tertuliano. O hablas una cosa o la obra. Ante la imposibilidad del bilingüismo, sólo te quedan las risitas.

Anónimo dijo...

Hola:

A mí me encantó la sutilildad con que el Planetario Avui trató ayer, en su tercera y en el apartado en el que enjuician a personajes de la actualidad con "+", "-" o "este ordenata no tiene la tecla del igual" a Marsé:

"Los premios literarios son un subgénero de la literatura, y el que no lo sepa que no se apunte".

Un cordial saludo,

Pep.

marquinho dijo...

Planeta, información embargada. Cual saldrá mejor en la foto de la contraportada? Cual va a dar más juego en las 10.001 entrevistas de promoción posteriores? Cual va a firmar con más celeridad por Sant Jordi? Cual tiene más gancho mediático? Cual nos va a deber un favor? Que nombre suena cojonudamente comercial?
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On és el gato Pérez?
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CT es Cosa de Tontos? Cosa de Tarados? Cien Tarugos? Corporativismo Total? Casi Todos [menos tu]?
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Dos licenciaturas solo sirven para hacer 6 encuestas al dia en un periódico del cual mejor no hablar?

Igual la CT es eso. Sentarse y no levantarse, lo que algunos llaman la ley de hierro de la oligarquia.
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No molesto más. Sigo atento al debate.
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Nuestro Echevarría es pariente del cuñadissimo de Laporta? Martínez, saquele un poco de punta a lo del otro Echevarría, que tiene guasa tomasa, y seguro que habrá pensado algo sobre el asunto.

Anónimo dijo...

Muy buena, esta; efectivamente, si uno no se detiene a considerar y apreciar lo que hace otra gente, corre el riesgo de reducir su definición de "cultura de la transición" a "Casi totdos (menos tú)", o sea, menos uno mismo. Es por esto que me parece interesante el tratamiento de este concepto que da Teresa Vilarós en "El mono del desencanto"; aunque no esté del todo de acuerdo con su plantamiento, creo que acierta al tratar de definir la cultura de la transición como un fenómeno que sólo se entiende por medio de referencias cruzadas entre diferentes manifestaciones culturales (cine, cómics, novela, publicidad, artes plásticas y demás), y no sólo hablando de "novelas célebres y su recepción en El País", que es un sector muy secundario de la cultura de la transición -las novelas, digo, no El País.

bloguero dijo...

El tertuliano es un código raro porque rompe en mil pedazos el proceso de la comunicación (emisor, receptor, mensaje, feed-back...). Para empezar, el tertuliano sólo sirve para transmitir un mensaje único: "yo estoy aquí, yo estoy aquí, yo estoy aquí y aquí pienso seguir estando, así que os jodéis". Para continuar, la emisión del mensaje tertuliano es unilateral: la codificación no se ve afectada más que en apariencia por la reacción verbal o no-verbal del interlocutor. O sea, no hay descodificación. Puede observarse este fenómeno en la habilidad desarrollada por los usuarios del código en copar el espacio comunicativo en todo momento y lugar gracias al desarrollo de estrategias discursivas que van desde el clásico: “En efecto, en este sentido yo quiero decir que….” y aprovechar para soltar algo que no tiene nada que ver con lo dicho, por lo general un mensaje que lleva incorporada alguna palabra fetiche (nombre de famoso, complicidad, microargot…) . En realidad, este aparente sinsentido del tertuliano como código de comunicación tiene una explicación tan simple como el propio código: el objetivo del tertuliano es tan sólo codificar (emitir), no descodificar (escuchar, reformular, interpretar). El resultado es de una simplicidad y efectividad sólo comparable a la del lenguaje de los faros.

Agente Matute dijo...

A Anónimo:

La CT, de hecho, es una referencia cruzada entre diferentes manifestaciones culturales (cine, cómics, novela, publicidad, artes plásticas y demás).

A Bloggero:

La tertulia es un género raro, el único en el que una Rahola podría humillar a un Ferlosio.

bloguero dijo...

A Matute: Yo no he hablado de la tertulia como género, sinó del tertuliano como código aplicable a todos los géneros.

Anónimo dijo...

¿Qúé quiere decir, bloquero, que arcadi es / no-es tertulianista, que este blog es / no es tertulianista? Mi comprender su concepto de tertulia. Mi no compreder cómo lo aplica o dónde lo quiere aplicar.

bloguero dijo...

Mi opinión es que a Arcadi se le ve torpón con el tertuliano: por ejemplo, antes de hablar, está demasiado acostumbrado a que los demás guarden silencio y le escuchen (suele pasar con los profes). En cambio, este la parte baja del bloc cada dia es más ducha en el tertuliano: sus participantes, además de no leer nada, no recuerdan lo que escribieron ayer y ni siquiera tienen nombre. Autistas todos, olvidadme. Adiós, submundo cruel.

bloguero dijo...

Pero bueno, ¿es que nadie va a convencerme de lo contrario? Lo contrario: de que me quede, de que este bloc no es tertuliano y de que Arcadi domina perfectamente el tertuliano.